- Dicen que los nandaimeños son fachendos, fantasiosos y arrechos a poner apodos. “Aquí nadie se salva de los sobrenombres, ni los habitantes ni quienes nos visitan. Si alguien viene, no ha dado la vuelta en la esquina cuando ya tiene su apodo”, dice Chico “Cambalache”
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Su alias de pila es “Cambalache”, se lo encajaron no por el famoso tango de ese nombre, que considera al siglo 20 como una porquería donde los valores se revuelcan con los vicios, sino porque su padre, durante la gran depresión, ante la falta de circulante cambiaba sus artesanías de cuero por productos alimenticios.
“Eso fue allá por los años treinta, mi papá don Manuel Romero Vega tenía un tallercito de zapatería y talabartería en Las Maderas y como nadie llegaba a comprar, cargaba sus mulas y bajaba a Matiguás, ahí cambiaba albardas, fajas y zapatones por productos alimenticios. Luego dejaba sus mulas al cuido de alguien, alquilaba un carretón de caballo en el que cargaba con sus nuevas adquisiciones, continuaba su viaje hasta Managua donde merced a otros trueques obtenía lo que más necesitaba para el hogar”, recuerda don Francisco Armando Romero.
“Por esa razón a mi padre le pusieron ‘Cambalache’, sobrenombre que de alguna manera yo heredé”, afirma como divisando lejanías. Sus pequeños ojos se adormecen y casi en un murmullo añade: “Claro que me gusta el tango, y he escuchado Cambalache, que entre otras cosas dice que el mundo actual es un atropello a la razón, donde da lo mismo ser un burro que un gran profesor, o un hombre recto que un traidor”.
“Así, pues, llevo honrosamente ese sobrenombre, pero honradamente no soy diestro en los negocios. Pero aquí el que no tiene su apodo no es nandaimeño o no ha vivido en Nandaime”.
El sexteto pequinés
Al llegar a la casa de don Francisco Armando fuimos recibidos por un coro de ladridos de su sexteto de pequineses. Diminutos los chunchitos pero bravos como basiliscos.
Me llama la atención que usted sólo perritos chiquitos tiene. ¿Por qué?
Muy sencillo, son como los niños, extremadamente cariñosos, y se mantienen con menos dinero del que cuesta mantener un solo perro de presa. Yo les llamo mi alarma biológica, porque se alborotan si entra un extraño y ya vengo yo y me levanto.
¿Y los nombres de esos cánidos arrechosos?
El padrote se llama Riqui (y nos muestra un miniperro viejito, diminuto y desdentado), la esposa es Muñeca, los descendientes son Rocky, Monito, porque tiene carita de mono; Lassie y hay un chiquitito de dos meses que todavía no he bautizado. Ellos son mi entretenimiento, en ellos gasto por supuesto. Si se enferman, sobre todo el que ya está viejito, corro al veterinario aunque retuerza mis limitaciones económicas.
¿Se requiere algún ritual especial para bautizar estos animalitos?
No, no, no, no, yo no llego hasta eso. Les pongo nombre por sus características, aquel es Rocky y ha sido fuerte desde chiquito, pero como tuvo un hermanito mayor que se llamaba Rocky entonces le puse Rocky II, pero él no entiende esa nomenclatura.
De repente alguno llevará el nombre de Silvester Stallone…
¡Dios no lo permita! Lo que procuro es ponerles nombres de pocas sílabas, si fuera monosílabo mejor, así ellos entienden mejor.
Los murrucos de Nandaime
Me contaron que usted fue alcalde de esta ciudad. ¿En qué tiempo?
Más o menos en la década de los ochenta, no recuerdo exactamente si desde el 84 al 88, fueron como tres años.
¿Cuéntenos algo de la historia de Nandaime?
Amigó, realmente es poco lo que sé. Aquí no ha habido preocupación seria por escribir nuestra historia. Cuando uno es niño escucha leyendas sobre el origen de Nandaime, pero en concreto este fue un pueblo indígena que, incluso, tuvo su cacique.
(Hemos tocado el lado flaco de don Chico, respira a profundidad y con gesto autístico explica) “Nandaime es un nombre aborigen y significa ‘pueblo rodeado de arroyos’. Aquí había muchos riachuelos, con el avance tecnológico de la agricultura se abrieron muchos pozos artesianos que fueron secando el manto acuífero y los riachuelos que ahí nacían fueron desapareciendo.
La población aborigen de Nandaime fue exterminada por los conquistadores que los mataban o enviaban a trabajar como esclavos al Perú. Esta región quedó diezmada y vacía. Por eso los españoles trajeron esclavos africanos que se mezclaron con las nativas. Nandaime fue un enclave colonial, aquí era el Valle Notchari —situado entre Las Breñas y Ochomogo—, aquí fue donde se dio el combate de El Iguanero, entre el cacique Diriangén y los hombres de Gil González.
