- Una pareja asegura que su vida rodeada de animales les ha llenado de bendiciones y mucha alegría. Los Centeno López crían 22 gatos y 8 perros, a quienes quieren y cuidan como a sus propios hijos
“¡Vení muñeco!”, llama Francisco Centeno a uno de los ocho perros que tiene en su casa. Es un hush puppies al que le cuesta caminar, cojea por toda la casa ubicada en el Barrio Altagracia.
Al otro lado de la vivienda está Juana López, esposa de Centeno, quien intenta apaciguar a los otros siete perros que ladran por la presencia de desconocidos. No le hacen caso. Los ladridos continúan.
—Calmalos que a vos sí te hacen caso —le dice Juana a su esposo.
—¿Qué les pasa a ustedes? —les pregunta Francisco a los perros. Los ladridos cesan.
LOS INICIOS
Hace aproximadamente 13 años, los Centeno López tomaron la decisión de demostrar su amor y compasión por los animales. “Un día unos chavalos estaban maltratando a un gatito, entonces yo se los quité y me quedé con él”, dice López, quien asegura que fue así como inició recogiendo gatos y perros callejeros que estaban siendo maltratados o que estuvieren enfermos.
Esta pareja tiene cuatro hijos, de los cuales solamente uno vive con ellos.
También tienen 22 gatos y 8 perros en su casa a quienes consideran parte importante de su vida. “Son como nuestros hijos”, asegura esta pareja que con certeza dice haber compartido momentos inolvidables y experiencias maravillosas con sus animales. “Para nosotros ellos nos han dado una razón para vivir”, asegura Centeno.
MUCHOS SACRIFICIOS POR AMOR
Centeno tiene 48 años, es graduado en Medicina y se ha dedicado a la medicina natural. Actualmente es comerciante. López tiene 52 años, trabaja como masajista, aunque con el cuido de tantos animales no le da tiempo para mucho.
Para esta familia mantener a 31 animales no ha sido fácil. Ellos invierten en la alimentación de los perros y gatos aproximadamente 1,200 córdobas mensuales. Además incurren en gastos de medicina y veterinario, que afirman es lo más caro. Sin embargo con la “ayuda de Dios y nuestros amigos hemos salido adelante”, dicen.
El amor de esta pareja hacia los animales es como el de unos padres hacia sus hijos. “Tenemos que limitar la compra de comida para nosotros para que ellos coman bien”, asegura Centeno, quien en ocasiones ha tenido que darles su comida.
“Yo no me puedo sentar a comer si ellos no lo han hecho. Prefiero que ellos coman primero”, dice López, quien afirma ser vegetariana, ya que no cree correcto vivir gracias al sufrimiento del reino animal.
Esta pareja asegura conocer como la palma de su mano a cada animal. Dicen que hay uno de los perros que come repollo, un gato al que sólo le gustan las frutas… “Hasta vegetarianos tengo”, afirma entre risas López.
SUS HISTORIAS
Cada perro, cada gato, tiene una historia. “Tenemos un gato que de chiquito era muy blanco, pensamos que era albino y por eso le pusimos Alvin”, dice Centeno.
Se escucha un grito: “¡Calixto cochino!”, le dice López, mientras el gato se orina con toda tranquilidad.
Centeno continúa. “Hay otro que se llama ‘Paquito’, cuando estaba pequeño yo lo subí a mi hombro y desde esa vez le encanta andar como periquito”.
Convivir con estos seres ha hecho a esta familia muy feliz. El sueño de ellos es salir de Managua y comprar un terreno para que sus animales vivan en mejores condiciones. Además esperan que Dios les dé lo necesario para que jamás dejen de hacerles en ocasiones especiales su comida festiva: recorte de carne con salsa de tomate, que según López, “les encanta”.