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Las vacaciones de Semana Santa son, para un buen número de nicaragüenses, sinónimo de diversión bajo el sol, lo que puede causar una especie de resaca. Al regresar de la playa, muchos traen consigo una quemadura solar que puede ser a la larga, muy peligrosa en el sentido que las quemaduras solares van produciendo un efecto acumulativo en las células que puede incrementar las posibilidades de aparición de cáncer en la piel.Una piel deshidratada se muestra apagada, rugosa, tirante y falta de flexibilidad; produce sensación de tirantez y presenta escamas y arrugas finas y a menudo produce picor y escozor.
Existen diversas formas en que podemos rehidratar nuestro organismo y la piel. Entre ellas se encuentra la aplicación de compresas frías y baños en agua cristalina o con manzanilla. Ambos le brindarán un enorme confort y alivio a su piel maltratada. Asimismo, puede aplicar lociones que ayuden a reducir las quemaduras.
Asimismo, es necesario tomar una gran cantidad de agua al día para restaurar la pérdida de líquidos y rehidratar las células. Igualmente, es necesario mantener una dieta a base de frutas que tengan betacaroteno y vitaminas A y D, y vegetales que contengan antioxidantes, que ayuden a combatir los radicales libres, átomos de células que se liberan cuando la persona se expone al sol.
Para lograr la rehidratación, además de las medidas anteriores, usaremos productos cosmecéuticos hidratantes que restituyan la homeostasis de la piel (estado de equilibrio dinámico), que retrasen el envejecimiento cutáneo a través del aporte de lípidos de calidad, humectantes y agua. La persona indicada para recomendarlo es su dermatólogo.
Además, todas las personas que deseen mantener una piel bien hidratada que sea resistente, flexible, de aspecto agradable, luminosa, suave y lisa al tacto debe evitar al máximo los jabones y productos astringentes que resecan aun más la piel.
También debe evitar aclarar su rostro con agua altamente clorada y los baños demasiado frecuentes o prolongados que tienden a macerar la piel. Evite cambios bruscos de temperatura, la climatización excesiva y las prolongadas exposiciones solares.