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Tuvo la protección del señor Adolfo Shiffman, aprendiendo taxidermia y nociones de ingeniería civil. A la muerte de quien le tenía mucho aprecio se trasladó a Managua, pero fue afectado por el aluvión del 4 de octubre de 1876. Queriendo construir una casa, descubrió que en unas piedras había huellas humanas impresas. Así comenzó a formar una colección que tenía en su taller de taxidermia que era muy visitado.
El 26 de agosto de 1897, el general José Santo Zelaya López decretó la fundación del Museo Industrial, Comercial y Científico, y nombró director al doctor David J. Guzmán. Don Diocleciano fue nombrado Formador del Museo. Todos sus fósiles y colecciones fueron donados al Museo que se inauguró en 1900.
Don Diocleciano se consagró a la taxidermia, arqueología, botánica, etnología, geología. Tuvo relaciones con las principales instituciones científicas del mundo, mantenía correspondencia y era visitado por importantes personalidades, manteniendo siempre su humildad, dedicado a su familia, la que le dio todo su apoyo, sus pequeñas hijas Celina, Rosita, Crisanta con su hermano Sigifredo, hacían la limpieza del Museo sin recibir salario.
Fue su hija Crisanta (1900-1981) la que más aprendió de su progenitor, en especial la taxidermia. A partir de 1926 formó parte del personal. A la muerte de su padre, el 28 de octubre de 1936, la señorita Crisanta asumió la dirección del Museo hasta 1971, salvo el año de 1960.
En 1949, la señorita Crisanta recibe como colaboradora auxiliar a Leonor Martínez Ramírez, una jovencita nacida en Managua el 11 de enero de 1929. En 1952 ingresa también al personal del Museo su hermano Roberto, ambos se convierten en los más cercanos continuadores de la obra de don Diocleciano. Doña Leonor Martínez de Rocha fue directora de 1979 a 1997. Entre los reconocimientos recibidos están en 1990 la Orden Cultural Rubén Darío, en 1995 la Orden Salvador Cardenal Argüello, de la Alcaldía de Managua. Falleció el 3 de julio de 1999.
Si bien en el patio del Palacio de la Cultura está el busto de don Diocleciano, hace falta que el Instituto Nicaragüense de Cultura tenga un sitio donde se recuerde en forma especial a su hija Crisanta, a doña Leonor Martínez de Rocha y se le haga un homenaje en vida a Roberto Martínez Ramírez, quien se entregó al Museo por más de cincuenta años.
Don Diocleciano Chaves López y su hija Crisanta, durante 65 años tuvieron la dirección del Museo Nacional que ahora lleva el nombre de él. (LA PRENSA /COLECCIÓN MUSEO NACIONAL)
Padre e hija se consagraron al museo
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