- Un mechón del cabello de Beethoven sirve como excusa para una reconstrucción histórica y biográfica
La novela se desarrolla a finales de marzo de 1827. Ferdinand Hiller, una joven promesa de la época, cuyo mentor lo había llevado días antes en presencia del genio alemán como a éste lo llevaran en su momento frente a Mozart le cortó un generoso mechón de pelo tras su muerte.
Lo guardó en un guardapelo y convertido en reliquia, el cabello de Beethoven siguió una odisea de tumbos por el espacio y el tiempo hasta llegar a nuestros días, cuando tras hacerse con él, gente con inquietudes científicas lo pusieron en manos de especialistas para intentar desvelar, tras su análisis, el enigma de la documentada mala salud de Beethoven y, cómo no, de su sordera.
Usando como excusa las peripecias del cabello del romántico alemán, Russell Martin confecciona un libro escrito en el que se compaginan tres líneas argumentales: la reconstrucción histórica y biográfica del genial compositor y de algunos de sus coetáneos, una investigación casi detectivesca siguiendo la pista de la reliquia capilar y otra de naturaleza forense para intentar determinar la causa última del origen de las múltiples dolencias de Beethoven.
Como decía, encontraremos en este libro abundantes apuntes biográficos del compositor alemán (hagiográficos casi, por lo reverencial de su tratamiento), de su carácter huraño, de su proverbial mala salud y de su aproximación apasionada a la creación musical. También los encontraremos sobre los integrantes de la familia Hiller, de origen judío y que por un par de generaciones poseyeron el famoso guardapelo. Sabremos especialmente del mencionado Ferdinand, que también hizo carrera como compositor pero que en comparación con el genio de Beethoven, se quedó en meritorio artesano, una antítesis dignamente tratada en el texto.
Según investigaciones en las que se apoya el argumento, los análisis químicos de un cabello de Ludwig van Beethoven revelaron concentraciones anormalmente elevadas de plomo, lo que podría indicar que el compositor alemán habría muerto de saturnismo, según un investigador norteamericano.
Beethoven iba de doctor en doctor para hallar solución a sus males físicos. Sufría de problemas de digestión, de dolores abdominales crónicos, de irritabilidad y depresión, dijo el doctor William Walsh, del Health Research Institute, durante una conferencia de prensa en Naperville (Illinois, centro oeste). Beethoven murió en 1827 a los 56 años.
Análisis del cabello de Beethoven muestran que sufría de saturnismo, lo que podría explicar sus males a lo largo de su vida. Esta enfermedad habría podido tener un impacto sobre su personalidad y podría haber contribuido a su muerte, agregó el especialista.
El agua potable de la Viena de la época, donde el músico pasó sus últimos años, contenía plomo y era frecuente además beberla en tazas de ese metal. Según el doctor Walsh, es poco probable que esta intoxicación sea la causa de la sordera del compositor.
El libro está disponible en Book Center