Ernesto González Valdés

Los adolescentes y jóvenes con discapacidad mental pueden llegar a deprimirse ¿Retraso mental? Usualmente, cuando escuchamos estas dos palabras, inmediatamente pensamos en aquellas personas, sin distinción de edad, aunque nos da más pesar cuando vemos niños o niñas con cierto retraso mental. Algunas personas piensan que el retraso mental se diagnostica sólo teniendo en cuenta […]

Los adolescentes y jóvenes con discapacidad mental pueden llegar a deprimirse

¿Retraso mental?

Usualmente, cuando escuchamos estas dos palabras, inmediatamente pensamos en aquellas personas, sin distinción de edad, aunque nos da más pesar cuando vemos niños o niñas con cierto retraso mental. Algunas personas piensan que el retraso mental se diagnostica sólo teniendo en cuenta un coeficiente de inteligencia mucho más bajo de lo normal y que las personas retrasadas no pueden aprender a ocuparse de sí mismos.

En realidad, para ser diagnosticado como retrasado mental, la persona debe tener un coeficiente intelectual muy bajo y problemas considerables en su adaptación a la vida diaria. Sin embargo, la mayoría de los niños que presentan este tipo de discapacidad, pueden aprender muchas cosas y, al llegar a adultos, vivir de una manera casi independiente. Y lo que es más importante, pueden disfrutar de la vida igual que todo el mundo.

En el pasado, se aconsejaba a los padres que pusieran a los niños retrasados en una institución especial o diferenciada. Hoy en día, estos niños, niñas y jóvenes con este tipo de discapacidad suelen estudiar junto a estudiantes sanos mentalmente. Hay familiares que optan por mantenerlos en el hogar, siendo cuidados y atendidos por especialistas.

El retraso puede verse complicado debido a otros problemas físicos y/o emocionales. Puede ser que el niño no pueda ver, oír o hablar bien. Este tipo de problemas puede reducir el potencial del niño, por eso es muy importante que se le someta a una evaluación minuciosa para determinar cuáles son sus dificultades, así como sus puntos fuertes. Como no hay un único profesional con todos los conocimientos necesarios, deben hacerse varias pruebas de diferentes especialidades: de neurología (del sistema nervioso), de psicología, de psiquiatría, de educación especial, del oído, del habla, de la vista y de terapia física. Es función del pediatra o el psiquiatra infantil coordinar todas estas pruebas.

Estos médicos refieren al niño o niña, a los especialistas para las pruebas necesarias y las consultas, agrupan los resultados y junto a la familia y la escuela desarrollan un plan integral de tratamiento y educación.

Los desórdenes emocionales y de comportamiento son complicaciones que surgen con bastante frecuencia en los niños y niñas con discapacidad mental y pueden interferir en su progreso. La mayor parte de los niños y niñas en esta situación suelen darse cuenta ellos mismos que no están al mismo nivel que otros niños de su misma edad. Los adolescentes y jóvenes con discapacidad mental pueden llegar a deprimirse. Estas personas probablemente no tienen la destreza lingüística suficiente para expresar lo que sienten, y su depresión se manifiesta a través de nuevos problemas. ¿Y cuál debe ser el comportamiento de las personas próximas a niños, niñas, jóvenes con dichos problemas de salud? Simplemente mostrarles cariño, acercamiento, invitarlos a compartir, jugar, bromear.

A lo anterior, sumar el que sean atendidos por un(a) especialista.

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