Un barbero cobarde pero lleno de simpatía fue el personaje que interpretó Yulio Ernesto Calero. (LA PRENSA/C. CORTEZ)

Un barbero cobarde pero lleno de simpatía fue el personaje que interpretó Yulio Ernesto Calero. (LA PRENSA/C. CORTEZ) La oda del pusilánime

Obra de Ernesto Soto con buena acogida Ese muchacho tiene madera como actor. Ese fue el criterio de quienes presenciaron la actuación de Yulio Ernesto Calero Rodríguez en el monólogo escrito por Ernesto Soto. La obra El Barbero nos cuenta la historia de un barbero pusilánime, que ha vivido una existencia de miedos y vacilaciones […]

  • Obra de Ernesto Soto con buena acogida

Ese muchacho tiene madera como actor. Ese fue el criterio de quienes presenciaron la actuación de Yulio Ernesto Calero Rodríguez en el monólogo escrito por Ernesto Soto.

La obra El Barbero nos cuenta la historia de un barbero pusilánime, que ha vivido una existencia de miedos y vacilaciones por temor a buscarse problemas.

Ese es el propósito explícito, pero lo implícito es el verdadero sentido de la puesta. Con personas así no se construye la vida. Siempre hay problemas que enfrentar, decisiones que tomar y debemos defender nuestros criterios.

Es la oda del pusilánime porque Soto nos ha armado un recorrido interno por los momentos trascendentales en la vida de este barbero, que nunca ha tomado una decisión por sí mismo.

Yulio Ernesto Calero lleva sobre sus jóvenes hombros la responsabilidad de interpretar este monólogo. Calero, con 22 años, vive en Pueblo Nuevo, en Jinotega, donde dirige un pequeño grupo de teatro que trata de montar obras dramáticas.

Es la primera vez que el joven actor se presenta en Managua y pese a las deficiencias actorales que hubo, Yulio pudo sortear varios escollos y establecer armonía con el público que seguía atentamente la historia.

Uno de los problemas que tuvo el actor fue que confundió en varias ocasiones los nombres de los personajes imaginarios que estaban en su salón y a los cuales narraba sus anécdotas.

En ciertos momentos su actuación fue muy externa, no se apreciaba una interiorización de su historia, para hacerla más creíble. Hubo sobreactuación en el afán de querer dar más de sí.

A veces, en el frenesí de las emociones, mascullaba ciertas palabras que no eran proyectadas con claridad.

En honor a la verdad la obra gustó y hubo escenas que cautivaron, por ejemplo, cuando baila como Michael Jackson o cuando discute con un cliente joven que vino de Costa Rica.

La caracterización del personaje como un señor maduro se resuelve con un traje ajustado que remarca una barriguita pronunciada.

Para las evocaciones, el personaje se despoja del vestuario y queda en ropa interior, cuando narra la excursión al río donde murió su mejor amigo.

La escenografía utiliza recursos esenciales que se van transformando en un carro, un sillón de barbero o el parlante de una disco.

El texto del monólogo emplea un lenguaje popular muy natural que establece nexos afectivos con el público.

Este personaje, aunque negativo por su actitud cobarde, no provoca rechazo, más bien lástima, sobre todo al final cuando por primera vez debe tomar una decisión crucial, ya que deberá escoger entre la vida de su hijo por nacer y su esposa.

Presa del pánico el barbero huye por los pasillos del teatro. Tal vez deje de ser un pusilánime y aprenda a enfrentar la vida, como lo ha hecho Ernesto Soto, quien escribió y dirigió la puesta en medio de una enfermedad renal que está minando su existencia.

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