Para hacerle el clic de “apagar”, dos perros y medio
A pesar de la patética conferencia de prensa que brindaron la semana pasada Adam Sandler, Kate Beckinsale y David Hasselhoff en el Festival de Cine de San Sebastián, España, hablando sobre su película Click, he de reconocer que la producción llama la atención por lograr un humor superficial pero lo bastante suficiente para animar a un público desacostumbrado a películas cómicas de calidad.
Y digo que no está acostumbrado porque este tan exigente género se ha degenerado y convertido en producciones basuras que lo han abaratado hasta convertirlo en material de tercera y cuarta categoría.
Por eso, no me sorprende que esta pobre cinta provoque regocijo entre los espectadores pero es una lástima que los temas sean tan frívolamente abordados y que los diálogos sean tan tristes y sin ningún mensaje.
Sandler, su compañera de cartel, Kate Beckinsale —que parecía una muñeca de cera en su aparición en España—, David Hasselhoff, conocido ahora más por su problema de alcohol que por El Auto Fantástico y Los Vigilantes de la Playa, hicieron la semana pasada una intervención en el festival con respuestas burlonas y comentarios fuera de lugar ante la mirada sorprendida de la prensa que calificó sus declaraciones como “media hora de idioteces”.
Sandler es protagonista de películas como A Prueba de Balas, Un Papá Genial, El Chico Ideal y Embriagado de Amor, todas con el sello del humor pero la verdad que a mí poco me han hecho reír y no puedo recordar ninguna escena de ellas.
Click es la historia de un arquitecto llamado Michael Newman que un día compra un mando a distancia que no sólo le permite controlar su televisor o su aparato de música, sino también su vida incluyendo a su mujer Donna y su par de hijos.
Durante la conferencia que dieron en España se les preguntó: “¿Qué les gustaría cambiar en su vida si tuvieran un control remoto?”, pero ninguno de los cuatro respondió y siguieron las risas, demostraron así lo que en realidad es la película, una producción sin mayor contenido e incapaz de responder a un cuestionamiento tan simple.
Sobre sus actuaciones, igual. Parece que las dos horas fueran en automático, con un David Hasselhoff mucho más lerdo de lo acostumbrado, una Kate Beckinsale demasiado evidente y resbalosa, y un Adam Sandler con la misma cara de sueño y aburrimiento que todas sus anteriores actuaciones.