La política agrícola europea… y más cosas

En un artículo tan provocador como poco matizado, publicado en el Diario LA PRENSA por mi compatriota Daniel Rodríguez Herrera, miembro por cierto de una institución muy caracterizada por su defensa a ultranza de los principios neoliberales, acusa a la Política Agraria Europea de ser —como antiguamente se decía del infierno— “el conjunto de todos […]

En un artículo tan provocador como poco matizado, publicado en el Diario LA PRENSA por mi compatriota Daniel Rodríguez Herrera, miembro por cierto de una institución muy caracterizada por su defensa a ultranza de los principios neoliberales, acusa a la Política Agraria Europea de ser —como antiguamente se decía del infierno— “el conjunto de todos los males sin mezcla de bien alguno”.

Quien esto escribe no defiende en absoluto lo contrario (que la Política Agrícola Común —PAC— sea el cielo, o sea, “el conjunto de todos los bienes sin mezcla de mal alguno”) pero, coincidiendo en algunas cosas con el articulista citado, creo que hay que ir más al fondo de la cuestión y elaborar propuestas que tengan más en cuenta los verdaderos intereses de todos los agricultores, especialmente los pequeños del Norte y los del Sur. Aun a riesgo de simplificar proponemos una batería de once estrategias que no pretenden ser ni exhaustivas ni perfectamente sistemáticas.

Estrategia 1.- Es preciso promover reformas profundas en las políticas agrarias de la UE (y de otros países del Norte, como los Estados Unidos) que vayan en la línea de: a) renunciar por completo a las exportaciones agrarias subvencionadas; b) renunciar a un modelo básicamente exportador, de productos agrarios; c) eliminar las barreras de todo tipo (a excepción de las inevitables: sanitarias, etc.) a los productos agropecuarios brutos y elaborados del Sur, sin exigir a cambio un desarme similar en el Sur para los productos procedentes del Norte; d) reforzar el segundo pilar de la PAC —el paradigma ruralista— y todas las medidas conducentes a fortalecer una agricultura más preocupada por la calidad de los alimentos que por la cantidad, etc. Las profundas reformas en curso de la PAC, en medio de numerosas ambigüedades, contradicciones y resistencias, van en esta dirección, pero se quedan cortas; es menester ir mucho más allá.

Estrategia 2.- La denuncia de los efectos negativos que las políticas agrarias proteccionistas de los países ricos, en particular de la UE, tienen en la producción agraria y en las condiciones de vida del medio rural de los países menos desarrollados, no debe hacer creer que es en el mercado mundial de bienes alimenticios donde se juega principalmente el futuro de las agriculturas del Sur.

Los estudios y la evidencia empírica disponible demuestran que estos efectos sólo explican en un porcentaje relativamente reducido la situación de deterioro de las zonas rurales de grandes áreas de dichos países empobrecidos. Un futuro mejor para las agriculturas y el mundo rural del Sur pasa ante todo por el incremento de las capacidades de consumo locales y regionales, es decir, por la disminución de la pobreza, lo que lleva consigo otras condiciones previas de todo tipo (macroeconómicas, como el saneamiento financiero y desaparición de la deuda externa; de buen gobierno, con el reforzamiento de la institucionalidad local y el incremento del capital social; de justicia social, con la disminución de las gigantescas desigualdades internas; de lucha directa contra la pobreza, con el establecimiento de redes de seguridad social y de cobertura de las necesidades básicas mínimas, etc.

Estrategia 3.- Es preciso incentivar el estudio detallado del impacto de las políticas proteccionistas de los países del Norte, en particular de la UE, sobre la agricultura, la producción agraria, y la situación del medio rural de los países pobres. Dicho impacto no es unívoco, claro y general: por eso debe ser estudiado con detalle distinguiendo países (la protección agraria del Norte no afecta por igual a todos los países), productos (hay grandes diferencias según la especialización productiva de las distintas zonas y los productos afectados —por ejemplo granos básicos o productos de exportación—, no todos susceptibles de comercio exterior) y actores (agricultores grandes vrs. medianos-pequeños o campesinos-finqueros, agricultores vrs. empresas de transformación y comercialización, especialmente multinacionales alimentarias) en el escenario internacional del comercio agrario.

