- El comandante Héctor Sevilla no se siente bien de salud. “Me estrellé”. Después de 28 años trabajando para el Ministerio de Gobernación y 25 años de ser la cara de la Dirección General de Bomberos, sumado a las muchas críticas que ha recibido en los últimos días por su “cargo eterno”, ha decidido retirarse. No se irá solo
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No tuvimos que insistir mucho para que el comandante Héctor Sevilla aceptara ser entrevistado por LA PRENSA, después de una semana en la que le han llovido críticas. Algunos colegas bomberos piden su destitución de la Dirección General de Bomberos, pero él dice haber tomado ya una decisión.
Aunque se encuentra en reposo desde hace un mes por recomendación médica debido al estrés que lo ataca, nos recibió en el corredor de su casa alquilada, en una mañana típicamente calurosa.
El comandante Sevilla se describe como un apasionado de la historia. Le gusta leer, y fue así que lo encontramos, leyendo Matar a Pablo Escobar, un relato sobre el ascenso y fin del capo del narcotráfico colombiano.
Dice que todos los jefes de bomberos de Centroamérica lo aprecian y de memoria hace el recuento de su experiencia bomberil ligada al sandinismo. Hace 31 años ingresó al Frente Sandinista, hace 28 años inició como asistente del Viceministro del Interior, y hace 25 años dirige la Dirección General de Bomberos.
Comandante Sevilla, ¿cuánta simpatía cree que tiene entre los bomberos?
No me interesa la simpatía. A mí me interesa salvar vidas. Si ya se me llegó la hora, está bien, (sólo quiero) una salida decente y punto. Que sean otras generaciones las que asuman la responsabilidad. Yo las voy a apoyar.
Algunos de sus colegas lo señalan de no promover ascensos, se sienten estancados.
Mirá, yo he leído lo que se ha publicado en estos días y me duele. Hoy se me señalan cosas, pero ni casa tengo. Aquí alquilo. He entregado mi vida a salvar vidas. De mis 48 años, tengo 28 de estar en el Ministerio (de Gobernación), entré muy joven. Dejé mi casa, mi hogar, dos matrimonios (…) Yo entiendo a los compañeros que hoy se quejan, yo he sido un tapón, estoy siendo un tapón.
¿En qué sentido?
Son 28 años en la institución y como tiene una característica jerárquica, si vos le ponés un tapón a una botella de vino y no lo decorchás, eso va a explotar algún día. Es normal que haya compañeros que tengan aspiraciones. Yo tengo 25 años de estar en el cargo y ellos quieren promoverse y mientras yo esté ahí ellos no pueden ni ascender en cargo ni ascender en grados.
¿Cómo es la dinámica de los grados entre los bomberos?
La Ley dice que los grados se adquieren de por vida, los cargos son transitorios. Hay un ciclo de vida, yo el mío ya lo cumplí. Me entregué 28 años a la institución.
¿Ya es tiempo suficiente?
Es suficiente y es tiempo para darle oportunidad a otros.
¿Entonces está contemplado el retiro?
Sí. Tanto yo como el segundo (comandante Miguel Alemán), hemos acordado retirarnos. Él tiene el mismo tiempo que yo (dentro de la institución). Nos entregamos de por vida. Hay un ciclo de vida que la gente debe entender, y yo soy el primero en entenderlo. Puedo seguir colaborando, ya se los he dicho.
¿Cómo se ha desarrollado la Dirección General de Bomberos durante estos años en que usted ha estado al frente?
