- Su propia vida la convirtió en un intenso desafío
Billy Molina y su pasión por el desafío
La palabra temor nunca existió en el diccionario Billy Molina. Desde que era un niño recuerda su gusto extraño e insaciable por los riesgos y es que cuando apenas tenía 3 años le gustaba andar en patines aunque no los manejaba bien.
En una de esas aventuras de infancia, se atrevió a correr tan rápido con los patines que el resultado fue muy doloroso e inolvidable, tanto que Billy aún se toca la barbilla para saber si la tiene en su lugar. Pero una vez que se recuperó, el pequeño aventurero tomó nuevamente los zapatos con rueditas, algunos dirían que estaba loco, pero en realidad Molina tenía el alma de un aventurero con una inexplicable pasión, casi masoquista por los deportes extremos.
En Barranquilla, Colombia, fue el lugar donde Molina vio por primera vez la luz del mundo. Curiosamente criado en una familia trabajadora, de clase media sin ningún tipo de atracción a los deportes. ¿Cómo pudo nacer Billy con ese talento? Es una incógnita que aún no encuentra respuesta ni el propio Billy, sin embargo, podríamos decir que Dios le otorgó el don brillante de ser un deportista, aunque con un toque diferente.
“Mi padre era piloto de vuelos comerciales y mi madre supervisora de vuelos, y a mí me gustaron los deportes terrestres, ninguno en mi familia practicó deportes y yo quedé prendado con mis primeros patines que me regalaron”, comenta Molina entre risas.
LA PASIÓN POR EL CICLISMO
El delicioso gusto por el riesgo sería más apetecible para Molina cuando su familia decidió trasladarse a Estados Unidos. Una bella silueta de las populares bicicletas BMX atrapó al emigrante colombiano. Fue como esa loca historia de amor a primera vista. Billy la admiró detalladamente y sabía que estaba destinado a ella.
“En Miami, entré a la liga de BMX, así comenzó todo, me encantaba competir. Entrenaba todos los días, después de ir al colegio hacía las tareas y luego entrenaba con la BMX hasta anochecer, para donde iba lo hacía con mi bicicleta”, relata Molina.
Entre caderas lesionadas, pero sorprendente recuperación por su contagiante entusiasmo, Billy compitió en el campeonato mundial de BMX que se realizó en la Florida, cuando ni siquiera había cumplido los 16 años. Quedó en octavo lugar, un puesto muy alentador que animó al jovencito de Barranquilla, no obstante, el pasatiempo de las BMX pasaría a un segundo plano.
“Un día haciendo un show de exhibición, un señor se acercó a mí y me dijo que ese ciclismo que hacía era una locura y me propuso ser un ciclista de ruta, de montaña y me dije, ¿Por qué no? Y entré al verdadero ciclismo”, explica el colombiano.
Billy empezó a entrenar de lleno y competía en todos los circuitos de Estados Unidos. A los 17 años quedó en cuarto lugar en el circuito en Florida, pero un año después sin patrocinador ni nadie que financiara sus proyectos, Billy se aventó a lavar carros, manejar montacargas, entre otros trabajos que le dieran un dinero extra para comprar la bicicleta adecuada para competir, la cual tenía un valor próximo a los dos mil dólares.
Pero a como dice el dicho popular : “Dios aprieta, pero no ahorca” , Billy consiguió el dinero y el camino se abrió para que él recorriera hacia la meta que lo coronaría como triunfador.
“Luego de estar autofinanciándome, firmé con un equipo semiprofesional por dos años. Con ellos competía por todo Estados Unidos y en el 1987 me coronaron como el mejor ciclista de la Florida”, dice Molina.
Luego de este acontecimiento Billy viajó por todo el mundo, compitió en la Vuelta de Puerto Rico, donde ganó algunas etapas, corrió en Sudamérica, incluso en su tierra natal, pero representando a Estados Unidos. Luego de cosechar tanta experiencia, Molina pensó que ya era el momento de retomar un camino que había dejado en el olvido, su vida personal.
“En Miami conocí a mi esposa Michelle Rivas, quien es nicaragüense, fue algo maravilloso y supe que sería la mujer ideal para formar una familia. Nos casamos y decidimos aventurarnos por Nicaragua para probar suerte”, comenta Molina.
EN EL MUNDO DE LAS MOTOS
El cambio de país no afectó a este hombre. En esta tierra siguió practicando en grande el ciclismo de montaña, pero además Molina también expandió su pasión por el deporte, entrando en las competencias de motociclismo.
“Entré a los campeonatos de motociclismo compitiendo en la categoría de cuadraciclos, fui el fundador en este tipo de carreras en el país. Fui el primer campeón de cuadraciclos en los primeros años de competencias”, explica Molina.
Este excéntrico hombre de las carreras también ganó competencias centroamericanas, obteniendo los primeros lugares, pero en el 2003 se pasó de cuadraciclos a motos en la categoría veteranos, siendo rival del reconocido Javier “Rapidito” Mairena.
“Fue un honor competir con Mairena, es uno de los mejores del país y yo fui uno de los primeros en ganarle en el 2003, recuerdo que él (Mairena) fue primero en felicitarme, en realidad fue más que ganar algo, fue el haber compartido la pista con este gran hombre”, comenta.
A sus 38 años la vida de Billy Molina ha sido una completa competencia, llena de infinitas historias que no cabrían en este breve reportaje. Hoy junto a su esposa y tres hijos se considera un hombre pleno y con muchas ganas de seguir practicando ciclismo.
“Me siento feliz, no puedo pedir más, amo a mi esposa, a mis hijos, me siento entero para seguir practicando ciclismo. Mi vida es una aventura y amo disfrutarla a lo extremo”, afirmó Billy Molina.