La milpa, se llama este grupo de futbolistas de Chesterfield, Virginia. Jugar al fútbol ayuda a las mujeres a romper esquemas culturales propios y adaptarse mejor a la sociedad estadounidense. ( LA PRENSA/AP/Dean Hoffmeyer/RT)

Cuando el balón rompe tabúes

Un grupo de hispanas destruyen estereotipos con su propio equipo de futbol en Virginia, EE.UU. [doap_box title=»“Damos la cara por las demás”» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] “ Para mí, es un pasatiempo (jugar futbol)”, manifestó la trabajadora bancaria Yolanda Hernández, de 28 años, nativa de Guatemala, y graduada en la secundaria de Meadowbrook. Hernández busca un cambio […]

  • Un grupo de hispanas destruyen estereotipos con su propio equipo de futbol en Virginia, EE.UU.
[doap_box title=»“Damos la cara por las demás”» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

“ Para mí, es un pasatiempo (jugar futbol)”, manifestó la trabajadora bancaria Yolanda Hernández, de 28 años, nativa de Guatemala, y graduada en la secundaria de Meadowbrook.

Hernández busca un cambio en las mujeres hispanas aquí, especialmente en la generación más joven. Dijo que no están tan encadenadas a la desigualdad entre los géneros que prevalecía entre sus padres. “Las mujeres se han liberado un poquito más”, afirmó.

“Y cuando sus hijas sean adultas, se casen, tengan hijos y quieran jugar futbol, ellas y otras mujeres podrán hacerlo sin ningún estigma. Estamos dando la cara por otras mujeres”.

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RICHMOND, Virginia, EE.UU./AP

Claudia Escobar era de las hispanas que iban a presenciar los partidos de futbol con sus hijos a la rastra para alentar desde las tribunas a sus maridos.

“Estábamos felices de ver jugar a nuestros maridos, pero llegó un momento en que nos sentimos aburridas”, afirmó.

Hace un par de años, Escobar y un grupo de hispanas decidieron actuar. Vieron a mujeres que jugaban futbol en un terreno en el condado de Chesterfield, y se les encendió la lamparita.

“Pensamos que si ellas lo hacían, ¿por qué no hacerlo nosotras también?”, dice Escobar.

Así fue como se creó el equipo de fútbol Latinas Guapas. Luego cambió su nombre por Latinas. La mayoría de las jugadoras están casadas y tienen hijos.

Mientras los varones han creado cuatro ligas de futbol en la zona metropolitana de Richmond, Latinas es el primer equipo femenino.

“Eso es para hombres, me dijo mi padre”

“Cuando le dije a mi padre que iba a jugar futbol, su respuesta airada fue ‘eso es para hombres’”, dijo Marma Espíritu, de 50 años, y agregó que su padre es un militar retirado en Perú.

“Mucha gente se asombra de que hagamos esto estando casadas y con hijos”, agregó Escobar, de 39 años.

Muchas de las mujeres se criaron en una generación y en sociedades patriarcales en Latinoamérica donde no tenían esa opción.

“Yo tenía que escaparme o mentirle a mi madre cuando iba a practicar deportes”, dijo Escobar.

Varias mujeres han manifestado interés en jugar para Latinas, pero algunos maridos se han negado a dejar que sus esposas jueguen, dijo Escobar.

El año pasado el equipo perdió varias jugadoras por maternidad, lesiones y desacuerdos, agregó. El equipo trató de reclutar jugadoras de boca en boca, pero no logró incorporaciones.

Espíritu, una maestra de español en una Escuela Montessori de Richmond que reside en Chesterfield, dijo que su marido, Luis Gutierres, que trabaja como agente de seguros para Nationwide, comunicó a sus clientes hispanos la oportunidad de que sus esposas jugaran fútbol.

“ Se mofaron de él”, acotó.

Desesperadas por completar el plantel para la temporada del otoño, el equipo difundió un anuncio en la radio hispana y se presentaron varias interesadas. El plantel cuenta ahora con 20 jugadoras.

Equipo multinacional

“Por primera vez el equipo tiene una futbolista de México, lo que es sorprendente, comentó Escobar”, considerando el elevado número de mexicanos en la zona.

Además hay jugadoras de Guatemala, Honduras, El Salvador, Bolivia, Argentina, Paraguay, Costa Rica y Perú.

Herbert Ortiz, nativo de El Salvador, dijo que su esposa Yesenia le pidió permiso para jugar, después de escuchar el anuncio radial.

“Tú decides”, le respondió.

Ortiz solía jugar futbol en Nueva York pero dejó de hacerlo cuando se mudó a Chesterfield hace cuatro años. En un cambio de papeles, recientemente fue él quien se sentó en la tribuna para vivar a su esposa junto con su hija de 14 años, Cindy Ortiz.

En el caso de la mexicana Graciela Villeda, de 26 años, fue su marido quien la impulsó a probarse en la cancha. Ella había jugado futbol en la escuela en el estado de Hidalgo, y a alguna gente mayor no le hacía gracia, recordó.

“Yo no quería ir”, dijo sobre la oportunidad de volver a jugar. “Me sentía como fuera de lugar. Yo quería quedarme en casa y esperarlo a él (su marido) con la comida en la mesa”.

“Ahora prefiero jugar futbol en vez que estar en casa”, agregó.

Todos los domingos por la mañana y los miércoles por la tarde, las jugadoras de 18 a 50 años se entrenan en la Asociación de Futbol para Adultos, de Chesterfield, para las temporadas al aire libre y bajo techo.

Algunas mujeres estacionan sus cochecitos para niños junto a la cancha y dejan a sus infantes al cuidado de otros niños mayores o de los maridos. Se atan los botines y por un buen rato se dedican al futbol.

De vez en cuando, alguna de las jugadoras se distrae por el llanto de un bebé.

Pausa para amamantar

“Una pausa”, interrumpe una de ellas, y va a darle el pecho a su bebé.

“Ponerse en ritmo no fue fácil”, admitió la capitana Escobar. “Ninguna de las mujeres tenía experiencia previa en el futbol”, dijo, y confesó que al principio no hacía pie con los botines de tacos.

“Era como si los varones se pusieran tacos altos”, observó.

Había que correr y patear la pelota a la vez, agregó. Cada vez que nos llegaba la pelota, nos deteníamos y nos aprestábamos a disparar, pero antes de que pudiésemos hacerlo, el otro equipo ya nos había robado el balón.

En su primer partido bajo techo hace dos años, Latinas perdió nada menos que por 17-0. Sólo ganaron su último encuentro.

“Nos conformábamos con tener la pelota y jugar”, dijo Escobar.

El técnico Salvador Chamba Rivera dijo al grupo durante una práctica que ganar partidos no era el principal motivo de que estuvieran allí.

“Recuerden que jugamos para divertirnos y mantenernos en buena forma”, les dijo. “Después de todo, si ganan es un beneficio adicional”.

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