Los negros se fincaron por aquí y le dieron la característica racial que usted mira en el nandaimeño, es murruquito, negrito, viejuquito y por ende le dicen “patas cenizas”, aunque producto de la migración de la guerra, de esto y de lo otro, vino gente del norte y entonces yo digo chistosamente que nuestra raza “mejoró”, pero eso debe ser relativo, porque según se sabe lo que trajeron los españoles fueron enfermedades y vicios que no tenían nuestros antepasados.
Me imagino que era una raza muy sana, muy inteligente…
Bueno, tenían su cultura aunque nos quedamos un poco atrasados en relación a otras civilizaciones del Norte. Sin embargo, eran inteligentes, tenían una concepción filosófica de Dios y de los seres superiores.
Doña Rafaela y los Menier
¿Qué sabe usted de las plantaciones de cacao de Menier?
No tengo datos exactos. Fue una gran plantación de tabaco y cacao de excelente calidad. Sus dueños eran los señores Menier, que enviaban el cacao a Francia donde lo convertían en el famoso Chocolate Menier. De oídas sé que ellos vinieron como administradores de la plantación, que antes era propiedad de doña Rafaela Herrera.
¿De la heroína española del Castillo en Río San Juan?
Sí, de la hija de don Pedro Herrera, que vivía por estos lados. Según la historia don Pedro Herrera murió en el Castillo cuando atacaban los ingleses por el río San Juan, Rafaela asumió el mando cuando tenía apenas 19 años, hizo huir a los ingleses y posteriormente se quedó viviendo en Granada, se casó y murió sola, o algo así.
¿Es decir que vivió aquí en Nandaime?
Eso no lo puedo asegurar. Pero el Gobierno de ese tiempo le concedió por su hazaña derechos reales sobre tierras y propiedades.
El nandaimeño excéntrico
Pero ya espiritualmente, ¿cómo es el nandaimeño?
Mire amigo, a mí me gusta ser sincero, decir lo que pienso tratando de ajustarnos a la verdad hasta donde sea posible. A grandes rasgos el nandaimeño es campechano, alegre y exhibicionista. Si se toma una botella de ron de buena calidad él sale con la botella a la calle. Es jodedor pero cuando tiene una dificultad con alguien no lo enfrenta, sino que espera una oportunidad para avasallar al rival, sobre todo cuando cuenta con el respaldo de otros. Claro, ha habido nandaimeños destacados y no importa de qué signo político, José Dolores Estrada, el general Zapata, el general Talavera, que se distinguieron por su valor en las épocas de guerra.
Otra característica del nandaimeño, que no me he podido explicar y a veces la comento con personas muy cercanas, es hasta cierto punto un complejo, va por la calle y nos niega el saludo, pero esa misma persona que le negó el saludo hoy, al que usted le dijo “adiós amigo” y no le contestó, a esa misma persona usted se la encuentra fuera de aquí, en cualquier parte del mundo y viera usted que efusivo es. Yo he encontrado ciudadanos de Nandaime en México, en Chinandega, en Costa Rica o en Estados Unidos, y son un encanto, como quien encuentra a un familiar y aquí ni siquiera me conocían o si me conocían no me hablaban.
Tuvo razón entonces don Camilo Zapata que hizo un retrato del nandaimeño al decir “de zapatones, jamás usé caites”.
Para qué voy a seguir hablando, ese es un retrato. Sí, se dice de zapatones para diferenciarnos del caite. El indio usaba caites, pero ya el que usaba zapatones era el siervo de una hacienda, se creía con un estatus social superior al indio, aunque eran indios los dos.
Del minifundio a la maquila
¿De qué vivía el nandaimeño primitivo, el del tiempo colonial, el de la época de Zelaya y gobiernos posteriores?
Yo pienso que de una economía de autoconsumo, finquitas que producían guineos que salían a venderlos, que de hacer cajetas, rosquillas, que esto y que lo otro. Nandaime era muy pobre, incluso el ingenio sólo daba un empleo estacional, mientras duraba la zafra.
¿Qué aguarda al nandaimeño en los años futuros?
Pienso que al menos tiene futuro como cantera de mano de obra, porque las empresas que se vienen instalando llegan con una mentalidad empresarial de maquila, buscan mano de obra barata y excepciones de impuesto y anulación del derecho laboral. Pero bueno, algo es algo. Al menos circula el dinero para no morirse de hambre. Las zonas francas están proliferando y convirtiendo al que era obrero en un robot.
Por otra parte —que me perdonen mis conciudadanos—, las mismas universidades nos están formando como eficientes maquilas de los inversionistas, cuidadores de los bienes de los capitalistas foráneos o lo que es igual, de la llamada empresa privada, que no invierte para el bien del pueblo sino para llenar sus bolsillos.
Pero en definitiva ¿usted vive feliz en este pueblo?
Cada quien define su concepto de felicidad a su manera.
Si es sentirse en un estado pleno de bonanza y bienestar, en estos momentos yo no estoy bien económicamente. Carezco de muchas cosas. Si se trata de que mis perritos estén bien, eso me da alegría, igual saber que mis hijos se están desenvolviendo entre valores positivos. Yo tengo mi manera de ser feliz, lo soy cuando leo el diario, al escuchar noticias, saborear una que otra novela y dormir en mi hamaca.