Polémica en Washington por resultados

Unos justifican acciones de EE.UU. y otros critican lo que consideran un injerencismo en la campaña WASHINGTON/ AFP El papel de Estados Unidos en las elecciones de Nicaragua, con varias advertencias contra una victoria del sandinista y rival de la Guerra Fría, Daniel Ortega, generó polémica en Washington entre los que acusaron al Gobierno de […]

  • Unos justifican acciones de EE.UU. y otros critican lo que consideran un injerencismo en la campaña

WASHINGTON/ AFP

El papel de Estados Unidos en las elecciones de Nicaragua, con varias advertencias contra una victoria del sandinista y rival de la Guerra Fría, Daniel Ortega, generó polémica en Washington entre los que acusaron al Gobierno de injerencia, y los que justificaron sus intervenciones.

“Pase lo que pase, Estados Unidos siempre tiene la culpa”, explicó a la AFP, Otto Reich, ex jefe de la diplomacia norteamericana para América Latina, mientras Ortega (1979-1990) encabezaba los resultados parciales con 38.59 por ciento de los votos, tras ser escrutadas 61.80 por ciento de las mesas electorales del país.

Durante la campaña electoral, el embajador estadounidense en Nicaragua, Paul Trivelli, y el secretario de Comercio, Carlos Gutiérrez, advirtieron de las consecuencias sobre las relaciones entre ambos países, de un triunfo del hombre que Washington trató de sacar del poder durante la década de los 80.

Aunque se desconozcan todavía los resultados definitivos, “quedó bastante claro que si la lógica de Estados Unidos era sembrar miedo para que los nicaragüenses no votaran a favor de Ortega por posibles consecuencias, la táctica no funcionó”, constató Michael Shifter, vicepresidente del instituto Diálogo Interamericano.

TÁCTICA FALLIDA

El analista, que criticó severamente las injerencias norteamericanas en Nicaragua, aseguró que se produjeron “diferencias” en el seno del Gobierno de Estados Unidos, que hicieron añicos la cautela que mantuvo Washington en otras elecciones recientes en América Latina, como Perú o México.

La personalidad de Ortega, rival de Estados Unidos en los últimos años de la Guerra Fría, el apoyo que recibió del Presidente venezolano, Hugo Chávez, el adversario de hoy día, y la presencia en el Gobierno de miembros que lucharon contra el sandinismo, originaron el cambio de conducta de Estados Unidos.

El analista independiente Miguel Díaz trató de justificar la posición de su país: “Por lo general, no creo que Estados Unidos deba entrometerse en las elecciones de cualquier nación, inclusive Nicaragua. Pero, en este caso, sí vimos que Venezuela se entrometió”, ofreciendo petróleo barato a los sandinistas, recordó.

¿INJERENCIA?

“Creo que hasta cierto punto, parte de la razón de la posición que la Embajada en Managua ha tomado, era para contrarrestar ese involucramiento de Chávez”, subrayó el experto, quien denunció que sólo se hablaba de “intromisión de Estados Unidos, pero nadie decía nada de las injerencias de otros países”.

En la misma línea, Reich se declaró convencido de que Washington tuvo el papel que le correspondía en la elección nicaragüense.

“Para mí, el Departamento de Estado manejó la elección de la mejor manera posible. El embajador en Managua hizo todo lo que tenía que hacer”, sostuvo, echando la culpa de la victoria eventual de Ortega a José Rizo, del Partido Liberal Constitucionalista (PLC, derecha) por haber mantenido su candidatura.

MÁS, MÁS…

El ex diplomático hasta reconoció que “había mucha gente que le pedía al embajador en Nicaragua que se involucrara aún más” en la campaña electoral nicaragüense, para evitar que el ex presidente sandinista volviera democráticamente al poder tras perder dos elecciones.

Como ejemplo de las presiones a las que fue sometido el Departamento de Estado, justo antes de los comicios, el columnista conservador Robert Novak exigió un mensaje más claro al Departamento de Estado y lamentó que no hubiera alertado “sobre el regreso de los sandinistas, en la misma línea que La Habana y Caracas”.

Al mismo tiempo, atribuyó a “otro error de política estadounidense” la victoria de Ortega.

El embajador Trivelli llegó al extremo de considerar al PLC como “paja”.

Ortega desarrolló una campaña con un lenguaje poco confrontativo, vendiendo un discurso de reconciliación nacional con sus antiguos adversarios a los que sumó a su alianza política.

Ortega es cercano al presidente Chávez, a quien se considera su principal aliado en el continente.

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