- Tras la devastación que dejó el Huracán Félix en Nicaragua, surge una pregunta: ¿Fue esto una pasada de cuentas que nos hizo la naturaleza? Jaime Íncer, biólogo desde hace más de cuatro décadas, sentencia que si seguimos depredando los recursos naturales del país, nos quedarán dos opciones: “Seguimos pobres para siempre o desaparecemos como nación”
Hace setenta años el Atlántico Norte de Nicaragua no recibía a un “huésped maldito” como el huracán Félix. El destacado biólogo y promotor del aprovechamiento sostenible de los recursos naturales, Jaime Íncer Barquero, dice que la clave para salir del problema que la misma humanidad ha causado, está en “conservar y saber producir”.
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El planeta se calienta, los efectos ya se empiezan a sentir y los países pobres como Nicaragua son los más afectados.
Íncer confirma que perdemos cien mil hectáreas de bosque cada año y que en los últimos treinta años hemos perdido casi el treinta por ciento de la cobertura forestal original. “Y la seguimos perdiendo porque hay una colonización agrícola, desordenada, desorientada, desestimulada. Hay toda una explotación maderera que tiene todas las ilegalidades posibles, andan con permisos por todos lados, hay toda una corrupción del sistema, así no podemos ganar esta guerra contra la pobreza”, agrega.
Jaime Íncer fue ministro del Ambiente durante el gobierno de Violeta Barrios, y entre los tantos reconocimientos que ha recibido por su labor ecologista, mencionaremos el National Geographic-Buffet Award for Leadership in Latin American Conservation, que recibió el 6 de diciembre pasado en Washington, superando a 60 candidatos en la región latinoamericana.
“Cuando se tiene esa vocación de divulgar lo que uno aprende, los efectos son mejores.
Yo creo que ahora hay mayor nivel de conciencia, lo que ha fallado son los niveles de decisión, actuación, compromiso y responsabilidad, pero de que la gente está más conciente que hace 20 ó 30 años, es obvio, pero desafortunadamente esa gran conciencia ambiental que se ha formado en estos años, no ha sido correspondida”, comenta Íncer.
Y mientras la “cola de Félix” agita la lluvia en la capital, el profesor, como prefiere que le llamen, finaliza sus comentarios con lo que debería ser una orden: ¡Hay que pasar de la protesta a la acción!
Félix es el segundo huracán de esta temporada, luego del Dean, ambos de categoría cinco. ¿Es esto una pasada de cuentas de la naturaleza por el actuar de la humanidad?
No, no lo podríamos decir. Huracanes siempre ha habido, lo que llama la atención es que por lo menos este año están apareciendo con bastante frecuencia, con bastante intensidad y con latitudes bajas, porque los huracanes que normalmente entran al Caribe, entran un poco más al norte, casi pegados a las islas de las Antillas, Puerto Rico, República Dominicana, Haití, Cuba y luego tuercen hacia el norte, algunos se introducen en el Golfo de México, otros se dirigen a la Florida. Pero estos dos primeros de la temporada (Dean y Félix) se han venido muy al sur y este último (Félix) entró en la latitud de Puerto Cabezas, donde no había entrado ningún huracán en los últimos setenta años. Hubo uno que entró a Puerto Cabezas en 1971, pero este tenía mucho tiempo de no pasar por acá. Entre los efectos anunciados de los cambios climáticos está la frecuencia de los huracanes y en este y los demás años vamos a esperar más huracanes de magnitud cinco, la mayor magnitud. Eso es parte de las manifestaciones de que ya empezamos a sufrir los cambios climáticos.
Alrededor del mundo los movimientos ambientalistas han organizado muchas protestas, el grupo de los ocho países más poderosos ha sido criticado, pero ¿cuál es la verdadera salida?
En la medida en que se evidencia que los cambios climáticos existen y se están produciendo a mayor velocidad de lo esperado o con mayor intensidad de lo calculado, en esa medida los gobiernos renuentes a aceptar esta teoría van a tener que enmendar sus políticas en relación a esto y firmar el protocolo de Kyoto a fin de garantizar una reducción del dióxido de carbono a través de sus industrias y limitar el consumo de los derivados del petróleo. Incluso, actividades que parecen totalmente inocentes como la fermentación de la boñiga del ganado, produce grandes cantidades de dióxido de carbono; la quema de los potreros, hablando de cosas que ocurren en Nicaragua, inyecta dióxido de carbono a la atmósfera, así que no solamente los países industrializados y sus grandes chimeneas están contaminando la atmósfera sino las mismas actividades rurales en países como el nuestro, donde continuamente hay un mal manejo de la ganadería y la agricultura.
¿Qué zonas ahora no son aptas para la actividad agrícola en Nicaragua?
