Arnulfo Oviedo: un ejemplo del autoesfuerzo

[email protected] Era más o menos la mitad de la década de los ochenta cuando vimos entrar por primera vez a los estudios de grabación de Enigrac, la única empresa grabadora de discos profesional que existía para entonces en el país, a un flaquito vestido de manera muy humilde, guitarra acústica en mano, junto a sus […]

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Era más o menos la mitad de la década de los ochenta cuando vimos entrar por primera vez a los estudios de grabación de Enigrac, la única empresa grabadora de discos profesional que existía para entonces en el país, a un flaquito vestido de manera muy humilde, guitarra acústica en mano, junto a sus otros compañeros integrantes del desaparecido Grupo Pueblo, una agrupación vocal como pocas ha habido en Nicaragua, un país tan falto de este tipo de grupos de armonía vocal. Entraban a grabar su primer tema que si mal no recuerdo se llamaba Mujer.

El flaquito era Arnulfo Oviedo, asesinado hace un par de días por la violencia irracional que poco a poco avanza en el país y que en el resto del área es un denominador común. Desde entonces en los estudios sabíamos que había mucho talento en ese grupo y sus integrantes. Ese día Arnulfo, junto a Julio Vásquez (el director), Rufino y Mariano, nos dejaron su primera huella para la posteridad y luego cada quien tomó su propio rumbo a los pocos años. De Rufino y Mariano no sabemos su quehacer, sí de Julio, que es hoy un consagrado guitarrista y también de Arnulfo, guitarrista también y con una trayectoria firme en el ambiente musical del país. Eso se truncó violentamente con un disparo a quemarropa.

En el momento de su muerte, Arnulfo estaba catalogado como uno de los mejores guitarristas del país, pero no solamente como tal, sino también como arreglista y compositor que incursionó en el campo del jazz rock. Fuera de eso, poseía una buena voz y su lista de artistas a los que acompañó sobre la tarima es enorme. La actual era Keyla Rodríguez, su también compañera de vida y vocalista de primera línea dentro de nuestro quehacer artístico. Fue su última misión musical en esta vida.

Pero llegar hasta donde había llegado Arnulfo no fue fácil, sobre todo en un medio como el nuestro, en donde las facilidades para estudiar música son más que precarias. Él era un fruto del esfuerzo personal titánico, un autodidacta que llegó a brillar con luz propia. Al momento de su muerte era integrante del grupo Los Cinco del Este, pero antes había hecho experimentos con otros como Brahms, en donde el jazz era la prioridad fusionándolo con ritmos latinos y rock. Contaba siempre, para su suerte, con la base percusiva de primera calidad que le brindaba su hermano Miguel Ángel en la batería.

Su muerte enluta a todo el mundo artístico nacional. No todos los días aparece alguien con el talento que exhibió Arnulfo Oviedo en vida, por eso la tragedia es mayor. Reponerlo es difícil, en un medio donde los verdaderamente buenos se cuentan con los dedos de las manos. Y aunque Julio Iglesias en su primera canción decía que “al final las obras quedan las gentes se van, otros que vienen las continuarán, la vida sigue igual”, en este caso la vida no seguirá igual. Al menos entre el gremio de guitarristas no lo creemos.

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