Ex Seleccionado Nacional y Ex directivo de la Fenibal
Las actitudes de honestidad y decencia tienen manifestaciones muy variadas y simples; tan simples que, para muchos, es difícil actuar como honestos y decentes.
En nuestro país, en el que tanta importancia se le da a lo político —o a lo politiquero— se ha caído en la desgracia de que, por lo general, ser político es sinónimo de ser deshonesto e indecente.
Y los señalamientos son tan comunes como las reacciones de los involucrados. Casi nadie de esa clase tan especial se suda cuando se les señala de algún delito, o presunción de delito.
Lamentablemente esa actitud está pasándose al deporte. Y no es por una simple función de ósmosis social; es porque, como con la sarna o la rasquiña, los involucrados han encontrado beneficios en el deporte. Y qué sabroso es rascarse. Y rascarse año tras año, o elección tras elección, es mucho más sabroso, sobre todo si esa rasquiña se acompaña de verdes, relucientes lapas y de viajes y de…
El tema máximo es el futbol, en el que los atletas y federados, directivos y aficionados han encontrado a un “enviado” de Dios que “salva” al futbol cada tantos años, aunque nunca veamos mejorías en ese desventurado deporte.
A quienes nos gusta el deporte —por el deporte mismo—, vivimos esperando, no que las selecciones y equipos de futbol ganen en el extranjero, sino que no nos metan más de doce goles a cero.
Una derrota de seis a cero es celebrada como un triunfo de la mediocridad reinante.
Y mi amigo, Julio, a quien he conocido como un honesto y decente profesional, aguanta señalamientos de todo calibre que harían renunciar a cualquiera que sea honesto y decente.
Se maneja varios millones de dólares en la construcción de un campo de futbol que, al paso que va, servirá para los Juegos Centroamericanos, cuando Centroamérica sea la Gran Patria que soñó Morazán… en el año 3007.
Se los aseguro. Así que mi caro amigo, el ingeniero Ronald Bolaños, a quien conozco, también, desde hace cuchucientos años, no se preocupe que, al paso que van las cosas, sólo nuestro presidente Daniel Ortega es el único que puede arreglar el tema —o el relajo— del futbol.
¿Exagero? ¡No!
Y, casi todas las federaciones pasan por lo mismo. Dirigentes que “inexplicablemente” se apegan tanto a los cargos y sudan el “amor” y la “dedicación” sacrosantos que tienen por el deporte.
He sido deportista y dirigente del baloncesto por años y hoy veo con preocupación que está creciendo la semilla de la reelección del presidente de la Federación Nicaragüense de Baloncesto (Fenibal).
Como en otros casos, las federaciones son víctimas. Una turba de corifeos aplaude y engalana los aleros de mi buen y honesto amigo, doctor Helio Montenegro, para que se reelija en la presidencia de la Federación de Baloncesto.
Yo, amigo solamente de ese gran profesional que es Helio Montenegro, le sugeriría —con todo mi respeto y afecto— que no lo haga; que dé un ejemplo a los demás de que, en este país, como en cualesquiera que se trate, la reelección no es lo conveniente, por muchos motivos.
Primeramente, la reelección es falta de institucionalidad. Quien se reelige es porque cree —o lo hacen creer— que lo que ha hecho se va a caer si no está el “gurú”, el sacrosanto, el infalible, el indispensable.
La verdad es que un buen presidente de cualquier organización, sobre todo en cargos públicos, debe tener, como una de sus prioridades, la preparación de sus relevos para preservar la esencia, los principios institucionales.
Debe importar la institución, no los individuos.
La reelección es una falta de respeto a los demás ciudadanos o miembros de una organización que también tienen derecho y obligación de aportar con su intelecto y capacidad.
Reelegirse es negar la calidad de inteligentes y capaces a los demás. Y, más aún, esa actitud es impropia de alguien que trabaja en la docencia; al menos en este caso de mi dilecto amigo doctor Montenegro, que tiene una grande y delicada responsabilidad de “enseñar” en un centro de estudios.
La reelección permite que los errores pequeños, que pudieran subsanarse en el siguiente período, se agranden y se vuelvan delitos.
Compadrazgos, complicidades, pecados veniales se vuelven capitales. Nuestro país, Nicaragua, lamentablemente es un mosaico rico en este campo de la delincuencia institucional e institucionalizada, de la delincuencia impune; de los que se creen indispensables.
La reelección es un vicio; una mala y pésima actitud.
Es debilidad institucional y debilidad de espíritu. Crea y desarrolla en el reelecto, sobre todo en los casos de excesos —siete, ocho, hasta diez reelecciones— una actitud manifiesta que el profesor de sicología, Levin Ross Mainer, define como “lesiones a nivel de los centros nerviosos cerebrales”.
Este prestigioso sicólogo señala que “en los que se creen infalibles e insustituibles suceden fallas en sus centros encargados de guardar las sensaciones”. No valoran el daño que hacen al grupo al crear los vicios que he mencionado rápidamente.
Es el mismo fenómeno que sucede con los torturadores o los encargados de aplicar castigos infames a prisioneros. Y ese mal lo padecen y desarrollan, inclusive, algunas personas que trabajan en hospitales y prisiones; se vuelven insensibles al sufrimiento, o a los problemas que causan a los demás.
Se vuelven insensibles a la crítica por sana que sea.
Con subterfugios sacados de la manga justifican sus desmanes, con tal de asegurar su calidad de insustituibles.
No a la reelección de mi gran amigo Helio Montenegro. Es una sugerencia que la debe apoyar… el mismo doctor Helio Montenegro.
El afecto que le tengo al doctor Montenegro lo conoce él mismo; afecto extensivo a mi también dilecto amigo ingeniero Jorge Luis Ayestas. Son hombres Honestos y Decentes, con mayúsculas. No me equivoco.
Fui invitado por los que adversan al doctor Montenegro para formar otro grupo, que es normal en un mundo civilizado. Les dije que no podía. También soy amigo del otro grupo, pero soy más amigo de Helio.
Demos un ejemplo a los políticos. Algún día ellos van a aprender del deporte. No aprendamos de ellos.
¿Será esto soñar despierto?