Bueno, hay que limitar la expansión de la ganadería en las zonas húmedas. No es posible que se den créditos para desarrollar ganadería en el departamento de Zelaya (Regiones Autónomas del Atlántico Norte y Sur), donde la vocación de los suelos y el clima es únicamente favorable para el desarrollo forestal. Hay que organizar la producción para no seguir deforestando las cuencas, los ríos, las laderas de los cerros, las cumbres, no seguir cultivando en pendientes y laderas que son fácilmente atacables por la erosión. Son una cantidad de actividades que los ministerios respectivos deberían estar implementando en lugar de seguir fomentando el modelo agroexportador anticuado y tradicionalista con el cual las ganancias están encima de la seguridad nacional en términos de seguir afectando el ambiente sin ningún remordimiento. De tal manera que hay que ver a la ecología como una aliada de la economía y no como una enemiga. La mejor producción económica está basada en el mejor manejo del territorio. Hay una frase que resume eso: debemos aprender a conservar para producir y también saber producir para conservar, pero aquí se ha seguido un modelo de exterminio de los recursos naturales que en cierto modo es un suicidio, una especie de harakiri ecológico.
El crecimiento urbanístico también ha aportado al deterioro.
De alguna manera no está regulado. Para todo hay que zonificar ahora y hay que hacerlo con relación a las áreas que tienen cierto grado de vulnerabilidad. Debería haber una buena oficina de planificación, de orientación, divulgación y una buena oficina de acreditación y estímulos para los que hacen las cosas correctamente y castigo y penalización para los que andan haciendo las cosas por otro lado.
¿Qué figura ha jugado la institución oficial, el Marena (Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales) en cuanto a la preservación?
Bueno, el problema es que el Ministerio del Ambiente puede normar y regular, pero los mecanismos del desarrollo no están controlados por el Ministerio del Ambiente, están controlados por el Ministerio de Economía, por ejemplo, y por el Ministerio de Agricultura en el otro orden. Entonces, mientras estos ministerios estén a la zaga de esos asuntos, de nada sirven las normas y las leyes de carácter ecológico cuando son obviadas y desobedecidas.
Visto de otro punto más pragmático, Nicaragua está perdiendo potencial energético, los ríos se están secando, su potencialidad y desarrollo hidroeléctrico es afectado sin darse cuenta de que los beneficios que podrían traer son mayores. ¿Por qué no tenemos luz eléctrica, por qué no desarrollamos la hidroelectricidad, la geotermia o la generación por medio del sol? ¡Porque estamos tecnológicamente tan atrasados! ¡Seguimos quemando leña a costa de nuestros bosques! Todas esas son formas cavernarias y primitivas que nos están atrasando. Necesitamos gente con visión que impulse nuevas políticas, que enderecen el curso torcido que hemos seguido en nuestra economía.
Bueno y ¿dónde queda la población?
Obviamente dentro de eso hay un componente. El Estado no lo puede hacer todo si no es con la participación de la población. Y mientras la población de Nicaragua no esté educada, seguirá ensuciando, contaminando, destruyendo y siempre poniendo de pretexto la pobreza. Pero lo que pasa es que la destrucción del medio ambiente genera más pobreza y se produce un círculo vicioso. A mayor destrucción mayor pobreza. Todo lo que se está permitiendo se permite porque la gente necesita vivir de algo, pero la comida de hoy es la muerte de mañana.
Ahora se ha puesto de moda el turismo ecológico, ¿es esa una salida?
Todavía tenemos áreas donde el turismo ecológico puede tener opciones. En Costa Rica es una fuente de ingresos tremenda porque los ticos han sabido vender su territorio como un paraíso terrenal. Nosotros, por el contrario, hemos ensuciado, cortado, quemado, contaminado y no se puede desarrollar ningún atractivo de carácter ecológico cuando nuestras carreteras están llenas de basura, los lagos sucios, nuestros ríos llevan contaminante, los bosques están despalados. Es muy difícil. Nicaragua sigue teniendo potenciales, pero para que esos potenciales den resultado, necesitamos un cambio de actitudes en el manejo del territorio, un ordenamiento del territorio, promoción de las actividades que sean sostenibles, una zonificación de las áreas vulnerables, una distinción de los territorios que deben dedicarse a la agricultura, la ganadería o el bosque. Por ejemplo, la Costa Atlántica no es apta ni para la agricultura ni para la ganadería, es apta para el bosque. Ahí tradicionalmente durante siglos y siglos se ha desarrollado el bosque y la fertilidad del suelo depende del mismo bosque que con sus hojas y cáscaras regresa los nutrientes al suelo y los recicla. Cuando cortamos el bosque ese reciclamiento termina y las lluvias torrenciales que hay en esa zona eliminan cualquier capa de residuos orgánicos que hayan podido quedar. Fue un error tremendo promover la ganadería más allá de Chontales y Matagalpa o meter la ganadería en Río San Juan y mucho menos llevarla casi a los límites de la Costa propiamente dicha cuando ahí el recurso forestal era lo mejor. Económicamente una manzana de caoba bien manejada vale más que un cuarto de vaca que es lo que ocupa una manzana en la Costa Atlántica. Son economías totalmente equivocadas, hay que revertir esa situación.
