(fotos la prensa/t. stargardter)

“nunca he negado que nací en nicaragua”

NACIDA EN MANAGUA EN 1970, SYLVIA POLL SALTÓ A LA INMORTALIDAD BAJO LA BANDERA DE COSTA RICA EN 1988, AL GANAR MEDALLA DE PLATA EN LOS 200 METROS LIBRES DE LA NATACIÓN DURANTE LAS OLIMPIADAS DE SEÚL. HOY ECHA UN VISTAZO A AQUEL ACONTECIMIENTO, DEL CUAL SIENTE CADA DÍA MÁS ORGULLO sylvia poll, medallista de […]

  • NACIDA EN MANAGUA EN 1970, SYLVIA POLL SALTÓ A LA INMORTALIDAD BAJO LA BANDERA DE COSTA RICA EN 1988, AL GANAR MEDALLA DE PLATA EN LOS 200 METROS LIBRES DE LA NATACIÓN DURANTE LAS OLIMPIADAS DE SEÚL. HOY ECHA UN VISTAZO A AQUEL ACONTECIMIENTO, DEL CUAL SIENTE CADA DÍA MÁS ORGULLO

sylvia poll, medallista de plata olímpica

Ahora es fácil ver a Sylvia Poll convertida en el centro de la atención. Los niños y los jóvenes quieren una fotografía con ella y los periodistas debemos hacer fila para una entrevista.

Pero detrás de esta espigada mujer, de piel blanca, vivaces ojos verdes y pronunciadas facciones europeas, hay toda una historia cargada de heroísmo y matizada por el éxito.

Nacida en Managua el 24 de septiembre de 1970, Poll se trasladó nueve años más tarde a Costa Rica, donde su familia fijó su residencia y adquirió la ciudadanía tica en 1986.

Dos años después, en 1988, Sylvia saltaría a la inmortalidad, al convertirse en la primera atleta centroamericana en conquistar una medalla olímpica durante los Juegos de Seúl.

Desde entonces han pasado casi 19 años, pero Poll lo tan recuerda nítidamente como si hubiera sido ayer.

“Fíjate, pero es curioso, yo recuerdo todos los detalles del día que gané la medalla. Me recuerdo en el podio inclinándome para recibir la presea y todo lo que vino después. Los mensajes de la gente a través del telefax y las cartas que con dibujitos me enviaron muchos niños, pero es ahora con el pasar de los años que he comprendido realmente el alcance de lo que hice”, dice Poll, con humildad en su voz.

Sylvia vino a Nicaragua invitada a la premiación de los Juegos Centroamericanos de Colegios Alemán y muy amablemente conversó con LA PRENSA, en un intervalo de sus compromisos en nuestro país.

¿Qué sentimiento te produce venir a Nicaragua?

Me emociona mucho. Es aquí donde nací. Eso nunca lo he negado. Recuerdo mi infancia muy linda, muy sana, muy positiva. De andar en fincas y comer mucha tortilla y arroz con frijoles. Eso aún lo hago.

Aquí se ha comentado que has dicho que nunca te has sentido nica…

Me alegra que me preguntes eso y ojalá lo escribas completo como te lo estoy diciendo, porque siento que en eso se me ha puesto como la mala de la película y no he tenido la culpa en muchas cosas. Nunca he negado que nací aquí. Eso sería ridículo. Mi papá que murió a mis 12 años, está enterrado aquí. Mi madrina es chinandegana, se llama Silvia Padilla y la quiero muchísimo. Así que tengo muchos nexos con este país. Pero como atleta yo me hice en Costa Rica.

¿Fue decisivo para tu éxito moverte a Costa Rica?

No lo creo. Pude haberlo hecho aquí también. Es asunto de trabajar, tenemos que dejarnos de excusas. Yo trabajé duro, nunca salí de Costa Rica a entrenarme en otro país y mi entrenador fue un tico. El apoyo que tuve fue de mi familia y de las familias del club. Yo no hice dinero nadando. En mi época no había premios. Así que tuve que estudiar y terminar una carrera profesional para poder vivir.

¿Te ha tocado algún momento incómodo con este asunto de la nacionalidad?

Sí cómo no. Una vez un señor me salió reclamando en una actividad pública. Y luego los ticos defendiéndome y se armó un alboroto. Yo lo que he dicho es que yo nací en Nicaragua, pero eso no fue mi voluntad. Uno no decide esas cosas. Como tampoco decide moverse a tal o cual país. Me refiero a la edad en que nos fuimos. Yo tenía nueve años. Mis papás vinieron a este país por razones de trabajo, así que pude haber nacido también en Alemania, lo que pasa es que siempre le estamos buscando la parte negativa a las cosas, en lugar de sacar provecho de aquello que nos une para mejorar todos.