Estrategia 4.- No hay “dos” políticas agrarias y rurales, radicalmente diferentes, una para el Norte y otra para el Sur. La coherencia en los presupuestos filosóficos y éticos conducen a formular una sola propuesta, que no admita contradicciones entre los principios animadores de dicha política que se esgrimen para el Norte y los que se esgrimen para los países del Sur, y que tampoco admita contradicciones entre los principios que inspiran las distintas políticas de los países del Norte, en particular de la UE (por ejemplo, los principios de la política europea de cooperación y los de la PAC, los principios de la política de cohesión tanto en el interior de la UE, como hacia los países del Este futuros miembros, y hacia el resto de los países menos desarrollados). El modelo que se proponga para el Norte debe ser posible también en el Sur con los matices, modulaciones y ritmos que sean necesarios.

Estrategia 5.- Para promover el desarrollo de los países del Sur no basta con reforma la PAC: hacen falta más cosas… Las propuestas arriba citadas de modificación de la PAC imprescindibles para que las políticas europeas (y de otros países del Norte) no supongan un “ataque frontal” a los intereses de los países del Sur, siendo necesarias no son suficientes para que estos últimos puedan acometer con éxito la lucha por su seguridad y soberanía alimentaria y para superar los graves problemas de pobreza, atraso rural y degradación ambiental y ecológica a que se ven sometidos. Es preciso defender unas políticas agrícolas y rurales autónomas en los países del Sur que incluyan la protección selectiva y asimétrica de sus propias producciones agrarias (y no agrarias…) y la financiación de estas acciones, y las de desarrollo rural más amplias, con fondos procedentes de la cooperación internacional debidamente centralizados, organizados y controlados.

Estrategia 6.- No habrá una buena política agrícola que no sea al mismo tiempo una buena política ruralista. En otras palabras, lo que vale para el Norte vale para el Sur. Es preciso evitar el peligro de establecer una dicotomía entre las políticas necesarias en el Norte (más ruralistas, dado que los países ricos ya aseguraron hace tiempo su aprovisionamiento alimenticio) y las del Sur (más modernizadoras y productivistas, dado que la inseguridad alimentaria y la pobreza rural son los problemas más acuciantes y urgentes que hay que resolver). No hay políticas agrícolas de futuro que no sean rurales, y no hay políticas rurales que no incluyan políticas agrícolas adaptadas a las condiciones de cada país o región. En cualquier caso, por muy urgente que sea el incremento de la producción y de la productividad en los países del Sur, ello no puede hacerse al precio de la degradación ambiental, el avance de la frontera agrícola o la intensificación a base de insumos importados.

Estrategia 7.- Es necesario reivindicar una serie de derechos básicos que se encuentran debajo o detrás de las exigencias de cambios que se plantean a las vigentes políticas agrícolas y de las nuevas políticas que se proponen. Estos derechos podrían resumirse en tres grandes bloques: a) el derecho básico de los agricultores y de los habitantes del mundo rural a llevar una vida digna en su medio de origen y en su lugar de trabajo; b) el derecho de los países, o mejor de los grupos de países organizados en integraciones regionales, a que se aplique a su vez el principio de cohesión a su soberanía alimentaria (que es, como vimos, más que seguridad alimentaria), lo que implica su derecho a asegurar el autoabastecimiento alimenticio en la medida de lo posible, a la vez que se preserva la actividad y la renta en el medio rural; c) el derecho de los ciudadanos en general (enfoque de la demanda) a exigir que el medio rural satisfaga una serie de funciones, antiguas y “nuevas” para garantizar a todos un desarrollo humano sostenible, derecho que irá acompañado del deber de retribuir adecuadamente esas nuevas funciones. Nótese que estos derechos no dependen del nivel de bienestar del país o del bloque considerado, por lo que deberán garantizarse, a la vez, para los países del Norte y para los países del Sur.

