Falleció una grande

Con el fallecimiento de Oriana Fallaci desaparece una de las más grandes figuras del periodismo mundial. Su muerte enluta y concita al ejemplo. Hizo historia y pasará a la historia como la mujer que restituyó en su dignidad a la entrevista periodística. Su libro, Entrevista con la Historia, debe ser un texto obligatorio en todas […]

Con el fallecimiento de Oriana Fallaci desaparece una de las más grandes figuras del periodismo mundial. Su muerte enluta y concita al ejemplo. Hizo historia y pasará a la historia como la mujer que restituyó en su dignidad a la entrevista periodística. Su libro, Entrevista con la Historia, debe ser un texto obligatorio en todas las escuelas de periodismo del mundo. No sólo por la forma en que entrevistó a cada uno de los personajes que tuvieron el honor de tener acceso a sus preguntas. Incisiva. Mordaz. Irreverente. Escrupulosa, únicamente se lanzaba a la aventura de entrevistar a las grandes figuras de la época, hasta haber completado concienzudamente la argamasa de la que estaba hecho cada personaje.

Sus grandezas y debilidades. Atrevida y punzante, cuando entrevistó al poderoso Henry Kissinger le botó el antifaz, le quitó la careta. Lo mostró de cuerpo entero. Lo desmitificó. Una hazaña grandiosa porque su visión del pueblo norteamericano es la de una sociedad que cree en el mito a pie juntillas. Señaló que habían sido los propios norteamericanos quienes habían mitificado al estratega militar vietnamita, al general Giap. No se trata de ninguna exageración. Una concepción parecida es la que sostiene el profesor emérito de la Universidad de Indiana Herbert Alschult, en su libro sobre el periodismo norteamericano Agentes de Poder. En el campo del periodismo mundial su figura sólo es comparable a la de Ryszard Kapuscinski. Pero la Fallaci era más que un icono del periodismo mundial. También fue una escritora exitosa. Un Hombre es una novela en que exalta la figura de Alexis Panagulis, ese griego anarquista que quiso dinamitar el Partenón. Una novela estructurada a la manera clásica, en donde Panagulis revierte los términos: convierte en prisioneros, en auténticos rehenes a sus captores que lo mantenían preso bajo tierra. Oriana Fallaci no sólo fue periodista, escritora, ensayista, también enarboló las banderas de la lucha por la libertad como una de sus principales tareas. Nos deja un legado. Un gran legado: su ejemplo y el conjunto de su obra que ahora más que nunca adquiere mayor relevancia, sobre todo para las nuevas generaciones que buscan en las turbulencias de la época una figura en la cual inspirarse y seguir sus pasos. Ahí está ella, fresca y rebosante, esperando que otros prosigan su tarea inconclusa.

La Prensa Literaria

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