Bueno, cuando alguien piensa en los bomberos, lo primero que piensa es en fuego, y lo que menos hacen los bomberos hoy día es combatir incendios. Durante 20 años hemos mantenido entre 360 y 400 incendios al año. No se ha movido la cifra, pero el rescate y el salvamento se han movido de un mil operaciones a 12 mil. Es lastimoso decirlo porque la mayoría de esa cifra son jóvenes, en fines de semana, en estado de ebriedad, con droga, en accidentes, se matan. Es una tendencia mundial. Hace 15 años el lema de los bomberos era “Salvar vidas y combatir incendios”. Hoy día es “Salvar vidas, combatir incendios y proteger al medio ambiente”. Proteger el medio ambiente es una tendencia que tiene que ver con los incendios forestales, los materiales peligrosos, el derrame de combustibles, los químicos. Nosotros estamos hablando aquí y no sabemos cuántos químicos están corriendo por nuestras carreteras, de Panamá a Guatemala. Nosotros tenemos como Ministerio de Gobernación 350 bomberos y somos como un mil junto con los voluntarios. Pero de los 350 profesionales, hay 130 que son asistentes, paramédicos de auxilio avanzado (APAA), especialistas en búsqueda y rescate en estructuras colapsadas (BREC). La prevención de incendios es una de las grandes fortalezas nuestras, hemos asesorado a El Salvador y Honduras. Hemos creado muchas estaciones de bomberos, hemos ampliado la cobertura de protección contra incendios.
¿Está satisfecho?
No estoy satisfecho.
¿Qué le hace falta por hacer a la Dirección General de Bomberos?
Nicaragua tiene 153 municipios y apenas hay como 35 ó 40 municipalidades que tienen protección contra incendios. Estamos hablando que más de dos tercios de los municipios de Nicaragua necesitan protección contra incendios. Esa es una de mis grandes preocupaciones y es una meta, un reto, que estando o no estando yo dentro del Ministerio de Gobernación la voy a desarrollar.
¿De qué manera se podría alcanzar esa meta?
Bueno, hay muchos mecanismos. Uno es a través del trabajo voluntario. Nicaragua es un país pobre, todos sabemos que tiene muchas limitaciones económicas, no está en capacidad de cubrir todos sus municipios en materia de prevención contra incendios, y entonces necesita el voluntariado. Una de las metas es promover el voluntariado. Eso se logra con organismos internacionales, con amigos a nivel mundial. Yo logré meter a todos los bomberos de Centroamérica en la CTIF (Comité Técnico Internacional del Fuego), que es la organización más fuerte de bomberos en Europa, somos miembros de la NFPA (National Fire Protection Association) que es la organización más fuerte de bomberos en Estados Unidos.
¿Existe aún la idea romántica de ser bombero o ya hay quienes lo ven como un empleo?
No, yo no lo veo como un empleo. Te entregás de corazón. Es decir, si sos voluntario no tenés que pedir nada a cambio y eso es lo que deseo hacer en el futuro, entregar la vida por los demás. Una gran satisfacción que tengo es que no sé cuántas vidas he salvado. En mis 28 años jamás se nos ha muerto alguien en una ambulancia, ¡toco madera! Esas son las cosas que te hacen vivir, te llenan el corazón. El bomberismo no es como una jornada de trabajo, es una jornada de sacrificio.
¿Cómo está la participación de la mujer dentro de la Dirección General de Bomberos?
Después de la experiencia que Aminta Granera nos ha dado, increíble, con la cuestión de género en la Policía, nosotros hemos impulsado la participación de la mujer y cada día se incrementa, a tal extremo que ya se está formando una asociación de bomberas voluntarias a nivel centroamericano. En eso tiene un rol importante la arquitecta Alba Rosa González, ella trabaja para la Alcaldía y se metió al movimiento de bomberos voluntarios, y el Día de la Mujer nombré por primera vez en la historia de Centroamérica a la primera jefa de estación de bomberos, la capitán Victoria Morales.
Luego de su retiro, ¿cuál sería la dinámica para elegir a su relevo?
Yo me abstendría de opinar. La decisión es de las autoridades del Ministerio de Gobernación. He dado toda mi vida, modestia aparte, he hecho una escuela. La realidad es que me estrellé (emocionalmente), estoy pasando por un proceso de estrés y depresión. Ya llegué al máximo grado, ya no puedo aspirar más. Agradezco a la ministra Ana Isabel Morales el apoyo que me ha dado con mi problema de salud.
Durante sus 25 años en la dirección han pasado varios gobiernos…
Mirá, eso es interesante porque algunos dicen que yo me he “entronizado” en el puesto. Pero yo soy un funcionario público. Con mis 28 años de carrera te puedo mencionar a los ministros de Gobernación que han pasado. Lo que sí reconozco es que han respetado mi profesionalismo, yo me he entregado a servir y hoy estoy pagando las consecuencias.
