Una vez cuando este trabajo de periodista me dio cierto tiempo para dedicarme a mí, decidí hacer un ejercicio práctico en mi casa. Estuve revisando todos los planes, estudios y programas de desarrollo agropecuario que se han hecho en el país. Al menos los que yo tengo.
Cuando llegué a 18 dejé de contar. Ya no más, el resto lo guardé porque en el fondo todos dicen lo mismo y llegan a la misma conclusión. Tenemos muchos problemas que resolver.
El recuento incluye documentos de la década del ochenta, uno que otro de los setenta y por supuesto el Plan Nacional de Desarrollo. Todos llegan a las mismas conclusiones para cada uno de los rubros, variando, increíblemente poco, en las cifras sobre financiamiento.
El caso de la ganadería es patético, todos comienzan de la misma forma, “el hato nacional tiene … millones de cabezas”. Pero lo más chistoso es que todos estos planes de desarrollo ganadero tienen una matriz original, la famosa consultoría realizada en los años sesenta por la firma consultora argentina Latinoconsult. Es la Biblia de los consultores ganaderos.
Igual cuando se habla de otra cantidad de estudios sobre los miles de problemas de la agricultura y la ganadería, de las pequeñas y medianas empresas. Quizá haga falta hacer un estudio sobre los estudios que nos convenza de que hacen falta más estudios para conocer más sobre los miles de problemas que tiene el sector agropecuario y del enorme potencial del país para exportar bienes.
Bueno, ya. Suficiente. Sin muchos aspavientos diferentes instituciones han realizado estudios prácticos sobre cómo ir resolviendo todos los problemas que han detectado estos estudios.
El Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (Incae) tiene gran cantidad de estudios que van más allá de lo macro, es decir de restregarnos el gran atraso que tenemos. Estudios sobre comercialización, entorno de mercado, problemas que enfrentan los diferentes productos en los diferentes mercados.
De esta misma forma el Instituto Interamericano de Cooperación de la Agricultura (IICA) ha presentado estudios sobre cadenas de comercialización de productos que son muy completos y prácticos.
Diversas fuentes, tanto oficiales como independientes, estiman que en el país se gastan alrededor de 12 millones de dólares en consultorías. Consultorías que se hacen para hacer más propuestas de lo que sabemos. “Voy a ver qué de nuevo nos dicen”, me dijo un cafetalero en una ocasión cuando el Gobierno presentó un nuevo programa para el sector agrícola, “siempre nos llaman para lo mismo”, dijo.
Pero hasta el momento, y quizás algún lector amable me haga llegar algunos cuantos, no he leído una consultoría lo suficientemente transparente sobre qué pasó con los diferentes programas de desarrollo productivo.
El programa de desarrollo lechero, del Instituto de Desarrollo Rural (IDR), el Programa de Fomento a la Producción de Granos Básicos, también del IDR, los programas de electrificación en zonas rurales. Siempre dicen lo mismo, se hizo una consultoría y los resultados se dan a conocer escuetamente en un comunicado oficial. Pero el acceso al estudio, que seguramente debe tener unas 300 páginas, es mantenido en el más absoluto secreto. Y se han realizado, pero la población o al menos los especialistas no tienen acceso. No entiendo por qué.
Es tiempo de invertir los papeles, ya es tiempo que la población empiece a conocer cómo se está invirtiendo el dinero de la cooperación extranjera, cuál ha sido el impacto de cantidades de programas, algunos que todavía siguen vigentes y otros que ya desaparecieron, sin que se conozca qué pasó. Mejoró la población meta, ¿son ahora empresarios o autosostenibles?
Es decir se han invertido millones de dólares en los últimos 15 ó 20 años, pero no tenemos una consultoría que nos muestre cuáles son los resultados de todos estos estudios. En el 2000, por ejemplo, el Magfor presentó un ambicioso proyecto tecnológico, si la mente no me falla, de 116 millones de dólares a ejecutarse en 16 años. No sé por qué se me viene a la mente el actual Prorural. El proyecto fue gestionado durante la administración en ese ministerio, de Mario De Franco y firmado por su sucesor José Augusto Navarro.
Las pequeñas y medianas empresas han realizado congresos en los que se han definido acciones a seguir, se han presentado radiografías de los principales problemas y las propuestas para solucionarlas. Al final de los eventos, lo mismo, todos es optimismo, “ahora sí las Pyme tendrán la plataforma de lanzamiento, hay planes para desarrollar el sector”, y muchos más. Siempre lo mismo, bien podríamos exportar estudios sobre los problemas de cada uno de los rubros productivos del país.
Periodista de Negocios y Economía, LA PRENSA