Carlos Monsiváis.

11-S: “Y América Latina se globalizó”

Galardonado con el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, el escritor mexicano analiza a fondo las consecuencias para América Latina del 11-S Una vez más, la capacidad analítica de Carlos Monsiváis le permite desenterrar lecturas de lo que han supuesto los atentados del 11 de septiembre para el continente latinoamericano. El escritor […]

  • Galardonado con el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, el escritor mexicano analiza a fondo las consecuencias para América Latina del 11-S

Una vez más, la capacidad analítica de Carlos Monsiváis le permite desenterrar lecturas de lo que han supuesto los atentados del 11 de septiembre para el continente latinoamericano. El escritor y ensayista profundiza en las manifestaciones sociales y políticas que desde entonces han dominado la escena del continente. Y a partir de ellas, afina sus ideas para decir que América Latina, desde el 11-S, se ve sorprendida y arrastrada por la globalización.

Asentado en el Distrito Federal, Monsiváis sorprende siempre por la frescura de su pensamiento y la forma en que lo expone. No es casual que se le tenga como uno de los más reconocidos e importantes intelectuales del continente, además de un cronista indispensable de la realidad mexicana y de América Latina.

El 11-s dice ha provocado que América Latina se globalice sin remedio. ¿Significa esto un antes y un después en la globalización para el continente?

Sí. Estoy hablando de una sensación o de un acontecimiento cultural de un evento, como se dice. Ese día, el 11 de septiembre, toda la gente que conozco estuvo pendiente de la televisión. Sé que fue lo más visto en la historia de la televisión mexicana y, desde luego, de la latinoamericana. Hay que pensar que la T.V. cubre el 80 por ciento de los habitantes. Se puede decir fácilmente que hubo una integración en lo internacional, como antes no lo había habido.

¿Qué es para usted esta globalización que le llegó al continente?

La conciencia de que la tecnología se va haciendo una fuerza tan poderosa que al difundir la noticia, evidenció la desaparición de muchísimas de las que se habían considerado peculiaridades nacionales, sobre todo, aquellas que afectaban la noción de aislamiento. Esto se desbarató en la medida que se comprobó que los temas y la tecnología tenían la suficiente contundencia como para que ninguna sociedad, persona, familia, pudiera estar fuera de su alcance.

¿Y han aprendido desde entonces las sociedades latinoamericanas a encontrar su sitio dentro de esa repentina globalización que llegó?

Lo que ha habido es un culto a la tecnología, en la que encuentro no sólo en México sino en todo el mundo, ribetes religiosos. Una fe en que la tecnología es un instrumento pero, además, una conciencia, una forma de cohesionar los pensamientos y las actitudes. Se dice mucho en México que Televisa es la verdadera Secretaría de Educación Pública, algo que tiene una parte de verdad: la creencia en la sociedad en que los poderes formativos en la televisión así nunca se delimiten o se vuelvan explícitos, son tajantes, demoledores y eso ha hecho que en estos cinco años, el culto por la tecnología se vuelva imprescindible porque es la manera de estar siempre unidos al mundo: ya no se podrá vivir nunca en la nación, se tendrá que vivir en una forma u otra en el mundo, aunque la nación continúe consumiendo la mayor cantidad del tiempo mental.

¿Se traduce esto en que las sociedades del continente quedan simplemente relegadas en la pasividad ante lo decidido en el centro de los poderes?

En principio sí, pero en principio también es algo que está encontrando muchas resistencias. Lo primero fue el rechazo de la invasión a Irak. México no es un país particularmente ideologizado, aunque haya una tendencia de izquierda fuerte, pero el rechazo en México de la invasión a Irak fue del orden del 82 por ciento de la población, desmesurado para lo que yo conocía. Lo mismo se dio en cada una de las sociedades latinoamericanas. La pasividad se quebrantó a partir de un principio ético, moral. La segunda instancia no se ha dado en América Latina, pero sí en los latinoamericanos, que es la defensa de los derechos laborales de los hispanos o latinos, que en estos días conoce una nueva etapa organizativa. Recuerde que el primero de mayo llevó a millones de personas a la calle, un acontecimiento inusitado. No es tanto como la hispanización de Estados Unidos, pero sí es utilizar el impulso de la globalización para decir aquí tenemos derechos laborales.

Para decirlo claramente: estas muestras de resistencia no tienen nada de casual en estos momentos.

En lo absoluto. Hay una conciencia de la globalización y hay una especie de repertorio mediático: calculan las banderas que van a llevar, las consignas, se organizan con un sistema magnífico. Se saben globalizados pero están respondiendo dentro de la globalización, siendo el tema de los derechos laborales como algo que les corresponde porque está en el orden de la justicia, y eso no había sucedido antes.

¿Entonces podría llegar a decir que en el latinoamericano ha surgido una nueva realidad?

Desde luego, pero que todavía no está delimitada. Falta mucho por concretarla, desde el punto de vista de la lucha contra la desigualdad, contra la injusticia social. Ya no es el determinismo antiguo que decía aquí nos tocó, estamos marginados. Hay una apropiación de lo internacional a través de la globalización. He visto en estos años que si bien en América Latina la movilidad social ha cesado casi por completo, hay una movilidad cultural impresionante.

Que sería uno de los aspectos más positivos a resaltar en esos momentos.

Claro. Pero es positivo en la medida que coadyuve a la lucha contra la desigualdad.

Deshilando las costuras geopolíticas en el contexto del quinto aniversario del 11-S, una realidad es que Latinoamérica ha dejado de estar bajo los ojos directos de Washington, demasiado entretenido con el tema de la guerra contra el terrorismo. ¿ El surgimiento de populismos y de modelos de izquierda en Latinoamérica responde a este contexto de descuido del “patrio trasero”?

Diría mejor que responde al deseo de las sociedades de tomar en sus manos su propio destino. Lo otro sería extremar la fábula del gato y el ratón. El gato duerme y despierta la ambición de los ratones de movilizarse. Pienso que tiene que ver directamente con la voluntad de las sociedades latinoamericanas, algo que tiene expresiones positivas y negativas. Cuando el presidente Hugo Chávez habla de la re-elección prácticamente eterna, es una manifestación muy negativa. Cuando vemos que hay en muchas partes un resurgimiento de la sociedad civil, sobre todo, a base de las organizaciones no gubernamentales, cuando vemos que hay una resistencia al afán del neoliberalismo de aplastarlo todo, entonces se puede decir que esto llamado despectivamente populismo es también la cohesión de la gente para no perecer bajo este capitalismo salvaje.

A lo largo de los últimos cinco años ha venido insistiendo constantemente en la acentuada crueldad que ya en rigor no acude a justificaciones jurídicas. ¿Qué queda por hacer como latinoamericano ante este escenario?

Aquí me parece que hay que tomar muy en serio la conciencia ética y moral, pero de una manera debativa. No es posible que se den realidades como el esclavismo laboral, por ejemplo. Sin ir más lejos: las maquiladoras en América Latina son formas de esclavismo. Me pronuncio enfáticamente, pero no veo que en este momento sea un tema en boca de alguien. La lucha contra esta forma de esclavismo no se ha producido, y es monstruoso. Hay verdaderos casos de campos de concentración de trabajadores. No es posible de admitirlo. En ese sentido, el debate que vuelva a centrar el papel de la ética en el comportamiento de las sociedades, es absolutamente primordial.

Permítame ser retórico: ¿Está consciente el latinoamericano que se le “globaliza” desde el exterior, también de acuerdo a un diseño tiránico y monopólico?

Creo que está cada vez más consciente. De lo que no está consciente es de su capacidad de respuesta. Y ese ignorar hace que se vea como inconsciencia la apreciación de lo que se está viviendo. Se sabe lo que se está viviendo, no se sabe cómo responder. Y entonces, desde fuera, parece que no se sabe lo que se está viviendo.

¿Y cómo se dice okey en inglés?

Eso para mí es un gran enigma. Se lo escuché a una muchacha que llevaba viviendo cuatro o cinco años en Estados Unidos. Fue cuando me di cuenta que el spanglish es un idioma que será victorioso, casi sin remedio.

La Prensa Literaria

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