Los empresarios y la política

En el ambiente de incertidumbre que hay en el país actualmente, por la amenaza contra la libertad y la democracia que representa el Gobierno de Daniel Ortega, se ha abierto un importante debate público sobre la actitud que deben asumir los empresarios privados en la política nacional.

Al respecto los líderes de la oposición de izquierda moderada y centro derecha, Edmundo Jarquín y Eduardo Montealegre, del MRS y la ALN respectivamente, han exhortado a los empresarios a participar en la defensa de la democracia amenazada por el autoritarismo de Daniel Ortega, particularmente por los llamados Consejos de Participación Ciudadana (CPC), que son los órganos partidistas diseñados para ejercer el control total del poder público y dominar de manera totalitaria a la sociedad. Por su parte, el presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), Erwin Krüger, aseguró que los empresarios tienen “una posición de fondo en la defensa de la democracia” y que han defendido claramente la libertad de prensa y el respeto a la propiedad privada; al mismo tiempo que ofreció los “buenos canales de comunicación” que tienen con el Gobierno para procurar un acercamiento entre este y la oposición.

En realidad, en una situación de normalidad democrática los empresarios, como gremio, no deben inmiscuirse en la política y mucho menos en la de carácter partidista. El compromiso político de los empresarios, igual que el de los miembros de cualquier otro gremio o sector social, debe ser a título personal, en su calidad de ciudadanos, tal como lo contempla y garantiza la Constitución Política de la República. Pero en la situación actual de Nicaragua es necesario que los empresarios consideren si deben abstenerse de la participación política en cualquier forma, o participar a título personal en el partido que mejor les cuadre, o si lo que más conviene a sus intereses y a los del país es intervenir en la lucha política directamente y con su propia identidad gremial.

En todo caso, los empresarios no deben olvidar ni menospreciar sus propias experiencias. Como se sabe, durante la mayor parte del tiempo que duró el somocismo ellos permanecieron indiferentes ante la situación política del país, que se caracterizaba por la falta de democracia, de elecciones libres y alternabilidad en el poder. Sólo hasta después del terremoto de diciembre de 1972, cuando el somocismo invadió casi todos los espacios económicos y oportunidades de negocio, los empresarios comenzaron a cuestionar abiertamente a la dictadura dinástica, pero sin unirse a la oposición política democrática.

En diciembre de 1974, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fundó la Unión Democrática de Liberación (UDEL), a la que definió como una simbiosis política laboral y quiso que también fuese empresarial. Sin embargo los empresarios le dieron la espalda al doctor Chamorro y sólo después de que él fue asesinado y se percibió que las fuerzas revolucionarias pro comunistas podían tomar el poder en sustitución del somocismo, los empresarios se sumaron como gremio a la lucha frontal contra la dictadura y se coordinaron con el Frente Amplio Opositor (FAO) para ofrecer una salida democrática, pero ya era tarde.

Después, durante la dictadura sandinista el gremio empresarial se unió con los partidos y centrales sindicales de derecha y centro derecha, en la Coordinadora Democrática Ramiro Sacasa Guerrero, la cual lideró la resistencia cívica interna y desempeñó un rol de gran significación en la lucha política que culminó con la formación de la Unión Nacional Opositora (UNO) y la victoria electoral del 25 de febrero de 1990. Y ahora, al retornar Daniel Ortega al poder presidencial de la República y ante la grave amenaza potencial y real que se cierne sobre la precaria democracia nicaragüense, los empresarios están otra vez ante la disyuntiva de desempeñar el papel de apaciguadores y mediadores entre el Gobierno y la oposición, o mantenerse en una situación de neutralidad política, o unirse a la lucha de los partidos políticos y los movimientos cívicos democráticos.

Carlos Alberto Montaner le atribuye a Vladímir Ilich Lenin la frase de que los capitalistas con tal de hacer negocio son capaces hasta de vender la soga con la que han de ser ahorcados. Ojalá que no sea este el caso de los empresarios nicaragüenses.

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