Sylvana Vivas de Lacayo. (LA PRENSA/ U. Molina)

Fe en acción

“Estoy descubriendo mi misión como cristiana”, así resume Sylvana Vivas de Lacayo su labor en el Hogar San José Protector, ubicado en las afueras de Tipitapa, ahí ayuda a niñas en riesgo de edades comprendidas entre los cuatro y los trece años. El Hogar, inaugurado en septiembre del 2005 y administrado por tres hermanas de […]

“Estoy descubriendo mi misión como cristiana”, así resume Sylvana Vivas de Lacayo su labor en el Hogar San José Protector, ubicado en las afueras de Tipitapa, ahí ayuda a niñas en riesgo de edades comprendidas entre los cuatro y los trece años.

El Hogar, inaugurado en septiembre del 2005 y administrado por tres hermanas de la orden Hermanitas de la Anunciación, es parte de la Fundación Nueva Vida cuyo fundador y presidente es Monseñor Miguel Mántica Cuadra. Además de este centro, la Fundación dirige la Guardería Escuela San Martín de Porres en el barrio Nueva Vida en Ciudad Sandino.

La labor de Sylvana dentro del hogar es muy amplia. Incluye desde gestionar ayuda económica a través de proyectos y donaciones hasta la labor más importante de todas: la ayuda humana directa. Diferentes equipos de voluntarias asisten durante la semana a brindar ayuda académica, educar en la fe y en valores e impartir cursos de costura y artes. Incluso, a la escuela del Centro asisten también los niños de la comarca aledaña, El Chilamatillo.

“A mi lado colaboran muchas personas de buena voluntad. La gente quiere ayudar donde ve que su ayuda va a ser aprovechada al máximo y cuando existe una causa tan noble y tan humana como es trabajar con niños”, asegura.

Desde hace varios años, Sylvana Vivas ha pertenecido a una comunidad de fe dentro la Iglesia Católica en donde afirma que el Señor la ha venido preparando para abrirle las puertas a esta labor. “Esta obra ha sido un sello para mi fe, ya que ésta nos debe llevar a la acción porque una fe sin obras está incompleta”, asegura contenta de compartir su testimonio y confiando en que otras personas puedan experimentar lo que ella ha sentido.

Cada día que pasa, Sylvana le dedica más tiempo a esta labor, ya que en la medida que va ayudando, surgen aun más cosas que hacer. “Las niñas tienen la necesidad de amar y ser amadas. Nosotros somos papá y mamá para ellas. Lo que hacemos es lo único que ellas tienen. Ellas son una bendición para nosotros porque por medio de ellas podemos ver el rostro de Jesucristo y experimentar la dicha del amor cristiano. En la medida en que nos damos a los demás, morimos a nuestro egoísmo y le damos paso al actuar de Dios en nosotros”, dice Sylvana.

“Dios es quien va delante de la obra, Él es quien me da las fuerzas y me motiva a trabajar y la recompensa que recibo es superior a todo lo que yo pueda dar. La alegría que experimento y la paz interior no la cambiaría por nada. Estas bendiciones se proyectan a toda mi familia, quienes comparten conmigo este gozo”, agrega.

Sin embargo, Sylvana afirma que los retos son muy grandes y que la Fundación requiere de mucho apoyo económico para poder continuar la obra y que ésta es una oportunidad para compartir nuestros dones con los demás. “Todas las personas de buena voluntad son bienvenidas a colaborar”.

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