Doce bailarines se encargaron de transportar a los asistentes a los años treinta y cuarenta, época trascendental en la historia del tango. (LA PRENSA/ C. CORTEZ)

La irresistible

Esquina Gardel brindó unespectáculo soberbio de música, danza, pasión y sensualidad [doap_box title=»Artistas satisfechos» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Aunque no lograron el éxito del año pasado, la Esquina Carlos Gardel se sintió satisfecha con el recibimiento de los amantes del tango de Nicaragua. Así lo manifestó Ida Mantoviani, una de las bailarinas de la compañía. [/doap_box] El […]

  • Esquina Gardel brindó unespectáculo soberbio de música, danza, pasión y sensualidad
[doap_box title=»Artistas satisfechos» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Aunque no lograron el éxito del año pasado, la Esquina Carlos Gardel se sintió satisfecha con el recibimiento de los amantes del tango de Nicaragua. Así lo manifestó Ida Mantoviani, una de las bailarinas de la compañía.

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El Teatro Nacional Rubén Darío estaba a reventar. La gente fue llegando desde temprano a su cita con el tango, uno de los ritmos más apasionantes que haya creado el hombre.

Desde la ejecución de Corazón de Oro, tema de apertura, el conjunto de música y baile de Esquina Gardel se ganó el favor de la nutrida concurrencia.

Este grupo artístico no es desconocido para el público nicaragüense, por lo que su función, arduamente esperada, significó una renovación de sus credenciales de espectáculo de clase mundial.

Esquina Gardel recrea con un grado proverbial de maestría artística el soberbio ambiente del hotel-restaurante Chanta Cuatro, lugar favorito de reunión del Zorzal Criollo, Carlos Gardel y sus amigos para cenar, decantar licores y trasnochar al típico estilo porteño.

Producción artística

Para lograr transportar al público a los años treinta, la época de oro de Gardel, un tiempo y un espacio muy particular, los productores artísticos se valieron de un excelente juego de luces y de un vestuario destacado. Los hombres hicieron gala de una sobrísima elegancia, en tanto las mujeres, lucieron atuendos que destacaban sus finos cuerpos y acentuaban el aire de erotismo que caracteriza a este baile.

El espectáculo fue soberbio debido a la enorme calidad artística, tanto del cuerpo de baile, como de la orquesta y los cantantes. El tango, baile íntimo y sugerente que se apoya decididamente en la cadencia rítmica, a diferencia de la música que descansa en la melodía, es el mejor pretexto para elevar la lujuriosa pasión a la categoría de temporal monumento artístico. Y eso precisamente fue lo que prodigaron las estrellas de Esquina Gardel.

Un baile apasionado

Con proverbial habilidad los bailarines rasgaban el aire con movimientos rápidos, precisos y armoniosos, que hilaban acompasadamente un lúbrico poema de galanteo, seducción y deseo.

Los cuerpos describían giros perfectos, entrelazados con fuerza pero con finura, la mujer enrollada en el torso de su acompañante seguía con precisión de engranaje todos sus movimientos, permitiendo que sus piernas volaran raudas, destacando aún más su sensual fatalismo.

Los bailes discurrieron con una prontitud abrumadora, dando apenas respiro para observar en cada instante una nueva y fulgurante figura danzaria.

El erotismo fue creciendo en el escenario mientras las bailarinas despertaban suspiros en el público masculino y las mujeres admiraban la varonil postura y elegancia de los bailarines. Todo presagiaba el apoteósico clímax que representó la vibrante interpretación de Verano Porteño, por la primera pareja de baile.

La dama, digna de inmortalizarse en un cartel de Toulouse-lautrec, espera impaciente y carnal por su amado, para desfogar todo su arrasador ímpetu en el baile y éste la prodiga en compases que la exhiben y la muestran en su ardiente deseo.

Compás tras compás los dos tejen una fecunda red de pasión y sensualidad, de una fuerza interpretativa pocas veces vista en nuestros escenarios. Ya para entonces el espectáculo tocaba a su fin con dos excelentes ejecuciones instrumentales de Adiós Nonino y la Cumparsita, con ecos y reminiscencias de tango- jazz.

Definitivamente, fue una noche de reencuentro con el mítico Gardel, pues en el montaje se interpretaron muchos de los temas clásicos que su voz inmortalizó como Volver, Mi Buenos Aires querido, El día que me quieras, Amurado y otros más. Ahora sólo nos queda esperar, como en el chiste del borracho, que la Esquina Gardel pase de nuevo ante nosotros.

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