¿Aquí nunca nadaste?

Nadé pero para no ahogarme porque andábamos en ríos, el mar o en piscinas, pero de forma competitiva nunca nadé. Imagínate que me han dicho que hay personas que aseguran que ellos me entrenaron aquí y la verdad es que no competí aquí. Yo quisiera decir que sí, que es cierto, que hay gente que me involucró en la natación aquí, pero no es cierto y la verdad hay que decirla.

¿Y tus papás no te introdujeron en la natación aquí?

No. Es que en mi familia no se hacía deporte. Mi mamá era de las que se metían al agua tratando de que no se les mojara la cabeza para que no se le dañara el peinado. Así que en aquel momento, nunca hubo ese afán de nadar y luego competir.

¿Cómo te vinculás a la natación?

Yo diría que por pura casualidad. Nosotros llegamos a Costa Rica en 1979 y en enero de 1980 el señor que nos alquila la casa en San José, le dice a mi mamá que están por comenzar los cursos de verano en un club (Cariari) en el que están sus hijos, que por qué no inscribe a las niñas ahí. A mi mamá le gustó la idea porque era una buena forma de invertir el tiempo, además que nosotras (ella y Claudia) éramos muy inquietas.

¿Qué vino después?

Bueno, ahí estaba el que luego sería mi entrenador, Francisco Ríos, quien me invitó a participar en su equipo. No porque haya visto en mí algo especial o porque yo estaba decidida a competir, sino porque me gustó el ambiente, los amigos que ahí pude encontrar y porque la natación me resultaba un juego, y jugar es lo que todo niño desea. Yo tenía entonces nueve años.

¿Cuándo descubrís que la natación podría ser más que un juego?

Cuando comienzo a ganar en los torneos locales en los que participo y me va gustando eso. Luego para 1983, mi entrenador habla con mis papás y les dice que mediante un plan y con el apoyo de ellos, puedo llegar a convertirme en una atleta de alto rendimiento. Y mis papás me apoyaron en todo momento.

n ¿Alguna vez imaginaste ganar una medalla en una olimpiada?

No, pero a la medida que fui ganando en los distintos eventos internacionales en los que participaba, fui viendo que podía alcanzar un peldaño más y junto a mi entrenador y mi mamá, seguimos trabajando duro hasta alcanzar lo que nos habíamos propuesto.

Lo propuesto, era la a medalla…

Sí, no lo decíamos públicamente, pero dentro de cada uno de nosotros trabajábamos para eso. Fue una medalla que la conseguimos luego de trabajar ocho años. Yo hablo en plural porque fue un trabajo de equipo, con muchas levantadas a las tres de la mañana y nadando con muchas limitaciones y en una piscina con agua fría, generalmente a menos de 20 grados, pero al final valió la pena todo el esfuerzo.

¿Y de pronto estabas en las olimpiadas de Seúl 1988?

No de pronto, sino luego de un gran esfuerzo. Al obtener medallas en Juegos Centroamericanos y del Caribe, en torneos de la Confederación Nortecentroamericana de Natación y ubicarme de primera en el ranking mundial, consideramos la medalla y trabajamos para ello. Luego llegó el momento de estar en una olimpiada. Y fijate que el sólo hecho de estar en una olimpiada es una cosa bella aún sin ganar.

Y cuando ganás la medalla, ¿cómo reaccionaste, cómo fue eso?

Vieras que es algo muy extraño porque de pronto en dos minutos, se había culminado un sueño de ocho años. Es como cuando te fallece alguien de pronto, es decir, las cosas te suceden como muy rápido y no tenés tiempo de reaccionar. Yo había quedado de segunda en las eliminatorias y luego vino el día de la final y en 1:58 minutos todo había concluido. Recuerdo que gané la medalla, subí al podio, vinieron las entrevistas y unos instantes después todo había acabado.

¿Cuándo realmente te percataste de lo que hiciste?

Eso es con los días, con los años. De pronto comencé a recibir cartas, faxes y muchos mensajes. Entonces uno se va dando cuenta de que en realidad hice algo importante, algo que impacta de forma positiva es muchas personas y eso es muy satisfactorio. Porque incluso, yo gané la medalla hace casi 20 años y aún me dicen que hay personas que desean conocerme, saludarme y es entonces cuando uno comprende la magnitud de lo que hizo

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