Brian Doyle entregó su vida a Dios cuando tenía 21 años, desde entonces se dedica a predicar la palabra de la Santa Biblia. (LA PRENSA/M. LORÍO)

EL ÁNGEL DE LOS YANQUIS

Vino a Nicaragua a dar charlas de beisbol a los niños UNA CHARLA CON EL EX GRANDES LIGAS BRIAN DOYLE Los ecos del Yanqui Stadium todavía se pueden escuchar, esas voces retumbantes que hacían temblar los pilares del colosal estadio, gritando el nombre de Brian Doyle en aquel dramático y último juego de play offs […]

  • Vino a Nicaragua a dar charlas de beisbol a los niños

UNA CHARLA CON EL EX GRANDES LIGAS BRIAN DOYLE

Los ecos del Yanqui Stadium todavía se pueden escuchar, esas voces retumbantes que hacían temblar los pilares del colosal estadio, gritando el nombre de Brian Doyle en aquel dramático y último juego de play offs ante los Medias Rojas ese 2 de octubre de 1978.

Y es que el joven nacido en Glasgow, Kentucky, no era la estrella de jugador, mucho menos un jonronero nato, sólo poseía lo esencial, pero esa noche en especial apareció y explotó como una supernova en el momento oportuno.

Ese año fue inolvidable para Doyle, ganó la serie mundial con los Yanquis al ganarle a los Dogers, fue el día que bateó para 438 y que alineó como titular en la segunda base, dejando en el banco a Willie Randolph.

Hubo otros equipos en la vida de Doyle, antes de ingresar al equipo neoyorquino, como Oakland y Texas, pero fueron los Yanquis que lo glorificaron como beisbolista.

Desde inicios de los ochenta, década que marcó su retiro de las Grandes Ligas, Doyle es un hombre que se entrega de lleno a predicar la palabra de Dios.

Hace unos días visitó nuestro país por segunda ocasión, en ambas fechas trajo sus inseparables guantes y el bate en mano, para compartir su experiencia con los niños de Chiquilistagua.

Sin embargo, transportó consigo algo adicional, en su mano derecha sostenía algo más poderoso, la Biblia, el libro que rige la vida de esta figura del beisbol norteamericano hace más de 30 años.

ACLOPADO A DIOS

¿Continúa siendo un fanático de los Yanquis?

Claro, muchísimo.

¿Más que el equipo de Texas y Oakland?

Bueno, jugué también para esos equipos, pero los Yanquis fueron desde siempre mis favoritos.

¿No es extraño para usted, verse en el púlpito de predicador luego de ser recordado como el jugador de los Yanquis?

No, porque aún cuando jugaba en las Grandes Ligas, también predicaba, es decir que yo siempre llevaba la palabra de Dios adonde viajaba con el equipo.

¿Cuál fue el motivo de entregarse de lleno a Dios?

Es muy simple. No fue muy difícil aceptarlo, sólo atendí a su llamado y si no hubiese seguido el camino de Dios, hoy mi vida fuese muy triste.

¿Cómo ocurrió ese llamado de Dios?

Yo sabía que necesitaba un salvador para mi vida, porque me di cuenta que no era perfecto y que sólo Dios podía corregir mis imperfecciones. Comprendí que solamente Jesús era quien pagaba la pena por mis pecados, y si yo lo aceptaba era la única manera que sería salvo y a medida que fui creciendo en Dios, fue más fuerte el llamado para convertirme en ministro, por eso yo considero que fue un llamado santo.

¿Qué aspectos consideraba como imperfectos en su vida?

Es muy simple. Aunque yo no hubiese asesinado o robado a alguien, aún con la mentira más pequeña que saliera de mi boca, esto significaba ante Dios, perder la marca de la perfección, porque Dios no mide cuál de los pecados es peor, el sólo pecar lo acerca a uno a la imperfección y me di cuenta que en mi vida existían muchas cosas que no eran perfectas y quise corregirlas entregando mi vida a Dios.

¿Recuerda todavía el año que entregó su vida a Dios?

Sí. Fue en 1977 y tenía aproximadamente 21 años de edad, desde entonces dedico mi vida predicando la palabra de Dios.

¿Fue difícil no caer en las tentaciones a los 21 años y estando en ese tiempo con los Yanquis?

En realidad no importa en la edad que uno esté, porque siempre están presentes las tentaciones. Hay una gran diferencia entre la religión y tener una relación con Dios, por ejemplo, si yo camino en las calles de Nueva York, la gente me reconoce como Brian Doyle, pero ellos realmente no me conocen, sólo mis estadísticas, y lo mismo pasa con Jesucristo, muchos conocen las estadísticas de Jesús, pero verdaderamente no conocen a Dios y a medida que crecía me di cuenta de esto.

Si en Nueva York no lo conocen realmente, entonces, ¿quién es Brian Doyle?

Es fácil saberlo. La razón por la que nací con la habilidad de jugar beisbol en las Grandes Ligas y así convirtiéndome en la persona que fui en el beisbol, me dio la plataforma para enseñarle al mundo quién es Brian Doyle en Cristo. El único objetivo de habilidad en el campo de beisbol fue para que pudiera expresar mi fe en Dios.

¿Le llena de satisfacción lo que hace ahora en su vida?

Me apasiona más compartir mi vida con Dios y evangelizar a la gente, al igual que lo hacía cuando estaba jugando beisbol. Para mí es suficiente predicar la palabra santa, porque la Biblia dice que a medida que la palabra de Dios crezca y se incrementen sus ovejas, la vida salva está creciendo.

¿Usted estudió para ser predicador?

Fui al mismo seminario que el apóstol Pablo. Yo encontré a Dios como Pablo lo halló.

¿De qué manera lo halló usted?

Cuando estaba en las Grandes Ligas me encontré con un amigo que jugaba en el mismo equipo, él me mostró cómo era la vida con Dios y yo quería encontrar la misma paz y el gozo que sentía mi amigo, y lo he logrado.

¿El estar predicando la palabra de Dios en Nicaragua le da esa paz?

Lo que me da más gozo de venir a Nicaragua es ver a la gente que acepta a Jesús, al igual que yo lo hice hace 30 años.

¿Alguna vez tuvo la oportunidad de jugar ante el pitcher nicaragüense Denis Martínez?

Sí, varias veces, de hecho yo hablé con Denis hace una semana. Denis era un jugador muy bueno y un pitcher valioso en las Grandes Ligas.

¿Denis lo ponchó en el plato?

Me sacó algunas veces, pero nunca me retiró por strike-out (sonríe con gran regocijo).

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