- El resultado: una paliza para los nicas, pero qué importaba eso
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Hoy, hace 50 años, el primer juego nocturno aquí
¡Qué noche aquella! Próxima a lo fantasioso.
Para casi 22,000 aficionados, de los cuales 20,548 compraron boletos, más importante que el atractivo juego entre el Cinco Estrellas y el poderoso equipo de peloteros cubanos estructurado por Emilio Cabrera, era ver iluminarse el estadio nacional, terminado de construir en 1948, hacía 9 años.
La fecha histórica en la que por primera vez veríamos jugar beisbol de noche, fue el 16 de febrero de 1957. Con 13 años, llevado por mi padre, ahí estaba yo en las tribunas bañado por la emoción.
El derecho Camilo Pascual, un futuro ganador de 20 juegos en Grandes Ligas, que tenía tres años de experiencia con los Senadores de Washington, estaba ejercitando sus músculos, lo mismo que el abridor del Cinco Estrellas, Alejandro “El Toro” Canales, cuando de pronto, todo fue resplandeciente y el rugido del público, estremecedor.
Homenaje a Somoza
Se sentía en cada uno de nosotros un impulso como el mostrado por Arquímedes cuando salió desnudo del baño, perseguido por el júbilo indescriptible de su gran descubrimiento. Desde las butacas todos queríamos gritar: ¡por fin!, ¡por fin!
Previamente al ¡Play Ball!, se guardó un minuto de silencio en memoria de Anastasio Somoza García, el dictador que hizo posible la construcción de ese parque, y ofreció su apoyo para la iluminación desde que se puso en marcha el beisbol profesional en marzo de 1956.
El primer bateador de los cubanos contra Canales fue Ángel Scull, en tanto Argelio Córdoba, quien disparó dos hits en cuatro turnos, enfrentó a Pascual como lead off del Cinco Estrellas.
Una vez acomodados bajo la luz de las candilejas, el juego fue tormentoso para el Cinco Estrellas dirigido por Stanley Cayasso. La tropa de Cabrera, con sus pistolas en mano, funcionó como la pandilla de los hermanos Frank y Jesse James y se lanzó al asalto, construyendo una victoria con “olor” a catástrofe 14-1.
Pascual no dio chance
Preparándose para ir al campo de adiestramiento primaveral de los Senadores, Pascual se sostuvo siete entradas permitiendo una anotación y seis hits, en tanto a “El Toro” Canales, en una entrada y un tercio, le fabricaron cinco carreras con igual número de cohetes, enfrentándose a 10 bateadores, siendo relevado por el veloz derecho cubano del Bóer, David Jiménez.
Cerraron el juego por el Cinco Estrellas, Goyito López, Edmundo Roberts y Jonathan Robinson, mientras Julio Guerra terminó de apretar las tuercas por los cubanos completando el dominio ejercido por Pascual con dos ceros.
El show de poder estuvo a cargo de Ángel Scull y Enrique Izquierdo, quienes se volaron la cerca, y el único testimonio de la agresividad pinolera fue visto en el cuarto episodio cuando Eduardo Green disparó un doblete y fue empujado por un hit de Momo Niño Obando.
DOS HITS DE ARGELIO
Ángel Scull y Carlos Paula conectaron cuatro hits cada uno, y raramente, Willie Miranda cometió un error. Argelio y Momo Niño fueron los mejores bateadores del Cinco Estrellas con dos hits en cuatro turnos.
Además de Argelio y Jiménez, jugaron con el Cinco Estrellas otros dos cubanos, Orlando O'Farril y el artillero Pedro Naranjo, quien había sido firmado como pitcher por los Indios del Bóer, antes de descubrir que era un tumbacercas.
Cuando cayó el telón las luminarias continuaron funcionando y muchos querían quedarse a dormir en el parque.
Más allá de lo frustrante de las cifras, hay imágenes que quedaron por siempre: los swings escalofriantes de Carlos Paula y Panchón Herrera; la flexibilidad y destreza de Willie Miranda; el pitcheo de Camilo Pascual; la agresividad de Ángel Scull y la firmeza de Tony Taylor.
La taquilla fue de 155 mil córdobas, más de 20 mil dólares en aquel tiempo, cuando el equivalente a esos billetes se estiraba mucho. Un buen vigorón con su refresco costaba menos de un córdoba.
Al salir del parque todos nos sentíamos purificados por la luz artificial.