Así luce hoy día el estadio nacional Denis Martínez, cuando acoge juegos nocturnos como los de la recién concluida Final. (LA PRENSA/G. MIRANDA)

¡Y se hizo la luz!

El resultado: una paliza para los nicas, pero qué importaba eso [doap_box title=»¿Quiénes vinieron?» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Aquí un detalle de los astros que vinieron aquella noche. Edmundo Amorós, que alineó tercero en el line up de Emilio Cabrera y patrulló el jardín izquierdo, había realizado en 1955 aquella gran atrapada sobre el batazo de Yogi […]

  • El resultado: una paliza para los nicas, pero qué importaba eso
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Aquí un detalle de los astros que vinieron aquella noche.

Edmundo Amorós, que alineó tercero en el line up de Emilio Cabrera y patrulló el jardín izquierdo, había realizado en 1955 aquella gran atrapada sobre el batazo de Yogi Berra en la única Serie Mundial ganada por los Dodgers de Brooklyn, y seguía perteneciendo al equipo que en 1958 se trasladó a Los Ángeles. A lo largo de siete temporadas en las Mayores nunca logró llegar a la cifra de 100 hits.

Willie Miranda, un short stop de extraordinarias habilidades defensivas y bate silencioso, tenía 31 años en 1957. Había debutado con los Senadores de Washington en 1951, luego pasó a los Yanquis y aterrizó en Baltimore para jugar con los Orioles entre 1955 y 1959.

Tony Taylor, el antesalista de 21 años, quien estuvo 19 años en Grandes Ligas, debutó con los Cachorros un año después de haber venido a Nicaragua y estuvo la mayor parte del tiempo con los Filis. Fue un bateador de 2,007 imparables, incluyendo una temporada de 180.

Panchón Herrera, el primera base de 23 años, igual que Taylor, debutó al año siguiente en la Gran Carpa con los Filis metiéndose en 29 box scores, y después de no tener acción en 1959, regresó para las campañas de 1960 y 61 participando en 145 y 126 juegos.

Carlos Paula, el jardinero derecho de gran poder con el madero, llegó tarde a las Mayores con 27 años y se mantuvo con los Senadores en 1954, 55 y 56. Cuando vino con Emilio Cabrera, acababa de cerrar su corto ciclo como big leaguer.

Camilo Pascual, derecho de 23 años, pitcher de los Senadores de Washington, debutó en 1954 a la edad de 20 años. Pudo mostrar su potencial cuando los Senadores se transformaron en Gemelos de Minnesota y logró ganar 20 y 21 juegos en las campañas de 1962 y 63, obteniendo tres títulos en ponches con 221, 206 y 202 en temporadas consecutivas.

Vicente Amor, quien abrió el segundo de los cinco juegos de la serie, lanzó brevemente con los Cachorros en las temporadas de 1955 y 57.

Ángel Scull, Pedro Cardenal, Enrique Izquierdo y Amado Ibáñez no llegaron a moverse en el firmamento de las Grandes Ligas, pero fueron figuras en el beisbol cubano.

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Hoy, hace 50 años, el primer juego nocturno aquí

¡Qué noche aquella! Próxima a lo fantasioso.

Para casi 22,000 aficionados, de los cuales 20,548 compraron boletos, más importante que el atractivo juego entre el Cinco Estrellas y el poderoso equipo de peloteros cubanos estructurado por Emilio Cabrera, era ver iluminarse el estadio nacional, terminado de construir en 1948, hacía 9 años.

La fecha histórica en la que por primera vez veríamos jugar beisbol de noche, fue el 16 de febrero de 1957. Con 13 años, llevado por mi padre, ahí estaba yo en las tribunas bañado por la emoción.

El derecho Camilo Pascual, un futuro ganador de 20 juegos en Grandes Ligas, que tenía tres años de experiencia con los Senadores de Washington, estaba ejercitando sus músculos, lo mismo que el abridor del Cinco Estrellas, Alejandro “El Toro” Canales, cuando de pronto, todo fue resplandeciente y el rugido del público, estremecedor.

Homenaje a Somoza

Se sentía en cada uno de nosotros un impulso como el mostrado por Arquímedes cuando salió desnudo del baño, perseguido por el júbilo indescriptible de su gran descubrimiento. Desde las butacas todos queríamos gritar: ¡por fin!, ¡por fin!

Previamente al ¡Play Ball!, se guardó un minuto de silencio en memoria de Anastasio Somoza García, el dictador que hizo posible la construcción de ese parque, y ofreció su apoyo para la iluminación desde que se puso en marcha el beisbol profesional en marzo de 1956.

El primer bateador de los cubanos contra Canales fue Ángel Scull, en tanto Argelio Córdoba, quien disparó dos hits en cuatro turnos, enfrentó a Pascual como lead off del Cinco Estrellas.

Una vez acomodados bajo la luz de las candilejas, el juego fue tormentoso para el Cinco Estrellas dirigido por Stanley Cayasso. La tropa de Cabrera, con sus pistolas en mano, funcionó como la pandilla de los hermanos Frank y Jesse James y se lanzó al asalto, construyendo una victoria con “olor” a catástrofe 14-1.

Pascual no dio chance

Preparándose para ir al campo de adiestramiento primaveral de los Senadores, Pascual se sostuvo siete entradas permitiendo una anotación y seis hits, en tanto a “El Toro” Canales, en una entrada y un tercio, le fabricaron cinco carreras con igual número de cohetes, enfrentándose a 10 bateadores, siendo relevado por el veloz derecho cubano del Bóer, David Jiménez.

Cerraron el juego por el Cinco Estrellas, Goyito López, Edmundo Roberts y Jonathan Robinson, mientras Julio Guerra terminó de apretar las tuercas por los cubanos completando el dominio ejercido por Pascual con dos ceros.

El show de poder estuvo a cargo de Ángel Scull y Enrique Izquierdo, quienes se volaron la cerca, y el único testimonio de la agresividad pinolera fue visto en el cuarto episodio cuando Eduardo Green disparó un doblete y fue empujado por un hit de Momo Niño Obando.

DOS HITS DE ARGELIO

Ángel Scull y Carlos Paula conectaron cuatro hits cada uno, y raramente, Willie Miranda cometió un error. Argelio y Momo Niño fueron los mejores bateadores del Cinco Estrellas con dos hits en cuatro turnos.

Además de Argelio y Jiménez, jugaron con el Cinco Estrellas otros dos cubanos, Orlando O'Farril y el artillero Pedro Naranjo, quien había sido firmado como pitcher por los Indios del Bóer, antes de descubrir que era un tumbacercas.

Cuando cayó el telón las luminarias continuaron funcionando y muchos querían quedarse a dormir en el parque.

Más allá de lo frustrante de las cifras, hay imágenes que quedaron por siempre: los swings escalofriantes de Carlos Paula y Panchón Herrera; la flexibilidad y destreza de Willie Miranda; el pitcheo de Camilo Pascual; la agresividad de Ángel Scull y la firmeza de Tony Taylor.

La taquilla fue de 155 mil córdobas, más de 20 mil dólares en aquel tiempo, cuando el equivalente a esos billetes se estiraba mucho. Un buen vigorón con su refresco costaba menos de un córdoba.

Al salir del parque todos nos sentíamos purificados por la luz artificial.

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