¿Qué le recomendaría a su relevo?
¡Opa! Mucho. Mantener las relaciones internacionales, que más que relaciones son amistades, mejorar la academia de los bomberos, invertir en ella, mantener la capacidad de combate que hemos logrado alcanzar y ampliar la cobertura de protección contra incendios, ampliar las estaciones, ya sean voluntarias o profesionales. Nicaragua lo necesita. Los bomberos de Nicaragua, a pesar de las limitaciones, somos muy conocidos en toda Centroamérica.
Los regalos del comandante
Nació y creció en Acoyapa. Un día decidió dejar su hogar. Héctor Sevilla tenía 17 años, era apenas un bachiller queriendo ser ingeniero mecánico. Su hermana Tere quería ser arquitecta. Tomaron sus mochilas y se fueron a Puebla, México.
“Nos fuimos con el consentimiento de nuestros padres, en Tica Bus. Me acuerdo que dormimos en un hospedaje de mala muerte en El Salvador. Ella se matriculó en la Universidad Autónoma de Puebla (UAP), y yo en el Tecnológico de Puebla”.
Eso fue en 1976. El mismo año en que se unió al Frente Sandinista. “Mi padre era opositor de Somoza y pertenecía a las líneas de Fernando Agüero, pero ya con la revolución, él se hizo sandinista. Incluso fue candidato a diputado suplente en las elecciones de 1990. Perdió, pero el juego democrático así es”.
Cuando le faltaba un año para terminar la carrera, recibió la noticia de que Julio, uno de sus seis hermanos, había sido capturado por la guardia de Somoza y estaba siendo torturado. “Dejé de estudiar y me regresé a Nicaragua”. Pasó a la vida clandestina.
Luego de la “tormenta”, “un día me dijeron ‘vas a los bomberos’. Andaban buscando un jefe de bomberos por 15 días, y como yo había estudiado ingeniería mecánica me mandaron 15 días y me quedé 28 años”.
Tiene dos hijos. “Mi primera esposa fue Keyla Rodríguez, tenemos una hija de 20 años, estudia Medicina, Amanda Isabel. Luego estuve 15 años casado con una cubana médica, tenemos un hijo, Héctor Alejandro”.
Con lujo de detalles recuerda desde la primera tormenta hasta la última que le ha tocado vivir como bombero. “Aquellos fueron días inagotables”, dice.
“Por razones de trabajo no apago el radio nunca. Tampoco he tenido derecho a vacaciones. Aunque esté en mi casa, tengo encendido el celular, aunque no esté en la oficina, tengo que dar instrucciones”.
“Dice mi madre que el primer regalo que tuve fue un carro de bomberos. Yo no me acuerdo. A mi padre, un gran emprendedor, ganadero, le agarraba los camiones y se los desarmaba. Esa fue mi pasión por la mecánica y eso me llevó a ser director de los bomberos”.
“Aquí en mi casa guardo tres foto, una cuando entré a Managua dirigiendo las tropas que estuvieron conmigo, a mis 23 años; una foto de mi abuela que adoro, Isabel Núñez, murió a los 104 años; y un regalo que me hizo una hija del Ché Guevara, lleno de caracoles blancos y conchitas negras”.
Héctor Sevilla posee el grado de comandante de brigada. “Sólo tres personas han tenido ese grado en Nicaragua: René Vivas Lugo, Lenin Cerna y yo”.
Desde que dejó su casa de Acoyapa nunca más volvió a vivir con sus padres, pero desde que piensa en retiro, se siente más cerca de ellos.
Le encanta la música y el humor. “Tengo dos amigos que son locos. Andan promoviéndome para meterme al libro de los Guinness Record, andan investigando quién a la edad de 22 años ha llegado a ser director general de los bomberos de un país y se ha mantenido 28 años en el mismo cargo. Es jodedera de ellos, pero bueno, no los puedo detener, es una iniciativa muy personal”.