- Un profesor colombiano recorre mil kilómetros para demandar la libertad de su hijo, secuestrado por las FARC
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BOGOTÁ
Gustavo Moncayo, un profesor de 56 años, ha emprendido una caminata de casi mil kilómetros, en la que recorrerá gran parte del país para exigir la libertad de su hijo, en poder de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) desde hace casi 10 años.
Moncayo, quien hasta ayer llevaba más de 300 kilómetros caminados, comenzó su andanza el domingo 17 de junio, cuando se celebró el Día del Padre en Colombia.
“El profesor Moncayo”, como lo conocen en su tierra, arrancó de Sandoná, municipio de Nariño, departamento fronterizo con Ecuador. Sandoná se encuentra a unos 900 kilómetros al Sur de Bogotá, la capital adonde esperar arribar en 10 días.
La meta del profesor es entrar caminando hasta la Plaza de Bolívar, en el corazón de Bogotá.
El hijo de Moncayo, el cabo Pablo Emilio Moncayo, fue secuestrado hace casi 10 años por el grupo guerrillero, en la toma guerrillera de Patascoy (en Nariño) ocurrida el 2 de diciembre de 1997. El profesor recuerda que su único hijo varón iba a cumplir 19 años, cuando ocurrió el plagio.
Moncayo, un hombre grueso de barba blanca, que habla con un acento pausado bastante parecido al de los bolivianos, dice que el secuestro de su hijo mayor le cambió la vida.
“Hubo un giro de 360 grados en mi familia, mi esposa no volvió a ser la misma ni yo”, dice una voz que jadea por la caminata.
En Colombia hay cerca de 3,000 personas en poder de los grupos rebeldes.
En el tiempo que Pablo Emilio lleva en cautiverio han sido muy pocas las pruebas de vida enviadas por la guerrilla. La primera fue una carta cariñosa para toda la familia, y la última un vídeo, enviado hace cuatro años, en el que el cabo no se ve muy bien. “Estaba bien delgado”, recuerda el papá, quien tiene la certeza de que su hijo está vivo.
No es la primera protesta a favor de la libertad de Pablo Emilio. Hace siete meses estuvo en huelga de hambre y se colgó unas cadenas gruesas en el cuello y en las manos, como símbolo de la prisión que padece su hijo.
A Moncayo lo acompaña su hija, Yuri Tatiana, de 20 años. Los dos van por la Carretera Panamericana sosteniendo una pequeña pancarta en la que se lee “Quienes no olvidarán la belleza de un mañana libre, por un acuerdo humanitario”. Padre e hija llevan puestas camisetas blancas estampadas con la foto de Pablo Emilio.
El resto del equipaje es una carpeta con papeles, que esperan llenar con 500 mil firmas de apoyo a un acuerdo humanitario, que debería impulsar el Gobierno con la guerrilla.
Después de 200 kilómetros de camino, la solidaridad no se ha hecho esperar. En algunos tramos han sido acompañados por estudiantes y pobladores de los pueblos que van recorriendo. En algunos caseríos, la gente los ha esperado con comida y les ha ofrecido su techo para pasar la noche.
Sin embargo, el asfalto ha hecho mella en los pies de los caminantes. Ampollas y calambres han empezado a aquejarlos, sobre todo a Moncayo, quien a pesar del cansancio de su cuerpo está dispuesto a seguir. “A nosotros nos ha faltado verraquera (empuje) para reclamar por la libertad de nuestros familiares”, dice el profesor.