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Los héroes que nunca fueron se merecen cinco perros calientes por la historia La Conquista del Honor Si hubiera apostado para las candidaturas de los Oscar, me hubiera quedado sólo con los calcetines. Leonardo Di Caprio y Meryl Streep, por quienes tenía mucha esperanza que ganaran la estatuilla por mejor actor y actriz, se fueron […]

Los héroes que nunca fueron se merecen cinco perros calientes por la historia

La Conquista del Honor

Si hubiera apostado para las candidaturas de los Oscar, me hubiera quedado sólo con los calcetines. Leonardo Di Caprio y Meryl Streep, por quienes tenía mucha esperanza que ganaran la estatuilla por mejor actor y actriz, se fueron a su casa a como lo han hecho antes, entre el silencio y la oscuridad y Martin Scorsese logró lo que casi pedía a gritos, que se le reconociera su trayectoria.

En perspectiva, puedo afirmar que su película Los Intrusos estaba bien, pero sigo manteniendo que no era para un Oscar, a como se veían de favoritas Babel y El Laberinto del Fauno.

Sé los méritos y la cantidad de seguidores que tiene Scorsese, pero sinceramente me parece que Pandillas de Nueva York era mejor que Los Intrusos. Sin embargo, hay que aplaudir a Scorsese que por fin se fue con dos premios.

Y, es mejor seguir adelante y disfrutar de La Conquista del Honor o en español, La Bandera de Nuestros Padres, que cuenta la historia de una famosa foto tomada el viernes 23 de febrero de 1945 en la que varios soldados estadounidenses levantan una bandera en la isla de Iwo Jima durante el conflicto bélico entre Estados Unidos y Japón.

Hay que retenerla lo más posible porque dentro de poco vendrá la versión japonesa de la misma historia.

Esta propuesta de Clint Eastwood nos presenta dos películas sobre un mismo tema, la guerra vivida desde cada frente y en la que sus testigos nos muestran el desborde de metralla, bombas y dolor en esos días cuando el mundo estuvo al borde de la demencia.

Eastwood no anda con rodeos ni romanticismos nacionalistas.

Nos presenta un perturbador drama del destino que corrieron estos “héroes” convertidos en fenómenos de feria y de cómo su imagen cuando izaban la bandera de su país fue utilizada para asegurar el apoyo económico a una guerra que ahogaba económicamente a la nación.

La cinta presenta una cuidada narrativa de presentes confundidos con ayeres en un tono desolador y luctuoso sin las estrafalarias ni rimbombantes escenas de Rambo y con reflexión en diálogos cotidianos y sinceros.

Ahora falta rezar para que Cartas de Iwo Jima no tarde tanto y podamos verla antes de Navidad. Pero sorpresa, ya tenemos a Babel y faltan el Laberinto del Fauno y de Borat que para fortuna no lograron muchos premios y podrían llegar a nuestras salas de cine sin muchas complicaciones.

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