LA CAPACIDAD DE BATEO DE Tony Gwynn fue impresionante y debe ir directo a Cooperstown. (LA PRENSA/AP)

GWYNN INDOMABLE

[doap_box title=»Sus cifras» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] A lo largo de 20 temporadas entre 1982 y el 2001, avanzando de los 22 a los 41 años de edad, Tony Gwynn conectó 3,141 imparables en 9,288 veces al bate, para sellar su carrera con un promedio de 328 puntos. Cinco temporadas con más de 200 hits, con un […]

[doap_box title=»Sus cifras» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

A lo largo de 20 temporadas entre 1982 y el 2001, avanzando de los 22 a los 41 años de edad, Tony Gwynn conectó 3,141 imparables en 9,288 veces al bate, para sellar su carrera con un promedio de 328 puntos.

Cinco temporadas con más de 200 hits, con un máximo de 220 en 1997, le dan un mayor brillo a sus ocho cetros de bateo.

En 1984 se coronó con 351 puntos; en 1987 registró 370 y continuó con títulos en 1988 y 89 mostrando promedios de 313 y 336.

Después de batear 358 puntos en 1993, insuficiente para retar el .370 de Andrés Galarraga, Gwynn regresó al trono en 1994 con su deslumbrante .394 iniciando una racha de cuatro años en la cima.

En 1995 retuvo el liderato con 368 puntos, en 1996 se esforzó hasta .353 y en 1997, con otro impacto de 372 puntos, consiguió su octava corona.

Sencillamente impresionante.

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A UN PASO DEL SALÓN DE LA FAMA

Cuando en el nivel de beisbol más exigente del planeta, el destructivo pitcheo enemigo no pude evitar que un bateador se eleve encima de los 350 puntos por siete temporadas, incluyendo cinco consecutivas, el calificativo de “indomable” está aplicado con la precisión de un swing producido por la maquinaria de un reloj suizo.

Tony Gwynn, un bateador zurdo de 5 pies 11 pulgadas, próximo a las 200 libras, que debutó en 1982 y permaneció por siempre con los Padres de San Diego, obligado a retirarse después de la campaña del 2001, víctima de una serie de problemas musculares y del natural deslizamiento hacia el declive, se encuentra a un paso de entrar al Salón de la Fama en su primer intento.

Este martes 9 de enero del 2007, Tony Gwynn, un “científico” del bateo, capaz de trabajar tantas horas extra en un laboratorio como los esposos Curie, buscando el antídoto para los diferentes trucos del pitcheo, abrirá las puertas de Cooperstown, abrazado a Cal Ripken.

Gwynn se estableció rápida y convincentemente como un bateador de asombrosa habilidad.

Él supo utilizar el estudio de los vídeos, convirtiéndose en un observador permanente de todos los movimientos, en un analista profundo y eficiente, y en un autocrítico sometido con la mayor de las exigencias a sus propias correcciones.

“Nunca creas que eres lo suficientemente bueno para no seguir batallando por mejorar. La excelencia necesita de trabajo diario”, dijo en un diálogo con Peter Gammons antes de la temporada de 1995.

Ganador de ocho cetros de bateo, igual que Honus Wagner y sólo superado por los 12 del fabuloso Ty Cobb, el formidable Gwynn se caracterizó por ser un verdugo del cerebral tirador derecho de múltiples variables Greg Maddux, quien ha obtenido cuatro Premios Cy Young.

En 1994, antes que la huelga paralizara el beisbol, Gwynn mantenía a los expertos rascándose la cabeza, pendientes de cada uno de sus turnos al bate, mientras registraba 394 puntos con seis semanas por delante. Acariciaba el artillero, como lo hicieron Rod Carew en 1977 y George Brett en 1980, la posibilidad de ser el primer cuatrocientista desde Ted Williams en 1941.

Tal opción, se hundió como un galeón en el mar con un tesoro oculto, por culpa de la “maldita” huelga que interrumpió las Series Mundiales. En ese momento de singular trascendencia, el ¿cómo dominar a Gwynn?, era la más complicada ecuación para todo el pitcheo de las Grandes Ligas.

“Puede ser el bateador zurdo con más hits conectados entre short y tercera”, apuntó una vez Jim Murrray, refiriéndose a su admirable habilidad para maniobrar sus muñecas y utilizar todo el terreno para sus batazos.

Raramente, su más grande racha hiteadora fue de 25, es decir, 31 juegos detrás de Joe Dimaggio y 19 distante de Pete Rose. Pero, recordemos que Ted Williams, Roberto Clemente y Rod Carew, tampoco consiguieron extender mucho sus raptos de inspiración.

Todo listo pues, para el aterrizaje de Tony Gwynn en la pista de Cooperstown.

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