Muchos se llenan la boca diciendo que tenemos muchos recursos naturales.
No, no es cierto. Tenemos potenciales, pero recursos ya no tenemos. Y digo potenciales porque podemos recuperar eso si hacemos buenas prácticas, pero los recursos se están agotando. Los lagos, los ríos, la fauna se está exterminando, los bosques se están destruyendo. Entonces, no hablemos de grandes recursos, eso es una fantasía, una buena mentira. Sí tenemos potenciales para restituirlos, sí, pero eso necesita un gran golpe de timón, se necesita una nueva visión de cómo fomentar el desarrollo, una mayor actividad de parte de las agencias del Estado de promover el tipo de desarrollo sostenible y se necesita, por otro lado, educar a la población acerca de las bondades de manejar adecuadamente el medio ambiente y acerca de la tragedia de seguirlo destruyendo.
¿Qué otras cosas habría que cambiar en la economía del país para estar en armonía con la naturaleza?
Por ejemplo, tendríamos que restituir la capacidad de nuestras aguas en los acuíferos. Aquí hay suelos agrícolas que permanecen ociosos durante el verano, suelos que no se usan. No hay capacidad de riego y a veces no es solamente porque no haya energía para bombear agua subterránea sino también porque el agua no está tan superficial, porque todo el territorio se ha ido secando. Por ejemplo, la fertilidad del Valle de Sébaco depende mucho de la confluencia de los ríos Viejo y Grande de Matagalpa, pero la explotación del valle de Sébaco para regar todos los arrozales, la utilización de las aguas del río Viejo para poner en funciones la presa Carlos Fonseca Amador y ahora la extracción de agua del valle de Sébaco para darle agua a Matagalpa, entonces todo eso va a terminar agotando ese recurso.
Nuestra política ha sido agotar los recursos con la creencia falsa de que se van a regenerar, pero la naturaleza de Nicaragua agotó esa posibilidad. Lo mismo la posibilidad de aprovechar las aguas del Lago de Nicaragua como fuente de agua potable para calmar la sed a millones de nicaragüenses que seremos dentro de 20, 30 ó 50 años, está totalmente desestimada y todos los días el Lago de Nicaragua se está contaminando.
¿El salvamento del Lago ya es imposible?
Del Lago de Nicaragua sí es posible.
¿Y el de Managua?
El de Managua ha tenido casi ochenta años de contaminación, es un lago cerrado que aunque se limpie de todos los desechos orgánicos y bacteriológicos seguirá siendo lodoso en la medida en que se deforesten las Sierras de Managua por todo el lodo que baja por las cañadas de las Sierra y además, toda la basura de Managua va parar al Lago. El Basurero de Managua está junto al Lago, los cauces donde echan la basura dan al Lago de manera que yo supondría que el Lago de Managua es el basurero subacuático más grande de Centroamérica. El Lago de Nicaragua va en ese proceso, es más grande, pero ya desde ahora hay que tomar medidas remediales en cuanto a lo que ciudades como Granada, San Jorge, Ometepe, San Carlos o lo que viene a través de los ríos y se vierte en el Lago. Los ríos aportan contaminación al Lago, el Lago no se contamina a sí mismo. Yo creo que la gran vocación del Lago es calmar la sed a los millones de nicaragüenses que están por nacer. Pero ya para entonces no va a haber agua, no van a haber ríos, los pozos se habrán secado, las aguas subterráneas se habrán profundizado.
No quiero sonar fatalista, pero ¿cuánto tiempo cree que nos hace falta para llegar a ese caos?
Ese caos no se produce así, va poco a poco. Se está produciendo ahorita, mañana, pasado mañana, se está incrementando en la medida en que notemos menos acciones. Cuanto más temprano comencemos a mitigar ese problema, mejor, porque después, los costos de mitigar una contaminación seria van a ser muy altos y sobre todo en países pobres como Nicaragua. Creo que estamos todavía a tiempo, pero se necesitan medidas rigurosas, cambios en la visión de desarrollo, capacidades en las alcaldías, los productores y la gente que vive en las zonas aledañas al Lago. Y mientras no haya un estímulo para hacer eso, mientras no haya capacidad, entendimiento, inteligencia y educación a la población sobre los efectos que provocan con sus actividades, en esa medida vamos a ir perdiendo ese recurso y nunca vamos a tener el suficiente dinero para recuperarlo, somos un país condenado a una eterna pobreza.