- Una finca en El Lagartillo se ha convertido en escuela donde extranjeros conviven con los campesinos y aprenden español
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Corresponsal/León
La convivencia con familias campesinas, compartir con ellos el ordeño de las vacas, desgranar maíz, cortar leña, han resultado excelentes mecanismos para que extranjeros aprendan español.
El Lagartillo es una pequeña comunidad campesina que se sitúa a seis kilómetros de Achuapa, León. Ahí un grupo de jóvenes ha decidido establecer una escuela campesina donde los extranjeros puedan aprender español en un ambiente natural.
Los maestros no son especialistas en español, aunque estudian para adquirir más conocimientos, sólo son jóvenes con deseos de superarse y aportar al desarrollo de su comunidad.
La idea surgió como una necesidad de empezar a hacer algo por el lugar que los vio crecer. Oscar Pérez, de 31 años, es el coordinador de la escuela. Explica que la riqueza de la escuela no sólo es por la forma en cómo se imparten las clases, sino también por la variedad de riquezas que hay en la comunidad.
TEATRO Y MÁS
Además de la escuela de español, El Lagartillo cuenta con el grupo teatral Capullo, un grupo musical denominado Los Rústicos, y hasta con un joven pintor que ha logrado vender varias de sus creaciones.
Aunque los extranjeros llegan por algunas semanas para recibir sus clases y convivir con la comunidad, actualmente vive ahí una norteamericana que ha decidido quedarse durante un año, del que ya lleva seis meses.
La dinámica de la escuela es que los extranjeros durante el tiempo que estén en la comunidad vivan en las casas de las familias, para que puedan conocer las costumbres y aprendan con ellas las actividades cotidianas.
María Thomas es la estadounidense que tiene seis meses compartiendo con los lugareños de El Lagartillo, para ella ha sido muy significativa la manera de cómo es vista dentro del lugar, señala que en otro punto del país la verían de forma rara diciendo “ahí va la chela”, pero ahí es una más de la zona.
Thomas es trabajadora social, por lo que viaja a Estelí a laborar con proyectos para jóvenes. “Yo quería pasar un año en un país donde pudiera aprender español… pero también he trabajado con un proyecto de jóvenes. Es increíble, la verdad me siento muy cómoda, en la casa es muy divertido siempre estamos riéndonos y entonces me siento bien”, expresa.
Sobre su piel se observan varios piquetes de zancudos pero dice no importarle, porque quiere ser vista como una integrante de la comunidad y no como visitante. Durante su estadía también ha aprovechado para apoyar la escuela de la comunidad impartiendo clases de inglés a niños y jóvenes.
ESTUDIANTES
En el lugar también nos encontramos a Falyn Graff, de Wisconsin, Estados Unidos. Ella es coordinadora de una escuela rural en Guatemala, y estaba de visita en la comunidad para conocer la forma en cómo se desarrollan las clases, pero también aprovechó para recibir clases porque aún no habla bien español.
Las clases pueden ser impartidas debajo de un árbol, en la escuela de la comunidad, en el patio de la casa o en otro sitio donde el estudiante se sienta cómodo. Falyn comentó que la técnica es muy positiva porque las clases se hacen como una conversación.
ORIGEN DE LA ESCUELA
El coordinador de la escuela, Oscar Pérez, manifiesta que dentro de la comunidad tienen un buen nivel académico porque la mayoría de los jóvenes han logrado culminar el bachillerato y continuar una carrera técnica. Estos muchachos decidieron aprovechar sus estudios.
“Hace tres años y medio nos encontramos muchos jóvenes que fuimos a estudiar a otros lados, muchos técnicos, no teníamos qué hacer aquí, entonces queríamos salir a buscar oportunidades”, recuerda Pérez.
Pero analizaron la situación de la comunidad, que ha recibido desde la época de la revolución a extranjeros interesados en conocer la historia del lugar que se caracteriza por un alto nivel organizativo, “entonces vivían en la comunidad, se quedaban un mes y cuando se iban hablaban español”, esto les dio la pauta de instalar una escuela rural.
COSTOS
El beneficio no es sólo para los 13 jóvenes que han decidido enrumbarse en esa experiencia, sino que las familias también son beneficiadas. Quienes hospedan a los extranjeros en sus casas reciben 20 dólares a la semana, lo que incluye los costos de alimentación.
Ahora la escuela cuenta con una pequeña oficina en Estelí, la que es atendida por Baltasara Pérez, técnica en administración y actualmente estudia los sábados en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN-León, Lengua y Literatura.
Alcides Pérez Arauz es otro de los profesores de la escuela, y estudia magisterio en Estelí.
Los estudiantes extranjeros que llegan a la comunidad han conocido del lugar por amigos que han vivido la experiencia, pero para establecer contactos pueden ingresar a la página web: www.hijosdelmaiz.net
En un futuro los maestros de la comunidad esperan contar con mejor infraestructura que permita la visita de turistas interesados en conocer el lugar, sin necesidad de vivir en las casas si así lo desean.