- El Salón de la Fama lo espera con las puertas abiertas
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Gwynn el mejor desde Ted Williams
Tomado de ESPNdeportes.com
A Tony Gwynn le encantaba tanto batear, que visitaba periódicamente la fábrica Hillerich & Bradsby para elegir la madera de sus bates. Como eran su varita mágica, los bates debían sentirse bien en sus pequeñas manos. Sus bates tenían la misma longitud y peso que los de su compañero Scott Livingstone.
“Si cerrara mi ojos”, dijo Gwynn, “y pusiera mi bate en una mano y el de Scott en otra, adivinaría cuál es el mío siempre”.
Hizo la prueba. Y lo adivinó cada vez.
“Stan Musial me dijo que hacía lo mismo”, dijo Gwynn. “Los bateadores siempre saben cómo se sienten sus bates”.
ESTUDIOSO DEL BATEO
Tony Gwynn era un artesano experto. Nadie entendía el arte de batear mejor que él. Conocía su abanico, a los lanzadores rivales, al árbitro del plato, a las defensas, los elementos y los contornos de cada terreno mejor que nadie. Bateaba desde un punto de salida más que Vijay Singh. Veía más vídeo que Roger Ebert.
Cuando el jardinero Al Martin se unió a los Padres al final de su carrera, Martin explicó que luego de abrir su postura, empezó a batear al costado opuesto con poder, pero no sabía por qué. “Yo sé por qué”, le dijo Gwynn, llevando a Martin hacia la jaula de bateo. Conocía el swing de Martin mejor que el mismo Martin.
Es por eso, que el 9 de enero, Gwynn será votado para ingresar al Salón de la Fama en su primer año de elegibilidad. Es por eso que es considerado el mejor jugador en la historia de los Padres de San Diego, en donde clausuró el jardín derecho durante 20 años.
Gwynn es el mejor bateador desde Ted Williams. Su promedio de .338 es el decimoséptimo mejor de todos los tiempos; Williams y él son los únicos de esos 17 que jugaron después de 1938.
19 AÑOS SOBRE 300
Gwynn bateó para .394 en 1994, pero no tuvo la chance de alcanzar la marca de .400 debido a una huelga que terminó con la temporada en agosto. Entre 1993 y 1997, Gwynn bateó para .368 —ni siquiera Williams bateó para tanto en un período de cinco años. Gwynn ganó ocho títulos de bateo; sólo Ty Cobb ganó uno más. Gwynn bateó para .300 durante 19 temporadas consecutivas; solamente Cobb tuvo una racha superior.
Gwynn no bateó poderosamente como el gran Williams, pero nadie en su era fue mejor bateando hacia un área determinada. Cuando le preguntaron donde quería batear su imparable Nº 3000, Gwynn dijo que debería ser una rodada entre el campo corto y el tercera base, “el hoyo 5.5”, como le gustaba llamar a esa zona. En la lengüeta de su calzado, escribió 5.5 para siempre recordar como se ganaba la vida.
“Resultó”, dijo Gwynn, riendo, “que el Nº 3000 fue un simple por sobre la cabeza del segunda base”.
Gwynn podía ubicar la bola donde quería porque tenía un control increíble de su bate, que fue uno de los más pequeños usados en sus 20 años de carrera. En sus primeras 12 temporadas, utilizó un bate de 32.5 pulgadas y 31 onzas.
En las últimas ocho campañas, prefirió uno de 33 pulgadas y 30.5 onzas. Un bate tan pequeño y liviano le permitía a Glenn esperar la mayor cantidad de tiempo posible antes de comprometerse a abanicar. Al esperar tanto, raramente lo atrapaban en su pie frontal y pocas veces lo sorprendía un lanzamiento. Esa era la mayor fortaleza de Gwynn al plato: su paciencia, su habilidad para permitir que la bola viaje hasta la zona de strike antes de empezar a batear. Él le enseñó el estilo a su ex compañero, Greg Vaughn. Gwynn puso un punto de bateo al final del plato y le dijo a Vaughn que intentara batear cuando la bola estuviera tan profundamente metida en la zona de strike.
“No puedo alcanzar esa pelota”, le dijo Vaughn. “Es demasiado profunda”.
“No, no lo es”, le contestó Gwynn.
Vaughn descubrió luego que podía llegar a esa bola. Pronto, estaba bateando al costado opuesto con autoridad. En 1998, en parte gracias a Gwynn, Vaughn conectó 50 cuadrangulares para los Padres.