- Ingeniero y sacerdote maya es uno de los favoritos, aunque no de empresarios
[/doap_box]
GUATEMALA/ AFP y AP
Ingeniero industrial reconvertido a la política con corazón social, Álvaro Colom, uno de los tres sacerdotes mayas ladinos en Guatemala, ha logrado crear la mayor formación política, pero se le critica su falta de carisma para gobernar un país que necesita determinación para acabar con el crimen organizado y la impunidad.
Conocido como “gavilán”, su “yahual” maya, equivalente al signo del zodiaco occidental, Colom, de 56 años, estudió ingeniería industrial porque quería trabajar con la gente.
“Yo buscaba una ingeniería que tuviera relación con el ser humano, y la única que encontré fue la industrial, porque tiene que ver con la administración humana, por eso me decidí a cursarla”, aseguró.
Este empresario de la industria de maquila de ropa, ex funcionario de dos gobiernos y fundador del partido Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), está empatado con su contrincante, el general retirado Otto Pérez Molina, del Partido Patriota. Cada uno tiene un 30 por ciento de la intención de voto, según la mayoría de los sondeos. Hace cuatro meses los porcentajes eran 42 por ciento para Colom y 25 por ciento para Pérez.
Sin embargo, un sondeo del diario Siglo XXI publicado el viernes, le daba a él 7.9 por ciento de ventaja sobre Pérez, aunque éste superaría ligeramente a Colom en la segunda ronda.
Las encuestas más recientes indican que el candidato del Partido Patriota saldría victorioso en una segunda vuelta prevista para el 4 de noviembre, ya que es casi seguro que el domingo ninguno de los dos obtendrá el necesario 50 por ciento más uno de los votos.
Colom se interesó en política partidaria en 1999 y en ese año aceptó ser candidato presidencial del grupo de organizaciones políticas de izquierda liderado por la ex guerrillera Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG). En esa oportunidad quedó en tercer lugar con apenas el 12.7 por ciento.
Un año más tarde fundó la UNE. Ahora cuenta con unos 200,000 correligionarios y es el partido con más seguidores inscritos en la historia de Guatemala, según Colom.
En 2003, compitió contra el actual presidente Oscar Berger y obtuvo 44.1 por ciento de los votos, frente a un 52 para Berger.
Sus contrincantes, en particular Pérez —que explota su faceta de hombre decidido y oficial de inteligencia militar—, dicen que es un hombre de carácter débil e incluso han circulado rumores anónimos que es un pelele de su esposa, Sandra Torres, quien secretamente tira de los hilos, algo devastador para la imagen de un candidato en una sociedad tan machista.
El hecho de hablar casi siempre en un tono apenas audible y gangoso, no ayudan a que se le perciba como un “tipo duro”.
“El carácter no es gritar y estar amenazando. El carácter es la historia de cada quien y en eso puedo demostrar que tengo más carácter y trayectoria”, dijo Colom.
Fue director del Fondo Nacional para la Paz (1991-1997), una entidad ideada por el Fondo Monetario Internacional para agilizar la inversión en infraestructura, y se constituyó en una especie de súper ministro con un importante porcentaje del presupuesto nacional a su disposición.
El área de acción de dicho fondo se concentró en el Este del país, donde la guerra civil (1960-1996) causó más estragos y donde se concentra la mayoría de la población indígena que representa el 42 por ciento de los guatemaltecos. Es allí donde Colom tiene su bastión electoral.
Es allí, también, donde se prevé que en la segunda ronda electoral Colom enfatice el discurso de que votar por un militar es volver al pasado de guerra y muerte que dejó la guerra: 200,000 muertos.
La imagen de probidad sin mancha cayó por los suelos cuando en 2004, después de haber perdido la carrera por la Presidencia, fue acusado de recibir el equivalente a unos 66,000 dólares del entonces jefe de la oficina de recaudación tributaria, Marco Tulio Abadío. En su momento, Colom se defendió diciendo que había creído que Abadío era “un empresario exitoso” que quería contribuir con su campaña. El tribunal que conoció el caso absolvió de culpa a Colom.