- De aquí a 2050 se triplicará el número de personas mayores de 65 años en Latinoamérica y la tasa de fecundidad se estancará drásticamente
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América Latina envejece y nada ni nadie puede detener este proceso. Así de radical es el diagnóstico de los expertos en demografía, que miran atónitos a la región por ser la única en el mundo que cambia su estructura de población a un ritmo nunca antes visto en el mundo. Y los signos están a la vista: el porcentaje de latinoamericanos de 65 años y más se triplicará de aquí a 2050. En otras palabras, el número de viejos pasará de 33 millones a 136 millones.
“Aunque América Latina aún es un continente joven, el menor número de hijos por mujer y el aumento de la esperanza de vida están cambiando drásticamente la composición de los habitantes de la región”, dice José Miguel Guzmán, jefe del área de la población y desarrollo de la Cepal, en Santiago.
De hecho, mientras la edad media de la población fue de 27 años en 2006, esa cifra llegará a 40 años en 2050. “La pirámide se está revirtiendo y ya comenzó un proceso de transición demográfica imparable”.
Al igual que lo que ya ha sucedido en otras regiones del mundo, América Latina está viviendo en pleno un cambio poblacional, fenómeno propio de todos los países que entran a etapas de desarrollo.
La novedad es que mientras en Europa Occidental el proceso de transición demográfica —que se traduce en un mayor porcentaje de ancianos versus jóvenes— demoró más de 200 años, América Latina se colmará de habitantes de edades superiores a los 65 años en menos de cien años. Ese abrupto cambio implicará una revolución para la sociedad latinoamericana, y, está claro, también para las empresas, que deberán enfocar su producción o servicios en los mayores. “Se trata de un cambio de cultura y la mayoría aún no quiere ver la realidad”, dice Guzmán.
Según los expertos, para que las naciones no envejezcan, las mujeres deben tener al menos 2 hijos, situación que en Brasil, por ejemplo, no ocurre desde el año 2000. En otros países faltan pocos años para que esto suceda: por caso, las mujeres de Argentina, Chile y México ya no tendrán más esa cantidad de hijos en promedio en 2015, mientras que en Perú y Venezuela se estancará la tasa de fecundidad en 2020.
“Los números apuntan a que la transición demográfica durará hasta 2040 y que, a partir de esa década, la región solamente envejecerá”, dice Eduardo Lora, asesor principal del Departamento de Investigación Económica del BID, en Washington. “Y aunque esto puede ser visto como una amenaza, el trance poblacional abre la llamada ventana de oportunidades; es decir, el momento preciso en que las sociedades pueden optar por aumentar su riqueza”.
En términos simples, la ventana de oportunidades en América Latina hoy existe porque hay un mayor número de habitantes en edad de trabajar y ellos son los encargados de procurar que sus hijos tengan un futuro mejor.
“Es el minuto de invertir en los niños, sobre todo en educación, pues así ellos podrán optar por un trabajo digno y darle así a sus descendientes y padres una tranquilidad financiera”, dice Lora.
Y el tema urge, ya que hoy la fuerza laboral apenas financia al 9 por ciento de los jubilados, pero en 2050 las personas en edad de trabajar tendrán que cargar en sus espaldas al 27 por ciento de los viejos. Es hora de actuar.
Si nadie hace nada, los países no tendrán otro camino por recorrer que caer directo al precipicio de la pobreza.