El juego del miedo II

Medio perro caliente para un asesino aburrido y sin imaginación Juguemos a que les quiebro cada uno de los dedos de la mano y los pies igualito que se hace para separar las piezas de pollo, les introduzco agujas en las piernas, los hago beber ácido de batería, les saco las tripas y las pongo […]

Medio perro caliente para un asesino aburrido y sin imaginación

Juguemos a que les quiebro cada uno de los dedos de la mano y los pies igualito que se hace para separar las piezas de pollo, les introduzco agujas en las piernas, los hago beber ácido de batería, les saco las tripas y las pongo a cocinar con espagueti y salsa de tomate, les saco los ojos con cucharita plástica y les arranco la cabeza con un serrucho oxidado. Todo esto lo grabo y se lo presento a sus hijos de 7 años con 10 repeticiones de las mejores escenas sangrientas tipo los vídeos musicales de MTV.

¿Quieren más sadismo? Si creen que esto es demasiado, vayan a ver esta horrible película que nos cuenta las aventuras de un especial asesino en serie, moralista, que castiga a todas las personas mal portadas metiéndolas en un laberinto, donde deben pasar todas las más espantosas pruebas para salir con vida.

Y lo de la pequeña, es verdad. En la sala, dos responsables padres y madres llevaron a sus hijos, una bebé de meses y una niña de unos 6 ó 7 años a gozar de esta gran historia humana que seguramente le dejará una inolvidable lección a la niñita.

¡Qué lindos padres tenemos en Nicaragua! ¡Bravo! Y también un aplauso a los vendedores de boletos de Cinemark porque ellos no tienen culpa, sólo venden los boletos y pueden dejar entrar hasta marcianos y caballos en patineta y también felicitaciones al portero de la sala porque su trabajo es sólo recibir las entradas, aunque quien se las dé sea un perro y al dueño de las salas también, muchas felicidades porque él ni cuenta se da de quiénes entran y sí, no es culpa de nadie, sólo de la niña que abrió sus ojos para deleitarse de dos horas de sangre, violencia, sadismo, tortura, un circo de gritos, de sufrimiento de pura locura mental.

De la película no hay mucho qué decir, porque quienes vayan (no se dejen llevar por el truco de que ha recaudado cien millones de dólares en Estados Unidos) se darán cuenta que la trama fue hecha para que ni los distraídos se confundan y disfruten de la orgía de crueldad que se desarrolla sin ningún pudor posible, con festejo permanente y repetición de imágenes y diálogos como si supieran que los espectadores son una bola de retrasados mentales o padecen Alzheimer prematuro.

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