- Latinoamérica, una región donde la capacidad instalada de generación eléctrica se mantiene al tope, los nuevos proyectos de generación aparecen como un verdadero balón de oxígeno que intenta estimular el crecimiento del sector
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Ver Infografia > SANTIAGO/CHILE
Que la energía es un tema de moda en América Latina no hay ya quien pueda negarlo. Más aún cuando de abastecimiento eléctrico se trata.
Basta con revisar los titulares de la prensa de la región para constatar que electricidad ya no es sinónimo de crípticos megas y gigas, sino de palabras de uso cotidiano como crisis, racionamiento y apagones.
¿Qué causas han llevado a esta realidad? Falta de planificación y una insuficiente diversificación en la matriz eléctrica son parte de las respuestas, según expertos como el consultor en electricidad y eficiencia energética de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), Mentor Poveda.
La prueba más elocuente, según el analista, aparece al constatar que la región continúa con un 74 por ciento de su potencial hidroeléctrico sin desarrollar por falta de planes que contemplen ofrecer incentivos al sector privado para construir nuevas centrales de este tipo.
De hecho, “muchas de las inversiones que se tenían previstas para proyectos de generación han tenido más demora que la esperada”, explica Poveda.
OSCURO PANORAMA YEL CASO NICARAGUA
El escenario se complica más aún en América Central, donde un 42 por ciento de la generación energética actual corresponde a la termoelectricidad que proviene de derivados de fuel oil y diesel y donde además “no se está construyendo ninguna nueva central, sino sólo se están haciendo reconversiones”, asegura el gerente general de la consultora Ashmore Energy Nicaragua, César Zamora.
El analista advierte que aunque el proyecto de interconexión regional Siepac, empujado en el marco del Plan Puebla Panamá (PP), es un avance, “la crisis de generación ha obligado a todos los países centroamericanos a guardar sus recursos para atender su demanda interna”.
“La fuente que estamos obligados a desarrollar es la geotermia”, apunta el gerente general de la consultora Ashmore Energy Nicaragua, pero advierte que “el problema es que su desarrollo requiere de tecnología que es vista aún como ‘no tradicional’, por lo que ha sido muy difícil conseguir recursos para su financiamiento”.
A pesar de ello, ya hay inversionistas interesados.
Uno de ellos es la italiana Enel que, a través de un exitoso consorcio con el Gobierno de El Salvador, ya cuenta con más de 50 MW instalados en el país centroamericano.
Es parte del panorama que presenta este mapa de megas de América Latina, con capacidad instalada al tope, una demanda cada vez más creciente y escasez de diversificación energética.
Pero también con proyectos de generación, como La Yesca en México, Rio Madeira en Brasil, Hidroaysén en Chile y Corpus en Argentina y Paraguay, que también se cuentan entre los más destacados desarrollos de infraestructura en la región.
PREDOMINIO FÓSIL
Si algo caracteriza a la matriz eléctrica de América Latina, salvo excepciones como Brasil y Colombia, es su actual dependencia de los combustibles fósiles.
Un escenario que resulta paradójico si se consideran los altos precios del petróleo, los problemas de abastecimiento de gas y la gran cantidad de fuentes renovables disponibles en la región.
Si se sumara la demanda máxima por electricidad de todos los países de la región, esta excedería con creces los 160,000 megawatts (MW), frente a una capacidad instalada de poco más de 250,000 MW.
ENCHUFADOS
Muchas de las empresas que más venden en dólares en la región son también las que más gastan en megawatts. Investigamos entre las agencias de energía, los ministerios y los reguladores buscando las firmas que más consumen energía eléctrica en la región.
La información al respecto es escasa o las organizaciones no quieren hacerlas públicas, con la gran excepción de Brasil, Perú y México, donde entregaron información sobre los mayores clientes libres.
25 son las empresas de la región que más consumen, principalmente de Brasil, México, y Perú, de los sectores petroleros, químicos, minería, siderurgia y metalurgia.
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