Es la frase que hemos leído de manera constante en los últimos cuatro años en los medios escritos de nuestro país. Y las estadísticas lo confirman, pues año con año la balanza comercial del sector se mantiene positiva, según datos del Mific.
Como dato relevante, en el año 2001 se importaron 18 millones de dólares en derivados de la leche en contraste con 15 millones que fueron exportados. Fue el último año en que tuvimos una balanza deficitaria. A partir de los años siguientes, el crecimiento acelerado de las exportaciones ha fijado una brecha de más de 40 millones de dólares a nuestro favor (15 millones de lácteos importados contra 57.6 millones de productos exportados en el 2006).
El sector lácteo es un sector de mucho futuro sin lugar a dudas, más aún al revisar las estadísticas del Magfor, las cuales indican que de 613,548,500 litros de leche producidos en el año 2006, solamente el 16.35 por ciento fue acopiado y procesados por la mediana y gran industria láctea.
Diversos especialistas han considerado que un 30 por ciento de esta producción es destinada al autoconsumo, y cerca del 50 por ciento se comercializa a través de canales informales de venta de leche cruda, producción artesanal de queso y otros derivados. Como es conocido, esta producción artesanal no se rige en su totalidad por el cumplimiento de las normas técnicas que garanticen al consumidor final las mínimas condiciones de calidad, higiene e inocuidad.
Interesante resaltar también que las principales importaciones de lácteos corresponden en un 50 por ciento a leche íntegra en polvo o fluida, siendo sus principales orígenes Nueva Zelanda (Anchor) y Costa Rica (Dos Pinos) respectivamente.
MÁS DE LA CADENA
Que Nicaragua a mediano plazo pueda satisfacer su mercado local de leche fluida o en polvo, en vista de que un 40 por ciento de la producción de leche no es transformada por la industria capacitada para brindar calidad o mejor aún, tenemos un gran trabajo como nación para reconvertir a la pequeña industria que en este momento a duras penas cumple con las normativas locales y menos aún con las internacionales.
Desde la perspectiva de los Objetivos del Milenio la segunda opción es superior, pues perseguiremos disminuir la condición de pobreza de nuestros ciudadanos y por ende a nivel mundial, a como se espera en los próximos años.
Sin embargo, el reto para el país en el tema de la cadena láctea es inmenso y son muchas las debilidades que poseemos a lo interno, como por ejemplo:
El mercadeo de nuestros productos a nivel interno e internacional es aún muy incipiente, lo que nos hace correr el riesgo de inundación de otras marcas.
Escasez de centros de acopio e infraestructura que garanticen el mantenimiento de la calidad de la leche e incrementen el acopio de leche de calidad “A”.
Inestabilidad y estacionalidad en los precios de la leche y en la producción de la misma.
Limitadas redes de frío, de caminos secundarios y de electrificación barata y de excelente calidad.
Bajos índices productivos y reproductivos de las hembras bovinas.
Deficiente material genético lechero y limitada infraestructura en las fincas; pueden ser mencionadas entre las más relevantes.
La globalización de las economías ha hecho despertar al pequeño productor, pero ya es tiempo que juntos sector privado y sector público empecemos a construir verdaderas condiciones para sacar a Nicaragua de la pobreza.
La autora es ingeniera agrónoma zootecnista, directora ejecutiva de la Cámara Nicaragüense del Sector Lácteo