Difuntos son recordados en el Shulján Aruj

Notas Relacionadas > Aunque en la religión judía no se contempla un Día de los Difuntos, como los 2 de noviembre, es costumbre recitar el Izcor (Servicio de Recordación) que son las Oraciones Conmemorativas por los difuntos, cuatro veces al año, en Iom Kipur (Día de la Expiación); el octavo día de Sucot, denominado Shemini […]

  • Notas Relacionadas >

    Aunque en la religión judía no se contempla un Día de los Difuntos, como los 2 de noviembre, es costumbre recitar el Izcor (Servicio de Recordación) que son las Oraciones Conmemorativas por los difuntos, cuatro veces al año, en Iom Kipur (Día de la Expiación); el octavo día de Sucot, denominado Shemini Atseret; el último día de Peisaj (recordación del día en que el Eterno sacó al pueblo judío de la esclavitud en Egipto), y el segundo día de Shavuot (Pentecostés).

    En el Shulján Aruj (La mesa servida, donde están todos los preceptos y las leyes prácticas), en el capítulo referente al duelo se explica cómo la religión judía concibe la vida en la Tierra tan sólo como un período preparatorio para la vida por venir en el más allá. La muerte no pone fin a la vida, sólo el cuerpo material retorna al polvo, pero el alma, que es una porción de Dios, retorna al Cielo cuando se libera ella misma del cuerpo.

    La vida, según el Shulján Aruj, es consecuentemente una cosa sagrada, y no debe ser gastada meramente en placeres corporales, sino consagrada principalmente a la ejecución de la voluntad del Todopoderoso. La muerte, dentro de esta concepción, es realmente la meta final de la vida, en la que el alma, libre de su envoltura material, se torna pura y sagrada, remontándose a su origen, en los altos cielos.

    MORTAJA Y PURIFICACION

    El Shulján Aruj se refiere al comportamiento que se debe tener en las visitas a los enfermos y en la agonía, recomendando que quienes estén presentes en el instante de la partida del alma, deben mostrarse extremadamente cuidadosos de no iniciar una conversación ociosa o frívola. El cuerpo debe ser enterrado lo antes posible, salvo que el fallecimiento ocurra en sábado.

    De inmediato al fallecimiento se inicia la lavada del cuerpo o Abraka Dishe, colocando el cuerpo desnudo en el suelo, se trae un recipiente con agua y jabón se procede a lavarlo con una toalla, casi siempre entre dos personas. Se seca el cuerpo y se pone la mortaja, consistente en un traje blanco de poplín o algodón, el pantalón parecido al de la pijama y la camisa como una cotona. La mortaja de mujer es un traje largo. Ya con la mortaja, se coloca el cuerpo en un ataúd fabricado sin clavos, sólo con espiches de madera, orificios en la parte donde queda la espalda, así está el cuerpo en contacto con la tierra, significando que viene de la tierra y vuelve a la tierra.

    En el sitio del entierro, la cara del difunto debe estar hacia el este, en dirección a Jerusalén, igual que son construidas las sinagogas. Depositado el ataúd, familiares y amigos pasan echando un palada de tierra. Una costumbre entre los judíos como señal de duelo es rasgar las vestiduras, en la tradición hay unas serie de normas, ahora es más simbólica, se hace con un cuchillo o una gillette al lado izquierdo de la vestimenta, cerca del corazón.

    LA PIEDRA O PLACA

    Antes de que transcurran once meses del entierro debe ser puesta sobre la tumba la piedra o lápida, en algunas comunidades judías se hace doce meses después de la muerte. Aunque no hay un día de los difuntos, se les recuerda o conmemora en las fechas más importantes del pueblo judío, como en el Iom Kipur (Día del Perdón) que este año fue el 1 de octubre. En el aniversario de una muerte se acostumbre a ayunar, se pone desde la víspera una vela encendida.

    En caso de los suicidas, en el Shulján Aruj se explica que no se rasgan las vestiduras, guarda luto ni pronunciar apologías en homenaje a quienes han cometido suicidio. Pero en consideración a los parientes del suicida, el cuerpo es vestido con mortaja, lavado y enterrado.

    En caso se encontrare el cuerpo estrangulado o colgado, la presunción es que fue asesinato y no suicidio. Si el suicida es menor, se considera que lo ha hecho sin libre albedrío. Si un adulto comete suicidio en estado de demencia o por temor de sufrir una tortura terrible, debe ser tratado como si hubiese fallecido por muerte natural. Hay reglas especiales referentes a los apóstatas y delatores.

    ESTRICTO DUELO

    Si nos ajustamos al Shulján Aruj, el duelo entre los judíos es muy estricto, dividido en tres etapas. El primer período se llama Shivá (siete), comprende los primeros siete días a partir del entierro. El segundo período es el Shloshim (treinta), el tercer período se extiende a los doce meses desde la muerte. No debe observarse luto con la muerte de criaturas que no han alcanzado los treinta días plenos.

