- Calixto Vargas lo vio en una Serie del Atlántico en Bluefields y el costeño no dudó en aceptar una invitación para entrenar en el Pacífico
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DEVERN HANSACK siempre ha pensado en grande
De la única forma que alguien desconocido, llamado el “Hombre Misterioso” por la prensa de Portland, comienza la temporada en las Ligas Menores y seis meses más tarde es compañero de equipo de las súper estrellas del beisbol David Ortiz y Manny Ramírez, en el Gran Circo, es impactando por cada lugar que pasa, sin dejar dudas de su calidad, batallando todos los días por sobresalir. Es siendo Devern Hansack.
Dicen que cuando niño quería ser pitcher, pero no le daban la oportunidad porque era muy flaco. Sin embargo, no se rindió y en la Serie del Atlántico de 1999 en Bluefields, alguien por fin lo descubrió y así comenzó a darle forma a sus sueños de grandeza, a su necesidad de superación, de no ponerse barreras.
El cazatalentos Calixto Vargas, una antigua estrella del beisbol nicaragüense y que en ese momento estaba laborando como scout para los Astros de Houston, fue quien lo trajo al Pacífico para prepararlo previo a su salto al beisbol profesional.
“A Hansack lo encontré sentado en el dogout del equipo de Laguna de Perlas. No lo ponían a jugar porque era un jovencito y los equipos siempre prefieren a los veteranos, a lo viejo conocido, por su afán de ganar. Ya lo había observado de larguito y me gustó su estatura y juventud”, cuenta Calixto, quien se siente orgulloso por los éxitos del noveno big leaguer pinolero.
Calixto sabía que a Devern difícilmente le iban a dar un chance de jugar por ser un novato en el equipo, entonces le pidió que hiciera bullpen para chequearlo. “Ni siquiera lanzó en donde calientan los lanzadores. Se puso a tirar enfrente del dogout y noté que tenía soltura y buen brazo”, relata el miembro de la famosa Selección Nacional de Beisbol de 1972.
Luego de chequear que tenía material, Vargas lo invitó a venir al Pacífico, para pulirlo y luego mostrarlo a los Astros de Houston.
A diferencia de otros atletas costeños, que sopesan las condiciones que tienen allá, con la vida incierta que encontrarán en la Pacífico y por lo tanto no intentan cumplir sus metas, Hansack aceptó el reto y aún durmiendo los primeros tres meses en una litera que dejaba en el aire sus pies siguió adelante.
“Uno nunca sabe cuánto anhela superarse un atleta. Hansack tiene una determinación bárbara y eso le ha servido mucho en el deporte”, valora Calixto.
SIEMPRE CALLADO
Calixto dice que Hansack es tan callado que ni en la mesa a la hora del almuerzo se le escuchaban muchas palabras.
Una vez el costeño le confesó a Vargas que no entendía muy bien el español, entonces evitaba conversaciones y prefería hablar sólo lo necesario.
Pero sin necesidad de decir mucho, el scout siempre supo que tenía mucha inteligencia y valentía para tomar decisiones.
Hansack demostraba sus deseos de superación en los entrenamientos.
“He visto a pocos atletas entrenar de la forma que lo hace Hansack. Cuando lo tenía en mi Academia en las mañanas corría una hora a tres cuartos de su velocidad, luego hacía ejercicios de estiramientos y repeticiones, previo a 350 abdominales. En la tarde, nuevamente a correr y luego a soltar el brazo, antes de caer a otras 350 abdominales. Lo hacía con mucha voluntad y este entrenamiento le daba las energías para vencer cualquier obstáculo”, recuerda Calixto, quien además rememora que le pidió a la gente de los Astros que enviaran a su jugador a Panamá, porque scouts de otras organización podían arrebatárselo.
Ya sabemos que Hansack es un luchador incansable y ahora que ha alcanzado su meta de llegar a las Grandes Ligas, está por verse si es capaz de sostenerse.