Doña Corine en la inauguración del Campeonato Nacional de Beisbol Infantil, el pasado 11 de abril en Sébaco. (LA PRENSA/G. MIRANDA)

UNA APASIONADA

A sus 82 años, Corine Gilchrist aún vive unida a la pasión que le provoca este deporte [doap_box title=»“Hacen falta valores”» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Para doña Corine Gilchrist, el beisbol nicaragüense se desarrolla significativamente, pero hace falta que se inculquen valores en los jugadores. “Ahora hay muchos equipos y campeonatos cada año, pero siempre he dicho […]

  • A sus 82 años, Corine Gilchrist aún vive unida a la pasión que le provoca este deporte
[doap_box title=»“Hacen falta valores”» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Para doña Corine Gilchrist, el beisbol nicaragüense se desarrolla significativamente, pero hace falta que se inculquen valores en los jugadores.

“Ahora hay muchos equipos y campeonatos cada año, pero siempre he dicho que es necesario inculcarle valores a los jugadores”, explica Corine.

Pero una de las preocupaciones de esta mujer es también la falta de infraestructura deportiva en la comunidad de Sébaco.

“Se debe hacer más estadios de beisbol. Es preocupante que Sébaco sólo tenga un estadio y en condiciones regulares”, considera Gilshrist.

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CORINE GILCHRIST RESPIRA BEISBOL

La hacienda El Naranjo, ubicada en Río Viejo, a cinco kilómetros al norte de Sébaco, se encuentra una casa blanca, rodeada de inmensos maizales y sembradíos de arroz, pastos tan verdes que permiten respirar el aire fresco y puro, habitual en el campo.

La propietaria de este hermoso lugar es Corine Gilchrist, quien habitualmente se encuentra en la sala de la casa, viendo por la televisión algún partido de los Reales de Kansas City o los Cardenales de San Luis. En sus manos siempre sujeta un cuaderno y un lápiz, para anotar todas las incidencias del juego.

Generalmente su hijo, Alex Torres, la llama por teléfono o la visita en la hacienda, le pregunta cómo estuvo el juego y ella saca su hoja de anotación para comentarle con lujos de detalle lo que pasó en el partido.

“Cada vez que no veo un partido de beisbol, llamo a mi madre o la visito para preguntarle cómo estuvo el juego y cuando voy a su casa siempre vemos y comentamos acerca del partido”, explica Torres —hijo de Corina—, un destacado beisbolista nicaragüense en la década de los setenta.

Los ojos de esta mujer hablan de sus orígenes. Su sonrisa atestigua la satisfacción de tener una vida en paz y de su voz campante pueden escucharse un impresionante conocimiento y dominio del beisbol.

“A mí me encanta el beisbol, toda mi familia ha jugado este deporte y siempre he tratado de retransmitir ese valor deportivo a mis hijos, porque el beisbol es un deporte lleno de magia”, comenta Gilchrist.

HACIA TIERRAS PINOLERAS

La familia de Gilchrist proviene de Europa. Sus padres emigraron de Escocia a Estados Unidos en 1869 y se asentaron en una pequeña granja en Kansas. Fue en esta ciudad donde nació Corine, la menor de siete hermanos, criada en familia llena de valores y amantes del beisbol.

“Recuerdo que mi papá nos enseñaba a jugar beisbol. Siempre jugaba en la segunda base, pero no era tan buena en el bate, pero me caracterizaba por ser un buen elemento defensivo”, asegura Gilchrist.

Pero la vida de Corine estaría vinculada al beisbol el resto de su vida, porque el destino la traería a tierras pinoleras.

Pocos años después de la Segunda Guerra Mundial, Corine estudiaba Administración doméstica en la Universidad de Kansas. Fue allí donde conoció a Federico Torres, un joven nicaragüense que estudiaba Ingeniería Agrícola.

“Creo que mi vida estaba destinada a conocer a Federico porque él llegó a esta ciudad de casualidad”, piensa Gilchrist en voz alta, como si volviera a la época cuando conoció a Torres.

Por suerte, Federico Torres, recién llegado a Estados Unidos fue a buscar hasta Kansas a un amigo, pero estuvo sentado en una banca en la salida de la Universidad por tres días, hasta que apareció su amigo, el chino Wong y éste fue el personaje que lo convenció para que se inscribiese en la universidad. Fueron cosas del destino, tiempo después Corine y Torres se conocieron y se casaron.

Dada las circunstancias matrimoniales, Corine se mudó con Federico a Nicaragua, donde ambos formaron una familia en la Hacienda El Naranjo, Sébaco.

“Fue un cambio drástico, era un lugar totalmente diferente a mi país. La hacienda no era lo que es hoy, sólo estaban las tierras y la casa no tenía las condiciones necesarias, pero trabajamos juntos para salir adelante”, dice Gilchrist.

MADRINA DEL BEISBOL

En estas tierras norteñas nacieron Freddy y Alex Torres, los primeros hijos del matrimonio Torres-Gilchrist, a quienes apoyaron en las actividades deportivas.

Todas las mañanas el pequeño Alex tocaba la puerta del cuarto de sus padres y despertaba a Corine para que los llevará a jugar beisbol. Corine se subía al camión con los niños y los llevaba hacia el campo de beisbol.

“Siempre apoyé a Alex y al equipo donde jugaba. En ocasiones me las ingeniaba para conseguir dinero para los equipos, vendía comida, hacia arroz con leche y diferentes actividades para recaudar dinero para los niños”, explica entre sonrisas esta aficionada del beisbol.

De la boca de doña Corine sólo puede referirse a sus hijos con gran orgullo, pero principalmente exalta a su hijo Alex Torres, a quien apoyo desde inicios de su carrera en el beisbol.

“Lo seguía a todos lados, le daba cinco pesos cada vez que conectaba un jonrón y cada vez que jugaba mal, era la primera que lo criticaba y le decía en qué debía mejorar”, afirma Gilchrist.

Desde que pisó suelo pinolero, Gilchrist sintió que esta sería su segunda tierra y a pesar de que es una estadounidense natal, su corazón late como toda una pinolera, aferrada al pueblo de Sébaco, una comunidad que la aprecia mucho por su apoyo constante a las ligas menores de beisbol de este municipio.

“Esta tierra ha sido mi vida, le he dedicado mi vida a mi familia y a gozar y apoyar de un deporte tan maravilloso como es el beisbol. Si tuviera una gran fortuna para construir más estadios, lo haría para dárselos a los pobres», finalizó Corine Gilchrist.

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