Las intrigas se mantienen esta semana en Bellísima, y ahora más intensas que nunca. Julia regresa al frente de la empresa junto con Bia, pero aún desconfía de la lealtad que su abuela le profesa, lo que mantiene el ambiente en una tensión constante, todos sospechan de todos. El cobarde de André, en un arranque de desesperación, decide salirse del complot contra Julia y quiere confesárselo todo. Ella, como es de esperarse, no cree en las buenas intenciones de André y ni siquiera lo deja hablar.
Sin embargo, André parece haber cambiado de bando al unirse a Julia en su lucha contra la demolición de las casas del barrio de Murat, para construir la nueva sede de Bellísima, algo por lo que Bia siempre ha luchado.
Intrigada por esto, Julia decide reunirse con él en un restaurante, quiere saber qué era lo que él quería decirle cuando no quiso escucharlo, pero André se niega y la deja en ascuas. En lugar de decirle, insiste en recordarle el pasado y Julia se hace como la que no quiere nada, pero creo que en el fondo todavía ama al seductor malvado; sólo el tiempo dirá hacia dónde va ese coqueteo por parte de este galán.
Mónica, por su parte, finalmente está segura de que Alberto le tendió una trampa para impedir que ella se casara con Cemil. Ingenua, ella apenas está sospechando que la amistad que se dio a partir del accidente automovilístico ya estaba planeada desde mucho antes por su hermano y su padre para usar a Cemil, algo que estaba claro desde un principio. Mientras tanto, Kikí compra un carro e intenta huir de la ciudad, pero ya es demasiado tarde, pues la Policía lo busca por todas las carreteras. De hecho, lo encuentran y lo llevan a la comisaría, donde Bía da declaraciones acerca de la denuncia que hizo contra Victoria.
Lo más interesante de todo es que Gilberto, el nuevo Delegado de la Policía, queda anonadado al conocer a Victoria y se inicia un romance, luego de un breve coqueteo. Qué hará Pascual al respecto es lo que queda en duda, pues él miró a la pareja besarse y se siente bastante dolido al respecto.
Por otro lado, Bía hace de las suyas y se encuentra con Murat, lo amenaza con desalojar a toda su familia y derribar su casa. De paso, le confiesa que le tuvo un hijo. Veremos qué es lo que hace él al respecto para encontrar a su hijo perdido.
Ahora que Kikí está en la cárcel, uno de los reos, un joven robusto y muy apuesto, se acerca a él una noche e intenta ahorcarlo… ¿Lo habrá conseguido?