Con la muerte de Glenn Ford (1916-2006), la lista de actores vivos surgidos del sistema de los grandes estudios de Hollywood se reduce a un puñado. El tránsito de Ford a mejor vida ha reavivado el interés por la cachetada que da a Rita Hayworth en Gilda (1946) pero la carrera de este actor, nacido en Quebec, Canadá (en Estados Unidos desde los 8 años de edad), abarca mucho más que ese gesto impulsivo, incómodo para la sensibilidad moderna.
Gilda (Nunca hubo una mujer como Gilda, decía la propaganda), filmada al regresar Ford de su servicio con los Infantes de Marina en la Segunda Guerra Mundial, fue la película que lo lanzó a la fama. Se trata de uno de los mejores films noirs de la historia del cine. El film noir es un subgénero de las películas policiales, caracterizado por su énfasis en los amores desgarrados y la presencia de la femme fatale, perversa y fascinante, que destruye a un antihéroe fundamentalmente bueno. Características del subgénero (inspiradas por el realismo poético francés y el expresionismo alemán) son la atmósfera decadente y la fotografía tenebrista en blanco y negro, matizada por el humo de innumerables cigarrillos.
Ford y Hayworth hicieron pareja en Carmen (1948), versión acartonada de la novela de Mérimée, Su Otro Amor (Affair in Trinidad, 1952) y The Money Trap (1966), con una Rita en plena decadencia. Ford, junto con John Garfield, Humphrey Bogart, Robert Mitchum, Alan Ladd y Fre McMurray, es recordado como uno de los antihéroes arquetípicos del film noir, campo en el que incursionó en películas como Los Sobornados (The Big Heat, 1953) y Bestias Humanas (Human Desire, 1954), según novela de Zola, filmada previamente en Francia, por Jean Renoir. En ambas tuvo por compañera a la malsana Gloria Grahame, icono femenino del cine negro.
A diferencia de otros grandes actores que se especializaban en un tipo específico de protagonista (Bogart, Cary Grant, Gary Cooper), Ford desarrolló varias personalidades paralelas. Se le recuerda más como el hombre de clase media serio, valiente, introspectivo, moralmente sólido, confiable y hogareño. En otras palabras, el marido o compañero ideal que pocas veces se materializa en la realidad. Este es el Ford de Melodía Interrumpida (1955), Semilla de Maldad (Blackboard Jungle, 1955), en la que interpretó a un maestro de secundaria que tiene que lidiar con el problema de la delincuencia juvenil; y Ramson (1956), entre otras.
Luego está el Glenn Ford de comedias ligeras como La Casa del Té de la Luna de Agosto (1956), acompañado (y opacado) por un Marlon Brando japonés, totalmente desenfrenado; Sin Talento para Matar (The Gazebo, 1960), salpicada de humor negro, y El Noviazgo del Padre de Eddie (1963), en la que hizo de padre del actual director Ron Howard.
El tercer Glenn Ford es el héroe de las películas de vaqueros, entre las que sobresalen, Jubal (1956), El Pistolero Invencible (The Fastest Gun Alive, 1956), El Tren de las 3:10 a Yuma (1957) y Cowboy (1958).
En la década de 1960, ante la muerte o el retiro de muchos actores famosos, la Metro Goldwyn Myer pretendió hacer de Glenn Ford un galán de cine para toda ocasión, a la manera de Clark Gable, asignándole papeles totalmente inadecuados para su personalidad, en películas de elevado presupuesto.
En Cimarrón (1961), de Anthony Mann (según novela de Edna Ferber), Ford se desenvuelve demasiado a gusto en las secuencias domésticas (junto a María Schell) para resultar convincente como un vaquero incontrolable y salvaje que continuamente se aleja de su familia en busca de aventuras. El papel le hubiera venido como un guante a Kirk Douglas, con su carácter violento y apasionado (similar al de Richard Dix, protagonista de la versión de 1931).
Más inadecuado estuvo Ford como el playboy franco-argentino, en la versión dirigida por Vincente Minnelli de Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis (1961), menos fiel a la novela de Blasco Ibáñez que la versión silente protagonizada por Rodolfo Valentino. El actor ideal para ese papel era Alain Delon pero Minnelli no pudo convencer a la compañía productora de que lo contratara, debido a que en aquella época Delon no era lo suficientemente conocido en Estados Unidos para garantizar el éxito económico de una superproducción multimillonaria.
La versión de Minnelli tiene más en común con Casablanca que con la obra original y, curiosamente, en ambos filmes, Paul Henreid interpreta a un héroe de la resistencia antinazi cuya esposa le es infiel con un hombre políticamente inconsciente (que, en el desenlace, decide sacrificarse por la causa). Lo mejor del filme de Minnelli son las escenas románticas de Ford con la sueca Ingrid Thulin.
Como muchos actores de su generación (Tyrone Power, Alan Ladd, Robert Mitchum, Dana Andrews), Ford impresiona hoy en día por su sobriedad interpretativa, poco admirada en su época (cuando se favorecía a los grandes histriones como Paul Muny o Charles Laughton), lo que explica el que nunca ganara ni fuera nominado para un Oscar.
Prácticamente retirado del cine, desempeñó el rol de padre de Clark Kent en la versión de Supermán de 1978, un papelito indigno de su legado cinematográfico. Su primera esposa fue la bailarina Eleanor Powell. En su edad madura se dedicó a ampliar su colección de autógrafos de personalidades célebres, algunos sumamente valiosos.