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Existen dos tipos de estrés: el físico y el emocional. El más común es el físico, el cual es ocasionado por la rutina diaria y el medio exterior. Nos damos cuenta cuando nuestro cuerpo empieza a tensionarse, los músculos duelen porque se ponen rígidos, la solución para ello es muy fácil: bastará con relajarnos mediante diferentes mecanismos, puede ser un masaje relajante, meditación, una copita de vino o un momento agradable que nos libere de la rutina.
El estrés emocional no es menos común pero sí es menos tratado. Éste provoca los mismos efectos que el físico pero es más prolongado y difícil de manejar porque no conocemos el origen a lo inmediato, lo cual nos somete a un estrés constante.
Los factores que pueden provocar estrés emocional incluyen tanto situaciones positivas el nacimiento de un hijo o el matrimonio así como situaciones negativas la pérdida del empleo, muerte de un ser querido, etc. También se da por situaciones que para otras personas pueden ser insignificantes como el tráfico, la fila en un banco, el polvo en la calle, etc.
El nivel de estrés de cada persona depende de cómo reaccione ante determinados eventos porque para contrarrestar el estrés debe haber disposición de solucionar el problema, ya que si la actitud de la persona es desde el punto de vista de una víctima o que siente que no puede controlar la situación, el estrés va a persistir.
Las consecuencias del estrés son cambios del estado de ánimo, la persona se vuelve irritable, altera su carácter, se enoja con facilidad, no tiene paciencia para nada, tiene problemas para dormir, es desorganizada en sus horarios porque el estrés altera el organismo por completo y llega un momento en que puede colapsar.
Algo muy importante es identificar la razón o el motivo por el cual está reaccionando de esa manera porque el estrés es algo que los seres humanos han inventado ante la impotencia de no saber cómo reaccionar ante determinadas circunstancias.
Una vez que identificamos la razón, revisamos cómo estamos respondiendo. El segundo paso es convencerse a uno mismo de que no es responsable de todo lo que sucede a su alrededor y que no puede controlar todo porque muchas veces las personas se estresan por cosas banales, que están fuera de su alcance.