- Decaimiento, anemia, problemas cardiovasculares, sobrepeso, deficiencias renales y más son sólo algunas de las enfermedades que provoca tener una alimentación deficiente
Los hábitos alimenticios son determinantes para una buena salud; es decir, somos lo que comemos. La nutricionista Ligia Pasquier, del Instituto de Climaterio y Menopausia, señala que para una buena salud, la alimentación debe ser balanceada y equilibrada en cuanto a calidad, cantidad y variedad, ya que hay alimentos que aunque son básicos para la alimentación tienen que saber combinarse y moderar las cantidades; de lo contrario, pueden perjudicar la salud.
Lo que le ponemos al cuerpo es lo que somos, según lo que consumamos así va a ser nuestra salud, nuestro ánimo, nuestras energías, es decir, nuestras capacidades desarrolladas van a depender casi en un ciento por ciento de lo que comemos, afirma María Gabriela Martínez, nutricionista de Soynica.
Los problemas de alteración o disminución del peso son los que mayormente se asocian a la alimentación; sin embargo, hay muchas enfermedades que son el reflejo de lo que comemos o de lo que no comemos.
Martínez asegura que una de las deficiencias que tenemos en el país es que hay una cultura de poco consumo de frutas, vegetales y hojas verdes, los cuales son sustituidos por productos industrializados, que además de ser poco nutritivos son causantes de algunos trastornos debido a que sus componentes químicos inhiben la absorción de los nutrientes.
Que nuestra medicina sea nuestro alimento. La mejor opción para prevenir enfermedades es el alimento balanceado y equilibrado. Un reflejo de falta de vitamina A en el cuerpo son las manchas en la piel; también son frecuentes los problemas respiratorios cuando no hay consumo de vitamina C, decaimiento cuando no consumimos carbohidratos o azúcar, anemias cuando no hay aporte de proteínas, afirma Martínez.
Cuando abundan carbohidratos en nuestra alimentación, la cargamos de energía pero también necesita alimentos de origen proteínico para la reparación de tejidos y formación de células. Sin embargo, el alto consumo de carbohidratos, según Pasquier, puede causar daños como obesidad o sobrepeso, triglicéridos altos, diabetes y enfermedades del páncreas.
Cabe señalar que la cantidad de carbohidratos que necesita el cuerpo es entre el 50 y el 60 por ciento de las calorías del día y cada gramo que consumimos equivale a cuatro calorías.
Las proteínas que se deben consumir son el 15 por ciento de las calorías del día y cada gramo también tiene cuatro calorías. Su exceso puede provocar problemas digestivos porque son difíciles de digerir, causa problemas renales y artritis.
Pasquier asegura que cuando hay alto consumo de grasa, lo más probable es que la persona llegue a tener sobrepeso, obesidad y otros problemas, sobre todo, cardiovasculares, se debe consumir menos del 30 por ciento del total de las calorías del día, cada gramo tiene nueve calorías.
Lo más recomendable en el caso de las grasas es sustituir las saturadas por las insaturadas, las cuales se digieren con mayor facilidad.
En cuanto a las frutas y vegetales, también se deben consumir con moderación, ya que aunque no tienen grasas, también tienen su nivel de calorías. Por ejemplo, un banano tiene 80 calorías y una naranja 40 calorías.
Pasquier recomienda de dos hasta cinco porciones al día, seleccionando frutas de colores intensos y los vegetales preferiblemente de color verde oscuro. Recuerde que lo que engorda o daña la salud es la cantidad, es decir, el desbalance entre la ingesta y el gasto energético.
Lácteos: una o tres porciones al día, son fuentes de calcio y de proteínas. Consumidos en cantidades excesivas se acumula como ácido úrico en los riñones, se corre el riesgo de formar cálculos biliares o artritis gotosa.
Sal: facilita la liberación del ácido clorhídrico, ayuda a transportar el potasio, favorece la digestión, controla la sed. En grandes cantidades daña el riñón, aumenta el volumen sanguíneo, lo cual puede provocar hipertensión.
Azúcar: es la fuente más importante de glucosa, lo ideal es consumir menos de 30 gramos al día, si la retiramos de la dieta, privamos al organismo de una fuente de energía que luego puede buscar en otros alimentos y dañar el organismo.
Proteínas: en cada comida debemos incluir una fuente de proteína, reparan tejidos y favorecen el buen funcionamiento de algunas hormonas. En exceso pueden provocar problemas digestivos, renales y artritis.
Grasas: su consumo debe ser mínimo, ya que las vitaminas liposolubles requieren de ellas para ser transportadas. En grandes cantidades pueden causar exceso de colesterol, obesidad, triglicéridos altos y sistema digestivo lento.
Carbohidratos: proporcionan energía y cuando el organismo no encuentra esa energía la busca en las proteínas, lo cual puede crear problemas en hígado, riñón y páncreas. Lo importante es seleccionar entre carbohidratos de harinas refinadas y harinas integrales. Su exceso se asocia a obesidad o sobrepeso, triglicéridos altos, diabetes y enfermedades del páncreas.
Cafeína: es un estimulante del sistema nervioso, si se consume más de 600 miligramos al día puede provocar taquicardias, nerviosismo; es agravante de la úlcera y la gastritis. Además, bota el calcio y obstruye la absorción del hierro.