¿Interesa el deporte?

[email protected] El llamativo crecimiento de nuestro deporte en el discreto y casi inadvertido concierto centroamericano durante la década de los ochenta, hizo pensar que el regreso al poder de Daniel Ortega, aseguraba un urgente y necesario resurgimiento. Un par de meses antes de las elecciones, conversé con Daniel en presencia de su esposa Rosario, de […]

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El llamativo crecimiento de nuestro deporte en el discreto y casi inadvertido concierto centroamericano durante la década de los ochenta, hizo pensar que el regreso al poder de Daniel Ortega, aseguraba un urgente y necesario resurgimiento.

Un par de meses antes de las elecciones, conversé con Daniel en presencia de su esposa Rosario, de Jaime Morales y de Edwin Castro, y se mostró entusiasmado por impulsar el deporte, recordando la importancia que se le concedió en aquella época, que ha sido la más resplandeciente que yo haya visto a lo largo de mis 63 años.

Nicaragua llegó a ser escenario de más de 12 torneos internacionales cada año, convirtiéndose en cierta forma, en “el ombligo” del deporte centroamericano, y la cantidad de medallas que se lograron en los Juegos Regionales de 1986 y 1990 certificaban la atención y el progreso.

La preparación de los atletas y el aterrizaje de adiestradores competentes fue prioritario. Claro, se contó con el apoyo de los países del Este en Europa, de Cuba y de Venezuela.

Después de los Juegos de San Pedro Sula, en 1990, comenzamos a retroceder, y dolorosamente, no hemos parado de hacerlo.

Cierto que después del triunfo de Daniel, todo ha sido tan rápido y presionante para él, pero hay tiempo para todo, y el deporte que fue un arma de la revolución, merece atención de verdad.

Y el primer paso, mucho antes de la toma de posesión, era tener un conocimiento claro del nuevo paralelogramo de responsabilidades trazado a la orilla de la Ley del Deporte, y discutir el tipo de relaciones Instituto-Federaciones-Comité Olímpico.

Es el día de hoy, y el aparato gubernamental, como quedó demostrado el sábado con su desinformación, no tiene una idea clara de cómo funciona el deporte en Nicaragua, y qué modificaciones podrían aplicarse.

Daniel, desarmado, va a lo sencillo: propongan ustedes y decidan.

Es extraño, que contando con personas capaces de hacer una evaluación de la situación, elaborar un informe y hacer propuestas, se trate de proceder al bolsazo, como si nunca se hubiera transitado por ese camino.

Este Instituto del 2007 no tiene nada que ver con aquel del 1979, producto de un triunfo revolucionario, que con todo el sistema olímpico casero destrozado dominó el escenario y estableció las pautas.

Hoy, las Federaciones, funcionales o no, cuentan con presupuesto y son autónomas, y el CON.

Lo clave es evitar peligrosos conflictos, algo que en el 79 se pudo lograr casi por decreto.

El deporte debe interesar, y aunque en esta ocasión el Instituto no tenga la incidencia que llegó a conseguir en los ochenta, necesita comenzar a caminar en esta nueva etapa y el atraso del nombramiento de su Director ha provocado desconcierto.

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