Juan Rulfo.

Juan Rulfo: Declaración de Bienes

1.- A lo rulfiano, de modo irremediable, se le identifica con lo profundamente mexicano. No tengo una idea clara del significado de lo “profundamente mexicano’”, porque supongo que nadie puede ser superficialmente noruego o frívolamente jalisciense, pero, al margen de dudas sensatas o insensatas, los lectores suelen ver lo profundamente mexicano de Rulfo en el […]

1.- A lo rulfiano, de modo irremediable, se le identifica con lo profundamente mexicano. No tengo una idea clara del significado de lo “profundamente mexicano’”, porque supongo que nadie puede ser superficialmente noruego o frívolamente jalisciense, pero, al margen de dudas sensatas o insensatas, los lectores suelen ver lo profundamente mexicano de Rulfo en el arraigo a la tierra que es la condena, y en la “declaración de bienes” temáticos: pueblos como especies en vías de extinción, cacicazgos que transforman a la sociedad en familias diezmables, aridez y sequía que condensan la psicología de los lugareños, fatalismo que es optimismo de ultratumba. En el siglo que inaugura la Revolución Mexicana, Rulfo es el narrador esencial, no el que describe a lo mexicano sino el que va hacia el fondo de la escasez y del barroquismo del silencio. Y tan así que hoy hablamos del universo rulfiano, los personajes rulfianos, los nombres rulfianos. ¿Quién se atreverá ya a ser o a llamarse Eduviges Diada, Fulgor Sedano, Doloritas Preciado?

2.- En la obra de Rulfo, la tragedia es el punto de partida de quienes viven entre huidas y asesinatos, entre traiciones y aislamientos. Alejado del tremendismo, Rulfo no conoce la estrategia del clímax. Lo suyo es el desfile de lo anticlimático y, por así decirlo, la normalización de la tragedia. En el universo rulfiano nada es marginal porque el único centro, el cacique, se desmorona como un montón de piedras, y los personajes viven alejados del Progreso, de las ilusiones, de la fascinación del abismo. En lo rulfiano, la tragedia y la afrenta son funciones de lo cotidiano, muy especialmente en El Llano en Llamas, menos alegórico que Pedro Páramo.

3.- Pedro Páramo ha sido adaptada al teatro y tres veces al cine, y los intentos son inútiles. Pedro Páramo es inmersión en la mitología y en la simbología, es un ir y venir del más acá al más allá, es un relato de fantasmas sin espantos, es un testimonio realista desdibujado por el entrecruce de tiempos, voces, resurrecciones y castigos. No obstante su complejidad, a Pedro Páramo se le valora por lo que trasciende las dificultades del dislocamiento temporal: la fuerza del relato de los orígenes. Todos vinimos a Comala porque nos dijeron que acá vivía nuestro padre, un tal Pedro Páramo, todos somos hijos de Pedro Páramo, todos nos añadimos a la peregrinación que nos aleja del llano del que no hemos salido. Esto para los lectores mexicanos; para los del exterior, según creo, lo más significativo es la mezcla del áspero clima narrativo y la inversión argumental.

4.- En Rulfo son fundamentales las tradiciones que ponen de relieve las atmósferas de violencia feudal del siglo XIX, las tramas donde lo verdaderamente humano es la acción misma de relatar. Rulfo pertenece a la lista de autores marcados idiomáticamente por la “invención de las tradiciones’”, la transfiguración de modos de vida y estilos populares. En la lista también figuran Ramón López Velarde, Francisco González León, Alfredo Placencia, Juan José Arreola y Jaime Sabines. Ellos recuperan e iluminan zonas del habla, excavan en el costumbrismo hasta dar con lo radicalmente creativo, no admiten que la acusación de “anacronismo” sepulte a una cultura.

5.- Rulfo no patrocina a sus personajes, no los protege, no los exalta, salvo en dos casos: Susana San Juan, la dueña del espacio lírico y Pedro Páramo, la voluntad del crimen y la arrogancia de la impunidad. Rulfo aprovecha a la literatura universal y a la novela de la Revolución Mexicana, pero su actualidad y su perfección radican en la manera en que un paisaje humano resulta exacto por no ser textual y es clásico porque cada lector lo renueva con su asombro y su deleite.

III

Para Rulfo, la mayor hazaña moral de los hombres de esta provincia y este campo, es la creación de un habla llena de sugerencias, vivificadora de arcaísmos, enormemente expresiva, ordenadora de la psicología, parte incluso del mobiliario. Y el habla rulfiana es el hilo que va resumiendo, con la sabiduría de los refranes milenarios que recién se inventan, el cierre de las posibilidades agrarias, la miseria, el aislamiento geográfico, los caciques, el abandono del Centro, la ausencia de conocimientos técnicos, las supersticiones, el fanatismo, el encierro y la humillación de las mujeres. Es un habla normada por la desesperanza, porque quedarse allí, en el pueblo o en la región, no es sólo padecer la fatalidad, sino encarnarla, ser a la vez la víctima del determinismo y el destino ciego. El infierno no únicamente son los demás. (Fragmento).

La Jornada de México.

La Prensa Literaria

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí