(LA PRENSA/U. MOLINA)

“Perdonar no implica olvidar”

Cuando triunfó la revolución sandinista, él era un estudiante de secundaria en Waspam y de pronto se vio envuelto en un conflicto, entre su etnia y el gobierno, que lo llevó a tomar las armas sin tener ninguna experiencia militar. Así se convirtió en el comandante “Blas” y su ilusión de ser profesional la realizó […]

  • Cuando triunfó la revolución sandinista, él era un estudiante de secundaria en Waspam y de pronto se vio envuelto en un conflicto, entre su etnia y el gobierno, que lo llevó a tomar las armas sin tener ninguna experiencia militar. Así se convirtió en el comandante “Blas” y su ilusión de ser profesional la realizó hasta 15 años después, tras el fin de la guerra. Se graduó de abogado y emprendió una batalla legal: denunciar a Daniel Ortega en los tribunales internacionales
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La Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) y la Fiscalía recibieron la denuncia de representantes miskitos, encabezados por Osorno Coleman, contra el ex presidente Daniel Ortega, hoy candidato presidencial del Frente Sandinista (FSLN).

El documento indica que en la finca Kligna Landin militares del Ejército sandinista “detuvieron a la fuerza a varias personas civiles, entre ellos Ricardo Zamora Warman, Alberto Zamora Warman, Roberto Alfred Benjamín, Emilio Willington, Alberto Willington Angus, Adistan Amadias, Askilee Richinald Francis y Milton Hodgson Wilson”.

“Los llevaron con rumbo desconocido y nunca más supieron de todos ellos”, a pesar de que sus familiares los buscaron en las cárceles de la Costa caribeña y Managua.

Eso sucedió el 25 de julio de 1982 y los militares sandinistas “también quemaron las casas y mataron todo el ganado que poseían” los miskitos en Kligna Landin.

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    TERCERA ENTREGA

    Las ideas de la revolución animaron a Osorno Coleman a entrar a la organización juvenil de Misurasata (Asociación de miskitos, sumus y ramas). El nuevo gobierno del Frente Sandinista (FSLN), que tomó el poder en julio de 1979, prometía dar apertura a las comunidades indígenas para organizarse y pedir sus derechos, porque se los iba a reconocer.

    Era tanto el entusiasmo que la Juventud de Misurasata trabajaba junto con la Juventud Sandinista y Coleman se incorporó a la alfabetización en lenguas.

    El problema empezó cuando el FSLN vio mal que los miskitos pidieran derechos legales sobre sus tierras comunales. Llegó la represión y los jóvenes fueron los primeros en huir. Luego, unas 40 comunidades situadas junto al río Coco fueron desalojadas por la fuerza.

    Hoy, el abogado Coleman y otros representantes de la población miskita mantienen una denuncia contra el ex presidente Daniel Ortega y otros funcionarios de su gobierno por violación de los derechos humanos, “genocidio y crímenes de lesa humanidad”, según el escrito presentado al Ministerio Público.

    Uno de los casos que piden investigar es el de la comunidad de Kligna, donde el Ejército sandinista habría capturado, en julio de 1982, a varios indígenas que desaparecieron.

    ¿Cómo comenzó el conflicto entre miskitos y sandinistas?

    Se había programado un encuentro en febrero de 1981 y nosotros estuvimos alistando a la juventud de Río Coco para venir a Puerto Cabezas, porque allí se iba a celebrar el encuentro de los líderes de las comunidades de la región, y que Daniel Ortega llegaba con Sergio Ramírez a firmar, pues, el acuerdo y el reconocimiento de los derechos de las comunidades; pero cuando estamos alistando la maleta, pam, la noticia de que han sido detenidos Brooklin (Rivera), Steadman (Fagoth), la Hazel Law, toda la dirigencia, pues, y al rato llegaron los de la Seguridad del Estado a Waspam, preguntando por fulano y… A algunos los apresaron, entonces yo me di cuenta que yo también estaba en la lista y me corrí. Esa noche me subí a un árbol de toronja en el patio de mi tía, en Waspam. Pasé la noche allí y el día porque catearon la casa y todo, me buscaron, porque a algunos de mis compañeros se los llevaron. Entonces en la noche yo me corrí para Kum, mi pueblo. Llegaron a Kum, pero me crucé el río y regresé.

    ¿Fue entonces que comenzaron las protestas?

    Posterior a eso, la gente comenzó a concentrarse en Waspam, toda la gente de río Coco arriba, río abajo y del llano. La gente de los litorales se concentró en Puerto Cabezas, pero con el fin de exigir la libertad de los dirigentes. Había miles y miles concentrados en Waspam. En eso llega Lumberto Campbell, William Ramírez, creo que Luis Carrión también, llegan a negociar, de que ellos podían hacer todo, menos dar libertad a los dirigentes.

    ¿De qué los acusaban?

    Según ellos que, primero, los miskitos querían separar la Costa Atlántica de Nicaragua, y el otro señalamiento que nos hicieron es que nosotros éramos manipulados por la CIA; y en ese entonces, yo en lo personal, ni la mayoría de nuestra gente, no sabía qué significaba la palabra CIA. Yo entendía la palabra CIA como esto en que estoy sentado (silla). Allí estaba Manuel Calderón, el tal comandante “Rufo”, quien era uno de los verdugos, y decía “ustedes son agentes de la CIA, del somocismo, contrarrevolucionarios”.

    ¿Qué pasó con la protesta?

    Logró la liberación de los dirigentes, pero el Ejército Popular Sandinista llegó… Por ejemplo, en Waspam, llegó con dos batallones a desalojar a la gente y allí tuvo un enfrentamiento con mujeres, jóvenes. Yo me acuerdo en ese entonces que esa tropa era dirigida por un capitán que se llamaba César Delgadillo, ese es el que estaba culateando a una mujer embarazada, un chele. Yo me sentí muy humillado, me sentí muy triste en mi corazón. Esta revolución decían que era para proteger a los pobres, a los más humildes, y ahora vienen a reprimir a nuestra gente. Entonces, quién nos va a defender, es lo primero que yo pensé.

    ¿Qué hicieron?

    No teníamos otra cosa que corrernos porque el Ejército continuaba penetrando en las comunidades y obligó a la gente a abandonar la iglesia, la manifestación era dispersada. Aún así se mantuvo.

    ¿Ya había miskitos alzados en armas?

    Sí, cruzó un grupo como de 60 jóvenes de Misurasata hacia Honduras, pero la mayoría estaba aquí en territorio nicaragüense. Después, cuando Steadman sale libre llega a Waspam y nos reúne a nosotros y dice: “mirá, esta cosa está muy peligrosa, ahorita viene lo más duro; el que quiere irse a la guerra, a defenderse, alístese”. Yo fui con Steadman, nos montamos en una lancha y fuimos río arriba, tomamos por una comunidad que se llama Sují y por allí entramos a Honduras. Íbamos como 20 personas, en su mayoría jóvenes.

    ¿Ibas convencido de tomar las armas?

    No. Iba huyendo, pero estoy pensando cómo regresar a Nicaragua y cuando llego, mis amigos que se habían adelantado, ya andaban buscando armas, pero no había ningún tipo de contacto con nadie; estaba en Puerto Lempira la gente, los muchachos, comiendo mangos, así, sin comida, sin nada. En ese entonces desertaron todos los jóvenes miskitos que se habían enrolado en el Ejército Popular Sandinista. Comenzaron a desertar con las armas. Esa arma ya era como una defensa, pero no los pudimos contactar porque el ejército de Honduras los desarmaba y los mandaba a Tegucigalpa. Entonces algunos que desertaban del Ejército se escondían en la montaña buscando cómo organizarse.

    ¿Había un plan de la CIA, de Estados Unidos, como decía el gobierno el FSLN?

    No fue así, todavía no teníamos un plan, ni idea de cómo pelear una guerra porque no éramos ni ex guardias. Yo era simplemente un civil, estudiante y trabajaba en la alcaldía. Pero continúa la persecución a las comunidades y entonces la gente comienza a huir. Miramos la presencia de más gente, primero eran jóvenes, después adultos y niños. Cuando llega Steadman buscó contactos a ver si se organizaban en grupos para entrenar; nosotros pensábamos regresar, que tal vez la cosa se iba a calmar después de un tiempo, pero no fue así. Entonces comenzamos a entrenar sin armas. Habíamos como 79 jóvenes.

    ¿Por qué querían armarse?

    Para defendernos, porque el Ejército no nos dejaba en paz y nuestra gente, nuestras comunidades, estaban en una zozobra, bajo un temor y la gente no podía dormir por la presencia del Ejército Popular Sandinista en todas las comunidades. En tiempos de Somoza había dos, tres guardias, lo más, pero después que se dio esta situación con el Frente Sandinista todas las comunidades fueron militarizadas y eso creó un clima de tensión, miedo. La única forma era buscar armas y entrar a pelear, a rescatar a nuestra gente y a nuestra tierra.

    ¿En algún momento quisieron derrocar al gobierno?

    No, en nuestra mente sólo estaba… Bueno, si nos están reprimiendo, vamos a defendernos. Entonces no había ningún instructor gringo, no hemos visto a nadie. La primera operación que montamos fue en una comunidad que se llama Andres Tara. Allí entraron como 20 elementos del Ejército, llamaron a la comunidad a una reunión y entramos nosotros, como parte de la comunidad, y ellos dejaron sus fusiles allí, en un lugar, y nosotros los agarramos, allí murieron unos muchachos nuestros y cuatro del Ejército sandinista. La misión era recuperar armas.

    Se ha hablado de una masacre en Leymus, en la víspera de la Navidad de 1981. ¿Cómo fue eso?