Estrategia 8.- Hay que pagar en el Norte, y también en el Sur, la factura de estas políticas solidarias. Es necesario transmitir a la sociedad el mensaje de que las políticas que se reivindican no son indoloras, tienen un coste que habrá de ser asumido: a) ante todo, por parte de los agricultores y los ciudadanos de los países ricos, aplicando el principio de la progresividad, con el fin de liberar los recursos financieros necesarios para la aplicación eficiente de dichas políticas; pero también, b) por parte de las propias sociedades del Sur, que habrán de proceder a mejoras radicales tanto en la lucha contra la pobreza y en la disminución de las injustas y enormes desigualdades de renta y bienestar entre sus propios ciudadanos, cuanto en el fomento del buen gobierno como condiciones sine qua non para el establecimiento de cualquier política de desarrollo.

Estrategia 9.- Será preciso construir alianzas estratégicas estables entre las fuerzas europeas que tienen programas semejantes, abiertas a los países del Sur y a los países del Este de Europa de reciente o próxima incorporación. Hay que convencer a los actores interesados de que la defensa de los intereses de los agricultores y el medio rural no puede hacerse al precio de deteriorar aún más las condiciones de vida de los rurales de los países terceros, en particular de los menos desarrollados. Su gran debilidad es que no presentan una propuesta de PAC renovada que sea coherente y asumible al mismo tiempo en los países del Norte y en los países del Sur. Creemos que es preciso y es posible ir más allá de lo que casi todos dicen, e incluir en la agenda: a) la propuesta de políticas agrícolas y rurales propias de los países del Sur (a ser posible por bloques regionales integrados, véase el caso centroamericano), lo que implica una campaña decidida a favor del “buen gobierno”; y b) defender la creación de una Fondo para el desarrollo (tipo SWAP) bien dotado de recursos y con un componente esencial destinado a la protección de la seguridad y de la soberanía alimentaria en los países del Sur.

Estrategia 10.- Subrayar la protección de los consumidores y del medio ambiente del Norte y del Sur. La protección preventiva de los consumidores debe fijarse como cláusula de protección en las negociaciones agrícolas de la OMC. Por otra parte, la UE debe revisar rápidamente su estrategia de negociación y centrar esta última sobre una política estructural y ambiental reforzada para el espacio rural. Además, la UE debe forzar a los países ricos exportadores de alimentos a que acepten una política común tendente a priorizar el tratamiento expuesto en la estrategia siguiente con respecto a las producciones agrarias de los países del Sur. Una posición unilateral de la UE, por muy generosa que fuera en el mejor de los casos, no serviría de nada si no va acompañada de posturas similares por parte de los grandes bloques exportadores e importadores, empezando por los EE.UU.

Estrategia 11.- En esas negociaciones la UE debe defender la cláusula de asimetría en el tratamiento de las medidas proteccionistas de los países del Sur frente los del Norte. Ello implica que la debe abogar por el establecimiento de una auténtica Política Agrícola y Rural Común para los países del Sur (PARCS) en el marco de un acuerdo internacional que incluiría la creación de un Fondo para el Desarrollo dotado de medios suficientes y articulado democráticamente con representación equitativa de los países o instituciones multilaterales donantes y de los propios países beneficiarios.

Para terminar, y esto va especialmente dirigido a nuestro colega Rodríguez Herrera, ante cuestiones tan complejas es conveniente adoptar una actitud algo más modesta y pronunciarse sin tanto dogmatismo. Un poquito de “me parece” no le vendría nada mal. Como decía Santa Teresa con mucha razón:

“Siempre en cosas dificultosas, aunque me parece que digo verdad, voy con este lenguaje de que ‘me parece’, porque si me equivocare, estoy muy aparejada a creer lo que dijeren los que tienen letras muchas”.

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