Enamorada de la vida

Violeta Callejas de Noguera, ama y disfruta su trabajo [doap_box title=»Más de violeta» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Sus amistades son su principal tesoro Servir es un arte, al igual que saber tratar al cliente, no es una actividad que denigre; al contrario, enaltece. Amor, me gusta amar y querer a mis amistades, soy feliz cuando doy felicidad […]

  • Violeta Callejas de Noguera, ama y disfruta su trabajo
[doap_box title=»Más de violeta» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Sus amistades son su principal tesoro

Servir es un arte, al igual que saber tratar al cliente, no es una actividad que denigre; al contrario, enaltece.

Amor, me gusta amar y querer a mis amistades, soy feliz cuando doy felicidad a otros.

Disfruta la vida, he aprendido de los momento difíciles. “Hace 20 años a mi esposo le descubrieron un cáncer, pero sobrevivió, fue una época muy difícil, pero aprendí a sentirle mejor sabor a la vida y a disfrutar de todo, del aire, de la playa, y hasta de un refresco”, señala.

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Optimista, alegre, con gran amor al trabajo y, sobre todo, a su esposo y amistades, así se define Violeta Callejas de Noguera, propietaria junto a su esposo de La Casa de los Noguera. Cuenta que es una mujer de retos y perfeccionista, disfruta haciendo su trabajo, por eso siempre trata de hacerlo de la mejor manera.

Ella es chinandegana de cepa, su esposo es español, cuando se casaron se fueron a vivir a México, donde habitaron 20 años, según ella, los más felices de su vida. “Debido a la profesión de mi esposo, que ha sido turística y hotelera, aprendí a conocer el mundo y a ver otros horizontes y de ahí nació el deseo de dedicarme a la cocina. Siempre pensamos que cuando regresáramos a Nicaragua, teníamos que hacer algo que nos gustara a los dos, así que cuando mi esposo se retiró de su profesión, decidimos crear un restaurante porque nuestra casa siempre estaba llena de invitados, así que sólo unimos lo útil a lo agradable, el placer al negocio”, expresa con mucha alegría.

Cuenta que su negocio va a cumplir cinco años de éxitos. Sus inicios fueron en Chinandega, con el hostal Las Mañanitas; sin embargo, después quisieron ampliar sus horizontes y decidieron poner el restaurante en Managua, para ofrecer una cocina más variada. “Lo que hice fue exteriorizar lo que yo había visto hoteleramente hablando, un lugar donde pudiéramos ofrecer a los clientes un servicio como el que nos gustaría a nosotros que nos ofrecieran, por eso dedicamos el ciento por ciento de nuestro tiempo”, asegura.

Cuenta que en cinco años de experiencia aún continúan con el mismo chef y que cada año traen a un experto del extranjero para innovar en la cocina y así ofrecer siempre el mejor servicio. “La decoración, mantelería, cristalería, todo es un tributo a nuestro clientes que merecen lo mejor, por eso el detalle del mantel bordado, planchado y almidonado, en mi casa siempre comemos así, por que la mesa es primordial”.

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