    Durante el Shivá no se puede realizar ningún trabajo, ni bañarse, untarse, darse masajes, llevar calzado de cuero, mantener relaciones sexuales, estudiar la Torá, saludar, llevar ropas recién lavadas, cortarse el cabello o presentarse en cualquier fiesta. Un deudo puede lavarse las manos, el rostro y los pies únicamente con agua fría, pero no le está permitido bañarse totalmente los primeros treinta días.

    Otra costumbre judía, es la llamada “Comida de la Condolencia”, la primera comida del primer día de duelo no debe componerse de alimentos propios de quien está de duelo, es por tanto, un deber religioso que recae sobre los vecinos, proporcionar el alimento para la primera comida. La razón obedece a que una persona que ha sufrido una desgracia necesita vecinos amistosos y su consuelo.

    EL ONAN Y EL KADISH

    Según el Shulján Aruj, toda persona que pierde por muerte a uno de los parientes por los cuales debe observar luto, o sea el padre, la madre, el hijo, la hija, el hermano o la hermana, es denominado Onán, desde el momento de la muerte hasta después del entierro. El Onán no debe comer en la habitación donde yace el difunto, ni consumir alimento alguno elaborado, ni carne, ni beber vino.

    Dentro de los preceptos que debe cumplir el Onán, no puede sentarse en una silla, dormir en la cama, bañarse, untarse con aceites, participar en celebraciones alegres, saludar a los amigos, cortarse el cabello, estudiar la Torá o hacer cualquier clase de trabajo lucrativo. Hay otras regulaciones en caso el fallecimiento sea en sábado.

    Para los judíos es muy importante que el Kadish sea recitado por el hijo en homenaje a su padre o madre difuntos. El Kadish no contiene ninguna referencia especial al difunto, pero al recitar el Kadish se provoca la manifestación más importante de la congregación: Amén, iehé shemé raba meboraj lealam ulealme almaia (Amén, que Su gran nombre sea bendito por siempre y para toda eternidad). La memoria del padre queda honrada mediante esta participación pública de su hijo en el homenaje a Dios rendido por el pueblo reunido.

    En segundo lugar, el Kadish tiene un sentido mesiánico; está enderezado al establecimiento del Reino de Dios, después de la Resurrección. Indirectamente, entonces, contiene la certeza de la inmortalidad y la esperanza de que vendrá el día en que el reino de la muerte pasará y será establecida la vida eterna.

    En tercer término, el Kadish es una emotiva expresión de sumisión reverente a la Voluntad Divina. En el momento mismo en que la muerte posa su fría mano sobre el corazón del deudo, se yergue para pronunciar ante la congregación la grandeza y la santidad de Dios. “El Señor dio, y el Señor quitó: sea el nombre del Señor bendito” (Job. I, 21).

    Se acostumbra a recitar el Kadish por no más de once meses después de la muerte del padre, a fin de no hacer aparecer al difunto como un perverso, puesto que el inicuo es juzgado por la Corte Celestial durante los primeros doce meses. La religión judía enseña que, con la excepción de muy pocas, no hay alma que sufra la perdición eterna, y el período máximo durante el cual el inicuo sufre el castigo es de doce meses.

    Las tumbas de los judíos son sencillas. Aún los grandes personajes del Estado de Israel no tienen monumentos. Así en el cementerio de Jerusalén pueden verse las tumbas de Weizmann, Ben Gurion, Golda Meir o Moisés Dayan, iguales a las de los otros judíos sepultados en el mismo lugar.

    LAS SINAGOGAS

    La primera sinagoga que se recuerda en Managua estaba contiguo a la panadería la Rosa Blanca, situada en el barrio San Antonio. Luego en el mismo barrio, frente al parquecito donde estuvo el monumento al Maestro Gabriel. Después en el edificio que ocupaba la TACA en la Avenida Roosevelt.

    La familia Kellermann, don Desiderio y doña Otilia, de origen húngaro, donaron un terreno sobre la Calle Candelaria, contiguo a donde vivía la familia Wong-Valle, allí se construyó el primer edificio, diseñado para ser sinagoga, el terremoto de diciembre de 1972 lo destruyó.

    El señor Eleázar Globerman donó un terreno, donde la comunidad judía construyó una sinagoga más grande. Después de 1979 fue confiscada, cuando se realizó el proceso de devolución no se hizo a nombre de la Congregación Israelita en Nicaragua que cuenta con Personería Jurídica. La devolución fue a favor de una persona que vendió la propiedad a la Empresa de la Funeraria Monte de los Olivos. Esa persona, varios de cuyos deudos están en el Cementerio Judío, se marchó de Nicaragua.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí