- Mayweather pretende convencer
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¿Será la del 5 de mayo, la gran noche de Floyd Maywaether?
Invicto en 37 combates con 24 nocauts, dueño de cuatro coronas entre 130 y 147 libras, ganador indiscutible en cada batalla, el púgil más difícil de vencer actualmente en el planeta, considerado número uno en el ranking libra por libra, ¿qué le hace falta para ser calificado como grandioso?
Frente a las exigencias, eso toma tiempo. Pueden preguntarle a Muhammad Alí, Ray “Sugar” Leonard y Alexis Argüello. Ellos sudaron, sangraron, impactaron, hasta que finalmente convencieron.
Viendo a Floyd Mayweather funcionando como un signo de taquigrafía entre las cuerdas, desapareciendo súbitamente y regresando con desconcertantes combinaciones, sólo para volver a escapar de la zona de peligro, moverse por los costados con aquella maestría mostrada por John Travolta en Vaselina, y manejar lo especulativo como un arte, uno piensa que el boxeo se puede convertir en poesía, pintura o música.
Cierto, Mayweather no dispone del agregado de riesgo, violencia y poder que convirtió en espectaculares, a peleadores tan versátiles y deslumbrantes como Ray Robinson y Ray Leonard, y más bien parece un pariente del Shane Mosley que, sometido a cuestionamientos, complicó terriblemente en dos combates a Oscar De la Hoya, derrotándolo.
En sus 16 peleas titulares, Mayweather ha recorrido toda la ruta en 8 ocasiones, incluyendo las dos últimas con Zab Judah y Carlos Baldomir, y en otras dos ha caminado 10 asaltos.
Si De la Hoya, bien preparado como está comprobado, es el rival de más jerarquía que Floyd ha encontrado en su camino, y tendrá una ventaja de peso que hace crecer su índice de asimilación, aumentando al mismo tiempo los megavatios de su golpeo, la posibilidad de verlo doblegarse bombardeado, es reducida.
Mayweather no sabe lo que es sufrir. El público no lo ha visto salir de las brasas como todos los verdaderamente grandes lo han hecho. Marciano bañado en sangre, convertido en una fiera incontrolable; Leonard, cortado y casi sin poder ver, evitando una derrota ante Tommie Hearns; Alí, derribado con su mandíbula grotescamente hinchada; Chávez, arrebatando heroicamente una pelea a Meldrick Taylor; y De la Hoya, cerrando sorprendentemente en forma huracanada contra Ike Quartey en su triunfo más impresionante, atravesaron por la gran prueba de suficiencia, que Floyd tiene pendiente.
Es un caso como el de Roy Jones. Se creyó que era tan bueno, que inutilizaba a quienes lo retaban con una facilidad insultante, y por lo tanto, su superioridad no podía ser medida. Hasta que rebotó con Antonio Tarver y Glen Johnson.
En el momento de convencer, Jones falló.
Mayweather está en ese momento, pero necesita imponerse en una pelea difícil. Es decir que si lograra borrar del ring a De la Hoya, muchos dirán, como ocurrió cuando Trinidad fue desarticulado por Winky Wright, que Oscar es una sombra de lo que fue. El reto, ahí está, bien dibujado.