    Leymus era como un puerto. Llegaron una buena cantidad de miskitos procedentes de Managua, Puerto Cabezas, y allí nomás los detuvieron, en una base militar de guardafronteras, y les dijeron que no había pase y los echaron en una bodega. Eso yo no lo vi, pero me contaron. Después los ejecutaron, entre ellos había pastores, ancianos, trabajadores. No les dijeron nada de la detención, por qué, sólo que era una orden. Tenemos un sobreviviente de eso, se llama Vidal Poveda.

    ¿Qué cuenta Vidal?

    Estaba en la bodega, preso él, entonces como a las doce de la noche del día 23 (diciembre) llegaron los soldados sandinistas y llamaron por nombre a un grupo y lo llevaron allí cerca del comando. Les dieron dos picos y dos palas. El grupo era de siete personas y ellos hacían sus propios hoyos, les disparaban y se caían directo al hoyo y ellos les echaban tierra. Vidal y tres más se encargaban y a los últimos que les tocaba era a ellos. A ellos los llevaron, hay un lanchón abajo de Leymus, allí los pusieron a la orilla del río y los rafaguearon, entonces éste logró capearse. El hermano se murió allí. Vidal perdió un brazo, recibió un impacto de bala pero logró llegar al otro lado del río y al amanecer el Ejército de Honduras lo rescató. Después de eso, el Ejército (sandinista) recibió orden de desalojar a las comunidades de Río Coco.

    El gobierno dijo que había un plan contrarrevolucionario, llamado Navidad Roja…

    No había ningún plan. En ese entonces no había tropas armadas, bien equipadas, pues. Lo que había era un grupo de muchachos con rifles, hasta flechas andaban, y lo poco que habían recuperado en Raití y Andres Tara. No había ningún plan.

    ¿Y cómo fue el caso de Kligna?

    Esto ocurrió en 1982. Después fue lo de Sangnilaya, donde hay una casa vieja, sólo está la ruina, pero la sangre impregnó y está pegada todavía en las paredes. Allí metieron a diez miskitos, uno era pastor predicador, los otros eran agricultores. Los metieron en la casa y les lanzaron cinco granadas. Era gente indefensa, amarradas de las manos. Allí murieron todos y todavía está pegada la sangre. Eso ocurrió creo que en julio del 83.

    ¿Quién era el pastor?

    Se llamaba Nicolás Zamora.

    Si hubo crímenes atroces, ¿por qué cree usted que ahora Fagoth y Rivera están aliados con Daniel Ortega?

    Yo considero que Steadman y Brooklin no estaban al frente de las comunidades indígenas por principios indigenistas y por amor a su pueblo, sino por intereses muy personales. Eso están demostrando ahorita. Ellos, en vez de seguir lidereando a sus comunidades y defenderlas, ahora defienden a Daniel Ortega. Steadman públicamente dijo que él está dispuesto a testificar a favor de Daniel Ortega, en caso de algún procesamiento. Brooklin Rivera dijo que eso hay que olvidarlo. Para nosotros eran líderes falsos.

    ¿En las comunidades cómo recuerdan esa etapa?

    Como una etapa muy dura de la existencia del pueblo miskito. Nunca habían experimentado semejante barbarie. Los miskitos habían sido marginados, engañados, etcétera, pero no habían sido perseguidos, encarcelados, asesinados, obligados a abandonar su tierra, a sus ancestros. Para los miskitos es sagrado donde tienen enterrados a sus padres. Lo más sagrado para el miskito es su tierra, el cementerio, su iglesia. Y las iglesias fueron destruidas, quemadas, y algunas iglesias las convirtieron en cuarteles. Para los miskitos eso es inolvidable.

    ¿Por qué decidieron llevar esta denuncia hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)?

    Los indios miskitos son iguales ante la ley y tienen derecho de pedir justicia. Lo que hicieron los sandinistas fue un crimen contra un pueblo indefenso… Los indígenas de Guatemala acusaron a Ríos Montt y a otros generales que reprimieron a los indígenas, y por qué los indígenas de Nicaragua no pueden acusar y denunciar las atrocidades que cometieron los sandinistas. Si la ley tiene que ser pareja, no hay que ver ni raza, ni color, ni estrato social. Allí mataron gente, no gallinas ni gatos… Queremos ver sentado en el banquillo de los acusados a Daniel Ortega, como a Pinochet, como a Saddam Hussein…

    Hay quienes creen que es tiempo de perdonar. ¿No perdonaría a Ortega?

    Depende del grado del golpe, o de la herida. Sí, hay que perdonar, pero también hay que hacer justicia. Perdonar no implica olvidar. Por ejemplo, la gente, por la humildad y la falta de recursos, no ha promovido ningún tipo de juicio en contra de esta gente, pero eso no significa que hay que dar el voto a la misma persona que mandó a reprimir, para que regrese al poder. Allí estaríamos padeciendo de amnesia. Hubo muertos, desaparecidos, pérdida de bienes… Todo eso es difícil olvidarlo y perdonarlo.

    Ortega habla de reconciliación.

    La gente no cree esa reconciliación, es sólo para llegar al poder y después comenzar de nuevo… Son promesas electoreras.

    (Lea mañana: Waspam aún padece efectos del desalojo).

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