El drama de los secuestrados en Colombia

Hay un niño que no conoce la libertad, hay quienes llevan más de nueve años pudriéndose en la selva, y otros en el cautiverio se topan con la fatalidad de la muerte. Para remediar esta tragedia, los familiares de los secuestrados por la FARC, en Colombia, claman por un canje humanitario Corresponsal/ Colombia Del hijo […]

  • Hay un niño que no conoce la libertad, hay quienes llevan más de nueve años pudriéndose en la selva, y otros en el cautiverio se topan con la fatalidad de la muerte. Para remediar esta tragedia, los familiares de los secuestrados por la FARC, en Colombia, claman por un canje humanitario

Corresponsal/ Colombia

Del hijo de Clara Rojas se supo en abril de 2006. El periodista Jorge Enrique Botero, con su libro Últimas Noticias de la Guerra, enteró al país de que Clara Rojas, la compañera de fórmula de Ingrid Betancourt, la ex candidata presidencial, con quien fue secuestrada hace cinco años y cinco meses por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) tuvo un hijo en la selva, y el padre sería un líder guerrillero.

Pasaría otro año más para que la sociedad colombiana volviera a saber de este niño, tal vez el primero en el mundo que nace en cautiverio.

El subintendente John Frank Pinchao, quien en abril de este año se fugó de la guerrilla tras ocho de secuestro en las selvas de Vaupés, al sureste de Colombia, trajo noticias del hijo de Clara Rojas. Dijo que se llama Emanuel, que es bonito, que tiene como tres años y que no lo dejan pasar mucho tiempo con la madre.

Las declaraciones de Pinchao estremecieron a Clara González, la mamá de Clara Rojas, quien había mantenido un bajo perfil entre los familiares de los secuestrados, en parte por su estado de salud y, en parte, porque le costó mucho tiempo entender el secuestro de su hija.

Sin embargo, el conocimiento de que tiene un nieto y que está creciendo en cautiverio, la hicieron reaccionar.

A los pocos días de las revelaciones de Pinchao, González, una mujer septuagenaria, lanzó una campaña a favor de la liberación de Emanuel, que recorre las pistas del ciberespacio pero también las calles de Bogotá y de algunas otras ciudades del país, donde se han colocado vallas que piden por la liberación de este niño, que por ahora es sólo una silueta en los afiches y en los muros.

Hasta ahora, el único resultado de esa campaña, si es que puede interpretarse como una señal, fue la prueba de vida del soldado William Giovanni Domínguez, que lleva seis meses secuestrado, quien menciona nuevamente a Emanuel.

“Vi a la señora Ingrid Betancourt y a Clara Rojas con un niño”. Según Domínguez, el niño no se les despega. Ellas van a todas partes con él, pero a veces, durante las caminatas, permite que le ayuden a cargarlo los guerrilleros, y el niño juega con ellos.

“Le gusta jugar con ellos”, dijo Domínguez, cuya madre no sabía que había sido plagiado por las FARC, en enero de este año, pues en el Ejército le informaron que su hijo era un desertor.

Con la prueba de vida de Domínguez, llegaron las pruebas de otros seis soldados más, que llevan más de ocho años en poder de las FARC. Entre esas pruebas, que llegaron primero a la sede de la cadena Al Jezzera en Washington y luego a Bogotá, a la televisora Caracol, llegó una prueba de vida de Pablo Emilio Moncayo, el hijo del profesor Gustavo Moncayo, quien a esta hora se encamina hacia Bogotá, tras un recorrido de casi mil kilómetros por la libertad de su hijo.

Moncayo llevaba cuatro años de no saber nada del soldado, que iba a cumplir 20 años cuando la guerrilla se lo llevó. En su breve mensaje, Pablo Emilio le pide al Gobierno que busque el acuerdo humanitario con la guerrilla, que intente abrir una tercera banda de conversaciones con las FARC, en alusión al proceso de pacificación con paramilitares y al acercamiento con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

EXIGEN ACUERDO HUMANITARIO

El soldado, insiste —lo mismo que sus otros compañeros que se ven demacrados y envejecidos por los años en cautiverio—, que el Gobierno desista de los operativos de rescate, porque eso significa, automáticamente, una sentencia de muerte.

Ese fue el último mensaje que enviaron al Gobierno los 11 diputados de Valle, que fallecieron en manos de la guerrilla, el pasado 18 de junio, en circunstancias aún no esclarecidas por los insurgentes.

La tragedia de los diputados de Valle, que se conoció a finales de junio, enlutó al país entero y propició, a los pocos días, una gigantesca protesta de repudio en las calles, al terrorismo de las FARC.

Aunque la guerrilla ha dicho que tiene intenciones de devolver los restos mortales, los familiares de los diputados han prendido una mecha que no se apagará hasta que no recuperen los cadáveres.

En la marcha se rechazó a las FARC, pero también se exigió una vez más, el acuerdo humanitario al que el Gobierno no quiere ceder.

En las últimas semanas, y a raíz de la tragedia de los diputados de Valle, el discurso del presidente, Álvaro Uribe, se ha endurecido.

“Firmeza contra los terroristas”, parece ser la consigna del gobernante colombiano, frente al tema de los secuestrados, sin embargo, ha dicho que Francia, España y Suiza continúan buscando el acercamiento con los guerrilleros.

El Gobierno por su parte, no desiste del proceso de excarcelación unilateral, que había iniciado semanas atrás con un grupo guerrillero, que culminó con la liberación condicional, de Rodrigo Granda, el llamado “Canciller de las FARC” que fue enviado a La Habana, Cuba.

Pero el Gobierno tampoco ha desistido de los operativos militares. Hace pocos días hubo una nueva víctima de los rescates “a sangre y fuego” de que abominan los parientes de los rehenes. Esta vez fue el empresario Diego Mejía Isaza, cuya familia había autorizado el rescate “a plomo”.

A pesar de la tragedia de los diputados, el tema del acuerdo humanitario sigue en boca de los colombianos.

El profesor Moncayo, con su caminata de más de mil kilómetros y con más de dos millones de firmas quiere arrancarle a Uribe la promesa de agotar esta alternativa.

Y el viernes pasado, la nueva presidenta del senado también instó al Gobierno a establecer una “zona de encuentro” con la guerrilla, para lograr la libertad de los más de tres mil que la perdieron, y de Emanuel, que todavía no la conoce.

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