- Futbolistas añoran un mejor futuro
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Entre risas y sueños se van a Brasil
No faltaron las lágrimas, pero también hubo alegría. Fue una despedida con sentimientos encontrados la que vivieron los ocho nicas futbolistas que partieron ayer rumbo a Brasil para prepararse en la Academia de los Tigres do Brasil, por un año.
Padres de familia y jugadores llegaron al aeropuerto internacional en horas de la madrugada, al parecer algunos sin estar conscientes de la separación.
“La vida requiere sacrificios a veces a un precio alto, pero lo bueno es que todos estamos claros de que es necesario para aprovechar una oportunidad única como ésta”, dijo Nicolás Ibáñez antes de su partida, mientras su madre no emitía palabras pero no era necesario para entender sus sentimientos.
A Gerardo Arce y Wilmer Vásquez los fueron a despedir una verdadera tropa. Tías, tíos, abuelos, madre, primos, hermanos, que por ratos lucían alegres y luego reaccionaban esperando el momento de la partida a eso de las 7:30 de la mañana.
“Estos son los que van agüevados (Wilmer Vásquez y Kevin Gutiérrez), pero ya se les va a pasar cuando lleguemos y comencemos a entrenar”, decían entre risas Raúl Fuentes y Daniel Reyes, mientras comían un poco en la terminal aérea.
“Es difícil dejar a nuestra familia, a nuestros amigos del barrio, pero es necesario hacerlo si queremos tener un mejor futuro. Claro, ahora que estamos a pocos minutos de irnos sentimos más la idea de estar lejos, pero eso tiene que cambiar allá”, expresaba Vásquez .
El defensa central Róger Mejía parecía el más relajado del grupo, quizá convencido de que con sus 21 años tiene poco tiempo para conseguir su más alto nivel para llamar la atención de algún club en Brasil.
“Me estoy jugando mi futuro. Sé que ellos tienen ventaja porque son más jóvenes, pero también eso me va a obligar a exigirme más. Quiero venir a Nicaragua pero después de fichar con algún equipo”, explicó Mejía.
La relacionista pública de los Tigres do Brasil, Ana Valeria Da Silva, que vino a Nicaragua para irse con los jugadores a Río de Janeiro, rápido se puso al frente de los nicas, ganándose la confianza de los padres.
“A los que veo nerviosos es a los padres. Creo les va a ser difícil cuando nos vayamos”, dijo Da Silva, quien aseguró que los nicas pasarán 15 días en un albergue antes de ubicarlos en los apartamentos donde vivirán.