Durante los últimos 20 años el tema de las microfinanzas ha recibido mucha atención. Desde el éxito del Grameen Bank en Bangladesh quedó comprobado que muchos micro y pequeños productores y productoras, considerados “no-bancable” por la banca formal, pueden asumir responsabilidades financieras y pueden hacer crecer sus negocios con capital de riesgo.
En el período mencionado las instituciones microfinancieras (IMF) han logrado posicionarse en medio de un mercado anteriormente dominado por la banca formal por un lado y los prestamistas privados por otro lado.
A pesar del éxito y de la atención recibida, las IMF han generado también muchas críticas entre productores, gremios y hasta grupos políticos por los altos costos de financiamiento que les están cobrando a los usuarios finales.
Esta discusión es muy compleja y se mantiene hasta la fecha. Los argumentos principales de las IMF por los altos costos están relacionados al alto riesgo de incumplimiento de pago de los clientes y el alto costo administrativo por cliente. Además muchas IMF funcionan con capital del “tercer piso”, que entra con un costo alto y que tiene que cobrar al cliente final.
Sin embargo es difícil eliminar, sobre todo en muchos pueblos semirrurales, la imagen de un grupo de ejecutivos bien remunerados en oficinas lujosas, lo que difícilmente justifica en los ojos del cliente (potencial) los altos costos financieros .
Fomentar la competitividad empresarial es una cosa, el fomento de la competitividad territorial es de otro orden. Para ambos tipos se requiere financiamiento, pero con diferentes modalidades. Para la competitividad empresarial se trata de capital de riesgo (corto y largo plazo); para la competitividad territorial se requiere una mezcla de fondos públicos y capital privado de riesgo. Este último es una modalidad aplicada frecuentemente en países desarrollados mediante cooperaciones público-privadas. Estas PPP (por su abreviamiento en inglés) se basan principalmente en confianza mutua entre los actores involucrados; un elemento extremamente débil en muchos países en vía de desarrollo.
Esta confianza mutua tiene que ver con valores históricos-culturales, orgullo local, sentido social-empresarial, pero además debe estar reflejada en instituciones y leyes u ordenanzas que transformen estas dinámicas virtuales en más ventajas competitivas y en un entorno con calidad de vida.
Las IMF montan sus oficinas en territorios donde existe una suficiente masa crítica de clientes para ofrecerles financiamiento de rotación rápida, principalmente en el sector del pequeño comercio. Por este motivo abundan las IMF en las ciudades con número mayor de 50,000 habitantes. Al mismo tiempo en estas zonas urbanas la competencia feroz entre las IMF promueve el aislamiento de las mismas de las estructuras socioeconómicas locales, desconectándose prácticamente del desarrollo de estos territorios. En zonas rurales y semirrurales la concentración de IMF es muy limitada y los productores no tienen muchas opciones. Igualmente se ve en estas zonas un aislamiento de las (pocas) IMF en cuanto a un desarrollo local integral.
Es cierto que las IMF deben dedicarse a su core business, que es prestar servicios financieros a las iniciativas empresariales viables. Sin embargo constatamos que para un crecimiento competitivo de empresas el entorno territorial e institucional favorable en que operan las empresas es de mucha importancia. Para el desarrollo de un territorio se necesita en primer lugar voluntad por parte de sus propios actores. Esta voluntad está basada en confianza mutua y visión de desarrollo compartida. En segundo lugar se necesitan recursos financieros para inversiones para el mediano y largo plazo. La inversión pública es muy importante, pero la inversión privada es aún más importante, ya que muestra a todos y todas la confianza que tengan los actores en el territorio.
En este aspecto las IMF pueden jugar un papel más activo en el desarrollo de una localidad en vez de limitarse a ser solamente una ventanilla monetaria. Preocuparse por la competitividad territorial es una inversión futura que beneficiará a la misma IMF y a sus clientes actuales y futuras y contribuirá además al mejoramiento de la imagen del IMF ante la población local.
Esto significa que las IMF con presencia en un territorio determinado deben salir de su aislamiento institucional y participar activamente en espacios de concertación local, cumpliendo dos objetivos: (1) fortaleciendo el tejido institucional local de servicios de desarrollo empresarial en pro de la competitividad de las empresas locales y (2) participando en la formulación e implementación de políticas locales orientadas al fomento de la competitividad territorial y, por ende, al desarrollo económico local.
Siendo el tema del desarrollo económico local la responsabilidad de todos los actores locales (gremios empresariales, gobiernos locales, centros universitarios, instituciones del Estado, etc.), las IMF podrían y deberían involucrarse más activamente en iniciativas orientadas a la competitividad del territorio. En este aspecto se pueden distinguir iniciativas puntuales, operativas y estratégicas: a) puntuales: co-financiamiento y co-organización de ferias empresariales locales u otros eventos culturales; co-financiamiento de una página web para la promoción de un municipio donde ellas tienen oficina, etc.; b) operativas: fondo de becas escolares para jóvenes talentosos(as); patrocinio del equipo local de futbol o beisbol, etc.; c) estratégicas: co-inversión en infraestructura física o de conocimientos: co-financiamiento de un vivero de empresas, mejoramiento del mercado municipal, de la biblioteca municipal, sistema de información empresarial por computadora, etc.
Desde los espacios de concertación local las IMF pueden incidir en la legislación municipal, las ordenanzas municipales, planes multianuales de inversión pública, etc., fortaleciendo así el clima de negocio del territorio.
Como se señaló anteriormente elementos como voluntad, visión y confianza mutua entre actores locales son cruciales para un proceso de desarrollo económico local, pero son a la vez elementos que no se construyen de la noche a la mañana. En muchos territorios la confianza se ha venido creando durante uno o dos generaciones y ha soportado muchas amenazas por conflictos internos o externos. Sin embargo constantemente se están construyendo nuevos tejidos sociales, económicos y empresariales. Para un posible éxito de estos procesos no existen recetas únicas. Los elementos voluntad y visión deben desarrollarse desde la educación primaria, fomentando en las niñas y los niños la creatividad a la par de la responsabilidad hacia su entorno.
Aumentar el capital social de un territorio no es fácil, pero tampoco imposible. También en Nicaragua hay muchos municipios que han visto cambios positivos en su proceso de desarrollo económico local, como por ejemplo Nagarote, Catarina, Jalapa, Matagalpa, Miraflor, San Juan del Sur y otros, donde el Servicio Alemán (DED) con instituciones como Inpyme e Inatec han apoyado estos procesos.
Las IMF cuentan en general con 2 dones: (1) visión empresarial) y (2) recursos financieros. La combinación de estos dos elementos puede hacer la diferencia a nivel local cuando haya voluntad y visión para descubrir las ventajas de un entorno local más dinámico y atractivo tanto par las IMF como para sus clientes.
Ahora, ¿cómo se podría involucrar más a las IMF en procesos de desarrollo económico local ? Algunas posibilidades: (1) brindar capacitaciones a directivos y ejecutivos de IMF a nivel nacional y local en nuevos conceptos relacionados a la competitividad territorial y la co-inversión público-privada; (2) analizar casos exitosos de desarrollo económico local y el rol de las IMF en estos casos en diferentes países latinoamericanos; (3) establecer alianzas institucionales entre Asomif e instituciones de fomento territorial como Inpyme, Onudi, CPC, Amunic, DED y SNV y otros; (4) elaborar e implementar un proyecto piloto en un municipio con una política activa de fomento económico local, por ejemplo, Catarina con su futuro Proyecto de Zona Industrial.
El autor es Asesor de Desarrollo Económico Local del Servicio Alemán (DED) en Nicaragua